El escenario fue Radio Mitre del Grupo Clarín. La charla, el habitual “pase” de programa entre Marcelo Longobardi y Jorge Lanata, generalmente cargado de críticas a todo lo que huela a Kirchnerismo o peronismo, pero lleno de elogios y buena onda con prácticamente cualquier personaje, opinión o acto de gobierno que involucre a Cambiemos o sus nombres sucedáneos.
Pero pocas veces se cruza un límite tan ríspido como el de llamar a “formatear Argentina desde el autoritarismo” para solucionar los problemas que ellos ven como estructurales en el país.
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Tan burdo sonó esta vez, que el propio Lanata le advirtió de lo fuerte de su propuesta a Longobardi, y le señaló que “habría que analizarlo”, pero sin llamarlo golpista.
Quizás subsumido en el ánimo golpeado por la jornada de ayer, en la que para los adictos a la oposición fue un mazazo tras otro, por la llegada de más vacunas, por el anuncio de la fabricación en Argentina de Sputnik, por las buenas perspectivas de la gira del ministro Guzmán en Europa y también por el fallo de la Justicia Federal contra el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Marcelo Longobardi se dejó llevar y avanzó con ideas históricas en él, pero que, por lo general se reprime de decir al aire, porque sabe que podrían traerle criticas y consecuencias nefastas, dejando en evidencia su espíritu poco democrático.
Pero esta vez su desánimo pudo más y no lo reprimió. Lo dijo desembozadamente. Habló de la necesidad del autoritarismo en el país y mostró su claro desprecio por las opciones que en democracia eligen las mayorías, cuando no estan alineadas a sus ideas y la de los intereses que él defiende desde los micrófonos del Grupo Clarín.
El párrafo inicial de lo que expresó en esa charla con Lanata fue cuando dijo: “Mi preocupación es que ciertos niveles estrafalarios de pobreza estructural hacen cortocircuito con una democracia plena“, dando a entender que los países pobres no pueden elegir a sus autoridades y necesitan de cierto paternalismo gubernamental para que los mantenga a raya.
“La democracia no es para cualquier país”, agregó Marcelo Longobardi sin sonrojarse.
“La democracia requiere de standares de bienestar económico de igualdad económica, de oportunidades, de estabilidad, de falta de griterío y de una serie de cuestiones que no están dadas hoy en la Argentina”, puntualizó demostrando su desprecio hacia el sistema que defiende la elección popular de representantes a pesar de cualquier circunstancia estructural de pobreza o falta de desarrollo de una nación.
Y allí espetó el párrafo mas desembozadamente golpista de su autoría cuando dijo: “Un día lamentablemente tendremos una sorpresa, porque vamos a tener que formatear la Argentina de un modo más autoritario para poder manejar semejante descalabro”.
Ya estaba dicho. Poco importó que luego Lanata intentara suavizarlo para que suene menos flagrante. La defensa al autoritarismo había sido hecha y aunque quisiera meter a Venezuela en el medio para confundir, Marcelo Longobardi ya había expresado su concepto a favor del autoritarismo y en contra de la democracia, cuando los pueblos eligen opciones que no le agradan.
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