En la noche del lunes Javier Milei por televisión desplegó un sismo de soberbia y autoelogios. Llevando a un terreno casi teatral a la política argentina, en donde la comedia y la tragedia suelen entrelazarse, el presidente demostró, otra vez, ser un maestro del drama; tanto del que le genera al pueblo, como del que se autogestiona con sus ofensas a diestra y siniestra, especialmente a siniestra.
Tras su regreso de España, donde su actuación provocó más revuelo que una telenovela turca en prime time, Milei se sentó con Jonatan Viale para una entrevista que fue menos un diálogo y más un monólogo de autoelogio, con centros “a la olla”.
Con la sutileza de un elefante en una tienda de porcelana, Milei proclamó ser el “máximo exponente de la libertad a nivel mundial“, una afirmación digna de los momentos de logorrea de Hugo Gatti o Mohamed Alí.
Javier Milei en su momento más megalómano
Según él, la política argentina es un juego de liliputienses (los enanos de la saga Gulliver), es decir que los ubica en una ‘liga menor‘ que no puede competir con el ‘terremoto’ con el que parangona su propia presencia.
“De lo berreta que son, de lo poco que son, del poco alcance que tienen“, dijo Milei, describiendo a sus colegas políticos con la delicadeza de un crítico gastronómico en un buffet libre de cinco mil pesos el cubierto.
Donde él va, asegura, genera un terremoto, aunque algunos podrían argumentar que es más bien un temblor autoinducido por su ingobernable incontinencia verbal.
EL “SER VIL” DE JONATAN VIALE
El hijo de Mauro, en un intento de poner el espejo de la madrastra de Blancanieves frente al presidente, sugirió que tal vez había un poco de envidia de los demás en el aire. “Un poco, ponele, ponele“, respondió Milei, con la gracia de un bailarín de flamenco en patines.
“Les encantaría estar donde estoy yo“, añadió, ignorando que no todos aspiran a ser el epicentro de los quilombos.
“La gira ha demostrado nuevamente que soy el máximo exponente de la libertad a nivel mundial, le guste a quien le guste. Y la verdad es que la agenda de los políticos argentinos es la agenda de los liliputienses, digo, es otra liga, Y eso los irrita porque muestra la insignificancia de los políticos argentos“.
JAVIER MILEI: EL ‘GUAPITO’ DEL MUNDO HISPANO
El cruce con Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, fue (y seguirá siendo) un capítulo más en la saga de Milei, un presidente que parece disfrutar del conflicto tanto como de la verborrea que practica.
La disputa, que escaló hasta la posibilidad de que España lleve el caso a la Unión Europea, deja a muchos en el viejo continente preguntándose si la diplomacia argentina tomó un giro hacia las prácticas de un reality show.
“YO, JAVO”, EL EMPERADOR DE LA LIBERTAD
Mientras Milei se jacta de su influencia global, la realidad es que la política, como la naturaleza, aborrece el vacío. Y en el vacío de la humildad, Milei encontró su nicho, llenándolo con declaraciones grandilocuentes que resuenan con la fuerza de un trueno, pero que por lo general, carecen de la lluvia que nutre.
Si los líderes a nivel internacional buscan construir puentes para atraer inversiones, Javier Milei parece preferir la demolición, una estrategia que puede funcionar para un espectáculo, pero que rara vez construye algo duradero.
Quizás, en el fondo, Milei entiende que en la política, como en la geología, los terremotos pueden cambiar el paisaje, pero raramente dejan algo mejor en el lugar al que afectan.
Milei es un fenómeno sísmico en sí mismo, porque produce un tembladeral en la escena política con su retórica ultrajante.
Sin embargo, queda por ver si su enfoque provocador y su estilo de panelista de ‘talk show’ resonarán por mucho tiempo con la gente, o si, como tantos terremotos antes que él, se desvanecerá en la historia como una simple sacudida en el tiempo.

