Hace 13 años, el testigo clave en la causa que había llevado a la justicia al genocida Miguel Etchecolatz, desapareció en la capital provincia antes de ir a declarar y dejó en la historia de la democracia argentina, una marca imborrable.
Jorge Julio López se transformó así, en un sobreviviente de la dictadura militar que volvió a desaparecer treinta años después, en pleno contexto democrático.
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Hoy, la causa se encuentra literalmente parada y hay muy pocas pistas que podrían llevar a conocer por qué desapareció López y quiénes son los responsables de su desaparición forzosa. Por eso, esta tarde en La Plata y otros puntos del país, organizaciones políticas y de Derechos Humanos marcharon para seguir pidiendo que se investigue y exigir justicia.
Pero, ¿En qué estado está realmente la causa y qué explica la justicia al respecto?
En un comunicado que emitió hoy la Unidad Fiscal de La Plata, menciona “dos líneas” de investigación. Ambas, no han arrojado mayores novedades a lo largo de 13 largos y angustiosos años.
En resumen, la búsqueda se centra en el cotejo de sus huellas dactilares – o “eventualmente, con el cotejo de material genético de sus descendientes directos”, explican- y a través de “cuerpos NN aparecidos en diferentes lugares del país desde 2006 a la fecha y la obtención de evidencia en el análisis de millones de registros telefónicos obtenidos durante los primeros años de investigación”.
Pero, su familia y organismos recuerdan que la posibilidad de poner hallar al testigo clave en la causa Etchecolatz se diluyó para siempre ante la inoperancia y la inacción de las primeras horas de su búsqueda, el 18 de septiembre de 2006, así como los dos años en el cual la justicia decidió cambiar su carátula a “desaparición forzada” y por ende, correr a la policía bonaerense de su investigación.
Desde 2009 la causa está en manos de la Unidad Fiscal creada por resolución PGN 46/02 para intervenir en los procesos por violaciones a los derechos humanos durante la época del terrorismo de Estado -y conexos- en esa jurisdicción. Desde agosto de 2018, su coordinador es el fiscal general ante los tribunales orales federales de La Plata, Hernán I. Schapiro.
“Las dos vías aquí indicadas sobre las que se lleva a cabo la investigación no son las únicas. Existen otras, que, para no perjudicar el avance de medidas dispuestas, no pueden revelarse públicamente. Esta representación del Ministerio Público Fiscal entiende que –en virtud del derecho a la información y al impacto público de este caso- es importante que la comunidad conozca que la causa se encuentra en pleno trámite y cuáles son las principales vías que mantienen ocupada a esta Fiscalía en la búsqueda de López”, explicaron desde la justicia.
LOS CUERPOS QUE NO HABLAN
Por parte de la búsqueda a través de cuerpos NN aparecidos desde la fecha de su desaparición, la Unidad Fiscal cuenta con la colaboración y asistencia del Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas (SIFEBU), que depende de la Secretaría de Cooperación con los Poderes Constitucionales del Ministerio de Seguridad de la Nación; con el Equipo Argentino de Antropología Forense; y con la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas de la Procuración General de la Nación.
“Para el trabajo relativo a la identificación de cuerpos NN se han solicitado informes a todas las morgues del país. Y se ha desplegado en particular una búsqueda en registros públicos de la provincia de Buenos Aires. Así, se han requerido las fichas dactiloscópicas relevadas por la Policía de la provincia de Buenos Aires en hechos que involucraron a personas no identificadas, como también las actuaciones en las que han intervenido la Dirección de Registro de Personas Desaparecidas del Ministerio de Seguridad bonaerense y la Secretaría de Derechos Humanos”, agregaron.
“Él personalmente, les digo a todos los que están presentes, dirigió la matanza esa”, fueron las últimas palabras de Julio López en una de las audiencias por crímenes de lesa humanidad, hablando específicamente del rol de Etchecolatz en la desaparición y asesinatos de cientos de personas durante la última dictadura militar.
Años después, el genocida ya condenado a perpetua en varias instancias, provocó en un tribunal con un papel que sostenía en sus manos y que decía: Jorge Julio López.
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