La unidad que la UCR bonaerense había alcanzado hace apenas tres meses para evitar una nueva interna partidaria duró apenas un suspiro. La elección de autoridades de la Convención Provincial del último sábado volvió a enfrentar al oficialismo partidario con el sector de Miguel Fernández, Alejandra Lordén y Pablo Juliano, que se retiró del acto y cuestionó la legitimidad de una conducción que, según denunciaron, dejó afuera a su espacio de los lugares de decisión.
La disputa quedó expuesta durante la Convención Provincial, que finalmente quedó bajo la presidencia de Pablo Nicoletti, dirigente platense de Futuro Radical. El espacio, vinculado a Evolución y referenciado a nivel nacional en Martín Lousteau y el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, mantiene una alianza táctica con el abadismo de Adelante, que recuperó el Comité Provincia a través de Emiliano Balbín.
El nuevo episodio volvió a poner en evidencia que el acuerdo alcanzado en junio había logrado ordenar el reparto de cargos, pero no resolver las diferencias políticas de fondo. El sector de Fernández, que había aceptado integrarse a aquella lista de unidad y obtuvo la vicepresidencia primera del Comité, ahora quedó enfrentado con la conducción por el reparto de los lugares en la Junta Electoral partidaria.
La pelea por la Junta Electoral
El reclamo fue planteado por Martín Borrazás durante la propia Convención, cuando anunció que los convencionales de su espacio no iban a convalidar el llamado. El argumento central fue que el sector había quedado afuera de los espacios donde se toman las decisiones.
“Así, la reconstrucción no es viable”, advirtió Borrazás, en una definición que puso fin al acuerdo político alcanzado apenas tres meses atrás y dio nacimiento al flamante espacio “Construir”.
El punto de conflicto estuvo en la integración de la Junta Electoral partidaria. Desde el espacio de Fernández reclamaban que la minoría tuviera un representante, mientras que el esquema finalmente aprobado contempló dos lugares para el abadismo y dos para Futuro Radical, sin representación del sector que había quedado tercero en la negociación.

La conducción radical respondió que la decisión fue respaldada por una amplia mayoría de los convencionales. Más de 250 de los 289 representantes participaron de la votación y avanzaron con la nueva estructura, mientras que los dirigentes de Construir decidieron retirarse.
El episodio dejó así una fotografía difícil de conciliar con la unidad proclamada en junio: el radicalismo volvió a tener autoridades elegidas sin competencia interna, pero una parte de la dirigencia ya cuestiona el funcionamiento de esa nueva conducción.
El nuevo mapa de intendentes y la pelea por 2027
La disputa también se proyecta sobre el territorio. La nómina de intendentes díscolos contra la actual conducción reúne a 12 de los 27 intendentes radicales bonaerenses, entre ellos Maximiliano Suescun, de Rauch y presidente del Foro de Intendentes Radicales; Franco Flexas, de General Viamonte, quien ya se anotó en la carrera por la Gobernación; Juan Carlos Chalde, de Coronel Dorrego; Lisandro Hourcade, de Magdalena; José Luis Salomón, de Saladillo; Román Bouvier, de Rojas; Nahuel Mittelbach, de Florentino Ameghino; Salvador Serenal, de Lincoln; Martín Randazzo, de General La Madrid; Francisco Recoulat, de Trenque Lauquen; y Esteban Santoro, de General Madariaga.
Otro grupo importante de jefes comunales se mantiene alineado con la conducción partidaria que responde mayoritariamente Maximiliano Abad y algunos alcaldes de Evolución, mientras que un puñado intenta preservar una posición más independiente.
Ese mapa será determinante para la discusión que viene, especialmente cuando la UCR deba definir su estrategia electoral y su política de alianzas rumbo a 2027
La discusión no es solamente por cargos partidarios. Dentro del radicalismo conviven sectores que ven con buenos ojos un entendimiento con La Libertad Avanza y el PRO, otros que defienden una tercera vía y dirigentes que mantienen canales de diálogo con sectores del kicillofismo. La ruptura de la tregua vuelve a poner esas diferencias sobre la mesa.
“En lugar de construir, buscan destruir”
La respuesta del oficialismo llegó rápidamente. Diego Garciarena, titular del bloque UCR + Cambio Federal en la Cámara de Diputados bonaerense y uno de los dirigentes más cercanos a Maximiliano Abad, lanzó un duro mensaje contra el sector de Fernández.
“Cada uno elige la Convención que quiere”, planteó Garciarena, antes de cuestionar que los dirigentes que abandonaron la sesión no se quedaran a debatir. En su crítica vinculó la salida con la derrota electoral del radicalismo en 2025 y con el hecho de que, por primera vez desde 1983, la UCR bonaerense no tuvo una lista nacional propia.
“En lugar de CONSTRUIR, cuando no ganan buscan destruir”, sostuvo, para luego acusarlos de retirarse cuando deben fiscalizar, debatir o trabajar por la unidad del partido. “Más de 250 convencionales, sobre 289, tomaron decisiones. Cada vez que no ganan, se van”, remató.
El mensaje tuvo además una lectura política adicional. Garciarena acompañó sus críticas con una fotografía de Miguel Fernández junto al ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, durante un encuentro realizado días atrás en Trenque Lauquen. “Ahora entiendo. Katopodis convocó a CONSTRUIR”, ironizó el dirigente radical, en una referencia directa a los vínculos que el sector de Fernández mantiene con dirigentes del peronismo bonaerense.
Desde el espacio de Fernández respondieron recordando el paso de Garciarena por el denominado “radicalismo K” en General Pueyrredón entre 2007 y 2011, devolviendo la discusión al terreno de las alianzas y los posicionamientos políticos.
Miguel Fernández: “La UCR no tiene dueños”
Fernández y los dirigentes que integran Construir buscaron darle a la ruptura un contenido político más amplio. En un documento difundido tras la Convención, cuestionaron directamente la legitimidad de las nuevas autoridades y plantearon que el radicalismo debe reconstruirse desde las bases y no a partir de acuerdos entre las cúpulas.
“Hace tan solo tres meses apostamos a una integración para ordenar el partido y buscar recorrer un camino de fortalecimiento y unidad. Hoy los encargados de conducirlo rompieron esa apertura y unidad para volver a apostar a un partido chico y cada vez más alejado de la posibilidad de representar una opción de cara a la gente”, plantearon.
El sector apuntó directamente contra el entendimiento entre Abad y Evolución y sostuvo que a ambos espacios “no les simpatiza la posibilidad de que asomen nuevas voces en el radicalismo de la Provincia”.
La definición política fue todavía más clara al marcar distancia de cualquier esquema de conducción cerrado: “La UCR no tiene dueños. No pertenece a una mesa de dirigentes ni puede reducirse a acuerdos entre unos pocos. La Unión Cívica Radical pertenece a sus afiliados”.
Construir sostuvo además que no participa de una Convención que, según su interpretación, no apuesta a que el radicalismo tenga un proyecto propio. El espacio promete continuar con una construcción “desde abajo hacia arriba”, apoyada en militantes, intendentes, legisladores, concejales y consejeros escolares.
La pelea deja así un escenario paradójico: el radicalismo bonaerense logró hace apenas tres meses evitar una interna para mostrar una imagen de unidad, pero el primer test de funcionamiento de esa nueva conducción volvió a poner a las distintas tribus frente a frente.
La diferencia esta vez no fue por quién preside el partido, sino por quién tiene capacidad real de decisión y, detrás de esa discusión, por qué radicalismo se prepara para disputar el 2027.

