A un día de la histórica movilización federal que desbordó las calles de Buenos Aires, el operador gubernamental Alejandro Fantino, mimetizado con el discurso oficialista más agresivo, lanzó una diatriba cargada de violencia verbal y soberbia.
Con un tono de “dueño del Estado“, el conductor intentó deslegitimar el reclamo por la Ley de Financiamiento Educativo acusando a la comunidad universitaria de defender intereses sectoriales. Sin ningún tipo de filtro, disparó: “Ustedes son un grupo que están marchando por sus putos privilegios”.
La falacia del interior profundo
En su afán por mostrarse como un conocedor del “país real”, Fantino recurrió a una arrogancia geográfica para sostener que la universidad pública no llega a los sectores más postergados. “Si ustedes quieren decirme que la universidad es para todos, primero hagamos un país grande”, sentenció, para luego preguntar cínicamente por la accesibilidad para pibes chaqueños de “Pampa del Infierno” o jóvenes de “Totoras“.
Con una vulgaridad extrema, el periodista operador se puso en el lugar de quien otorga los fondos: “No papá, no desfinanciamos. No, vos la gastás en lo que se te canta la chota. La guita la ponemos nosotros y (encima) somos los malos”.
Sin embargo, la respuesta desde el canal Gelatina expuso la ignorancia absoluta del conductor sobre el sistema que pretende destruir. Frente a su relato de exclusión, Diego Vílchez, Secretario General de APUVIM, le recordó que la realidad territorial es exactamente la opuesta a su diatriba: “Cerca de Pampa del Infierno está la Universidad de Chaco Austral, cerca de Totoras está la Universidad de Rafaela”.
De esta manera, quedó demostrado que la universidad dejó de ser un privilegio y pasó a ser una oportunidad real en todo el mapa argentino, especialmente en regiones históricamente relegadas por el centralismo porteño.
Datos contra la soberbia oficialista
El intento de Fantino por instalar que el sistema universitario es una caja para pocos chocó contra estadísticas que no admiten réplica.
Mientras el comunicador gritaba que el Estado “pone la guita” frente a supuestos malversadores, los datos de la Universidad de Villa María revelaron que el “85% de los egresados son primera generación” de profesionales en sus familias.
Esta movilidad social ascendente es justamente lo que el periodista intentó invisibilizar con insultos y simplificaciones. La respuesta categórica fue que estos números, “que no son relato, marcan por qué ayer las marchas fueron multitudinarias”.
Fantino, en su rol de operador mediático, prefirió la descalificación y el desprecio hacia el interior que dice representar, quedando expuesto como un vocero de la desinformación que ignora que más del 50% de los alumnos en universidades regionales provienen de sus propias zonas de influencia.
La soberbia mediática del conductor no pudo contra la contundencia de los datos reales ni contra una comunidad educativa que volvió a llenar las calles para defender uno de los principales mecanismos de igualdad social de la Argentina.

