El “libertario” José Luis Espert construyó su perfil público con la frase que lo hizo famoso: “cárcel o bala” para los delincuentes. Sin embargo, hoy esa sentencia parece regresar como un búmeran para golpearlo en la cara. El diputado, cada vez más incómodo, tal como contó Infocielo, se negó en reiteradas ocasiones a responder si cobró o no US$200.000 de Fred Machado, empresario acusado de lavar dinero del narcotráfico. El silencio, en política, suele equivaler a una confesión.
“No voy a responder, no le voy a dar el gusto a Grabois, le voy a responder en la Justicia”, dijo en A24 durante una entrevista con Santiago Fioriti que lo arrinconó en vivo. Ya antes había mostrado la misma incomodidad frente a Pablo Rossi, un periodista habitualmente complaciente con el oficialismo libertario. La evasiva, más que blindarlo, terminó de instalar la sospecha.
La incomodidad libertaria
Machado, detenido en Neuquén y hoy bajo prisión domiciliaria en Viedma, no es un personaje menor.
Estados Unidos lo acusa de lavar dinero de narcotraficantes, y su nombre aparece en una planilla con una transferencia a Espert durante la campaña de 2019. “Un papel trucho de una contabilidad paralela”, dijo el economista, intentando desactivar el tema. Pero cuando volvió a ser consultado sobre si recibió el dinero, eligió el silencio como respuesta, pateando la pelota afuera, señalando a Grabois como instigador de esa acusación y apelando a su eterno latiguillo de culpar a “el kirchnerismo”.
La situación expone a La Libertad Avanza a un dilema explosivo. Las boletas con Espert ya están impresas para el 26 de octubre y, al ser boleta única, no pueden reimprimirse. Si lo sostienen, arriesgan una derrota histórica en la provincia de Buenos Aires. Si lo bajan, el daño colateral puede ser aún mayor. El gobierno se mueve entre ocultar, apañar o directamente incendiarlo para hacer control de daños.
Confesiones en “cadena nacional”
En medio de su defensa, Espert dejó frases que lo hunden más. Admitió que viajó en avión privado de Machado para presentar un libro en 2019, y que se trasladó en una Grand Cherokee blindada que pertenecía al empresario. “Me subía a dónde me decía el partido. En ese momento yo vivía en una nube de pedos, recién entraba en política”, dijo, intentando minimizar su responsabilidad y siendo negado por el representante del partido que le daba sustento por esos años.
Reconoció además que conoció a Machado en 2019 gracias a la gestión de un abogado, y que aceptó sus favores porque “si la editorial no tenía cómo presentar mi libro, él me llevaba en su avión a Viedma”. En política, aceptar favores nunca es gratis. Y mucho menos de alguien investigado por narcotráfico.
La contradicción es brutal: quien predicaba “cárcel o bala” ahora se encuentra cercado por vínculos que lo transforman en lo que los propios militantes libertarios llaman en voz baja un “cadáver político”.
Una bomba en la interna libertaria
El cierre del círculo llegó con las reacciones dentro del oficialismo. Javier Milei lo respaldó con poco sustento: “Son chimentos de peluquería”.
Patricia Bullrich, en cambio, exigió explicaciones inmediatas. Luego Espert intentó suavizar el golpe: “Hablé con Patricia y me dijo que fue una mezcla de una desafortunada declaración de ella que al mismo tiempo fue malinterpretada”.
Pero la incomodidad se hizo sentir en el Congreso, cuando la bancada de Unión por la Patria pidió su renuncia a la presidencia de la Comisión de Presupuesto por los vínculos con el narco.
Sumado al caos del dólar, las reservas vaciadas, el escándalo Spagnuolo que toca de lleno a Karina Milei y al todavía no concretado apoyo de Estados Unidos, el caso Espert empuja al gobierno a un pantano donde cada movimiento puede hundirlo más.
En definitiva, el hombre del “cárcel o bala” parece haber cavado su propia fosa. La duda que queda es si será el primero de varios cadáveres políticos que arrastren a La Libertad Avanza al abismo.

