Mientras el PRO intenta reconstruirse como una alternativa propia de cara a 2027 y dejar de ser un mero socio menor de Javier Milei, una de sus principales apuestas empieza a quedar envuelta en una crisis de alto voltaje. Ignacio “Nacho” Torres, gobernador de Chubut y uno de los nombres que el macrismo imagina como recambio generacional del espacio amarillo, enfrenta por estas horas un conflicto social que amenaza con escalar hacia un verdadero “Chubutazo”.
El detonante fue el reclamo docente por salarios que denuncian como “de pobreza”. Con un básico que ronda los 304 mil pesos, los trabajadores de la educación chubutense aseguran percibir uno de los ingresos más bajos del país, muy lejos de los números que exhiben distritos como la provincia de Buenos Aires, CABA o Santa Fe. El conflicto se profundizó luego de una oferta salarial del 1,2% por parte del Gobierno provincial, considerada insuficiente por los autoconvocados.
Lo que comenzó como una protesta de un pequeño grupo de docentes rápidamente se transformó en un frente multisectorial. Trabajadores de salud, vialidad, producción y otras áreas estatales comenzaron a plegarse a las medidas de fuerza, mientras crece la posibilidad de nuevas adhesiones en distintos puntos de la provincia. El reclamo ya excede la discusión salarial y empieza a configurarse como una crisis política de alcance provincial para la gestión de Torres.
La situación alcanzó un punto crítico tras la represión policial registrada frente al Ministerio de Educación en Rawson. Según denunciaron los manifestantes, hubo utilización de gas pimienta, golpes y docentes hospitalizados durante una movilización que buscaba exigir respuestas oficiales.
En paralelo, durante la noche previa al Día del Trabajador se desarrolló una vigilia con olla popular y actividades artísticas frente a la sede educativa provincial. Allí empezó a tomar forma una consigna que ya circula entre distintos sectores estatales: la convocatoria a un “Chubutazo”, prevista para el próximo 6 de mayo, coincidiendo con nuevas negociaciones paritarias en el marco de la conciliación obligatoria.
El PRO y otro frente incómodo
El conflicto aparece en un momento particularmente sensible para el PRO. En medio de las tensiones crecientes con La Libertad Avanza y del intento de Mauricio Macri por devolverle identidad propia al partido, Torres venía siendo mostrado como uno de los dirigentes con mayor proyección nacional dentro de un espacio golpeado por las fugas hacia el mileísmo.
Joven, con perfil mediático y una narrativa de renovación, el mandatario chubutense asomaba como una de las “esperanzas blancas” del macrismo para construir una candidatura competitiva en 2027. Sobre todo en un escenario donde el PRO busca dejar atrás el rol de acompañante subordinado del oficialismo libertario y recuperar centralidad propia dentro de la oposición de derecha.
Sin embargo, la crisis chubutense amenaza con alterar esa construcción política. La combinación de salarios estatales extremadamente bajos, protestas crecientes y denuncias de represión golpea directamente sobre la imagen de gestión que el PRO intenta mostrar como diferencial frente al Gobierno nacional y frente al peronismo.
Puertas adentro del espacio amarillo admiten que la situación genera preocupación. No solo por el desgaste local de Torres, sino porque el conflicto expone una contradicción incómoda para un partido que intenta volver a posicionarse como garante de gobernabilidad y gestión eficiente. Más aún en una Patagonia donde el costo de vida suele ubicarse por encima de la media nacional y donde el malestar social históricamente encontró capacidad de movilización.
Por ahora, el gobernador apuesta a contener el conflicto dentro del marco paritario y evitar una escalada mayor. Pero la convocatoria al “Chubutazo” ya funciona como una advertencia política de peso. Y mientras el PRO intenta rearmarse para disputar poder propio en el futuro, una de sus principales cartas empieza a quedar atrapada en una crisis que amenaza con nacionalizarse.

