Me despierta mi hija y me dice ¨Falleció El Indio¨, no pensé en Solari y busqué en mi mente los apellidos Solari que se me ocurrían. Algún deportista o alguna actriz, pero no el Indio. Entonces prendí la tele, y ahí estaba. La apagué. Automáticamente en mi celular aparecieron notificaciones y todas eran iguales también. Dejé todo de lado y me senté en la cama a pensar en nada, a volver a ser un adolescente de 15 o 16 años cuando los vi por primera vez. Antes de sus discos, antes de los estadios y las misas ricoteras cuando me alejé.
Cada cual tiene a su propio Indio Solari
Algunos son de la primera etapa como se dice, otros viven la añoranza. algunos pudieron vivirlo como un presente continuo. Recuerdos que cubren generaciones y generaciones, algo que no pasa regularmente Esas herencias musicales compartidas pueden pasar con bandas como los Rolling Stones o Los Beatles que trascendieron fronteras pero Patricio Rey y Los Redonditos de Ricotera eran bien locales, bien de acá. Indio Solari y los fundamentalistas del aire acondicionado tampoco lo hicieron, solo para nosotros. Con aroma local y de barrio, con reuniones multitudinarias entre barro y vientos. Que los propios llamaron Misas. Eso provocaba el Indio y sus bandas. Cada cual tendrá su recuerdo, los tuyos serán seguramente distintos de los míos y de los recuerdos de tus amigos, pero todos confluyen en un sólo lugar, la música.
Los recitales clandestinos, las reuniones multitudinarias.
Viviendo en La Plata tuve mis privilegios, vi a los primeros redondos en sus primeros recitales. Un primer recital en Garage que funcionó a principios de década de los 80 y que creo que era manejado por Rocambole, un local que se había sobre la calle 6 entre 43 y diagonal 74. La entrada estaba a la altura de la calle, pero el salón quedaba en un sótano, era la época de El Boulevard del Sol y de El Borda. El principal objetivo era que tocaran bandas platenses y algunas de Capital. Ahí tocó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, con Miguel Abuelocuando y Las Bay Biscuits haciendo coros en Superlógico.
Sus primeros recitales ocurrieron en el Teatro Lozano, ubicado en calle 11 entre 45 y 46. Aquellos shows fueron denominados “Lozanasos”, y se destacaron por tener una impronta absolutamente vanguardista, llena de payasos, maestros de ceremonia, sultanes y bailarinas con poca de ropa. La historia se repitió.
Mi mayor conciencia sobre el fenómeno llega en el 1985 (creo) en el Teatro Bar la Plata en la calle 43 entre 7 y 8 que no era un recital de rock, era una especie de happenig con una mezca de artistas que pasaban por el escenario. La época dorada del under. El gran Enrique Symns cumplía un rol fundamental como maestro de ceremonias y poeta contracultural. Previo a los recitales de Los Redondos, Symns subía al escenario para dar sus clásicos monólogos crudos y teatrales. Las Bay Biscuits tambien estaban presentes, eran un grupo de rock y performance teatral formado por mujeres (entre ellas Viviana Tellas, Fabiana Cantilo, Isabel de Sebastián y Diana Nylon). Rompían con la solemnidad del rock aportando humor, coreografías, vestuarios estrafalarios y sketches teatrales que se integraban a la perfección con la mística ricotera. Y luego ellos que ponían la magia de sus canciones. Ahi me hice de la mano del propio Indio Solari este cartel, el único de esa prentación, que unos 30 años después volvería a las manos de su autor.

Luego, hubo otro Garage, otra escala y que funcionaba como boliche bailable. No era una roquería, sino que era como un microestadio. Los Redondos tocaron ahí a fines de los ’80, cuando ya eran más convocantes. Y ahí saqué esta foto, aunque también podría haber sido en un show sorpresa en el primer piso del Pasaje Dardo Rocha. La memoria se blurea por momentos, los recuerdos no están intactos, los sentimientos sí.

El segundo Garaje era claramente más grande que el anterior. Con una estructura que aún hoy conserva con fidelidad y que puede ser recorrida a la par que se visita el mega vivero Garden Shop, ubicado en 10 entre 58 y 59, anteriormente a su historia rockera era un estacionamiento de autos. Era una cochera que, en el primer piso, tenía balcones a los costados. Una caja hecha con hierro, cemento y techo de chapa. Un lugar bien céntrico y que solía funcionar como boliche bailable. Esa noche de diciembre no entraba un alma más, había mucha gente, gente hasta en la vereda. Y como hacía mucho calor, nos tiraban agua encima.
La presentacion de Oktubre en Paladium
Unos años después deambulaba por la facultad de Bellas Artes como estudiante recién ingresado y me encuentro en una de mis primeras clases con El Mono Cohen, para la familia ricotera, Rocanbole, que para mí era mi profesor y no el artista audiovisual más grande de nuestro rock hasta el momento. Él tenía un trabajo que hacer, la escenografia para la presentación en Paladium del disco a Oktubre. La suerte me iluminó, estuve en el lugar correcto y en el momento justo para ser convocado, junto a otros compañeros para hacer historia y vivir unos de los momentos más maravillosos de mi vida.

Los días 18 y 25 de octubre de 1986 Los Redondos tocarían en vivo en Paladium (Reconquista al 945) a las 21:00 horas, para la presentación del nuevo álbum, Oktubre. El show contentubo canciones de los dos álbumes del grupo hasta ese momento, además incluyó varias inéditas como por ejemplo, “El regreso de Mao”, “Roxana Porchelana”, “Rock de las Abejas”, “Patricio Super Show” y “Nene Nena”. También cuentó con “Blues de la Libertad”, que fue editado recién en 1996 en Luzbelito.
El comienzo de aquel primer pantallazo a Oktubre (conocido entre grabaciones piratas como Efímero debido a una frase del afiche) fue con un tramo de la Obertura 1812 de Tchaikovsky, una música imponente que realzaba el tono épico que ya daba un inmenso mural que hacía las veces de telón de fondo pintado por Rocambole para la tapa del disco, que mostraba una multitud de rostros y cuerpos. «Hicimos una gran manifestación pintada como si fuera un cuadro y no una escenografía», rememora. La epopeya escenográfica estuvo a cargo del mismísimo Rocambole, una compañera de la Escuela de Bellas Artes, un discípulo y un par de alumnos, entre los que estaba yo. Trabajamos durante dos días. Lo pintamos ahí mismo, tiramos unos papeles de escenografía en el piso, armamos una superficie de unos 15 x 12 metros, los pegamos y empezamos a proyectar los bocetos que teníamos desde un proyector de diapositivas que pusimos en los andamios del techo, apuntando al piso. Recuerdo usar las manos para pintar algo que no sabíamos que era, solo cubrir los espacios en blanco con pintura negra. Después tomamos distancia, desde los andamios pudimos ver una obra hermosa que sería la escenografía de ese show mítico. En la misma línea de la tapa del disco, una multitud de gente apretujada con banderas rodeaban a la banda, los cubrían, los flanqueaban por delante y por detrás.
Muchos años en una charla con Rocambole recordábamos aquel evento tan significativo para mía y para todos los que estuvieron presentes.
La separación. La Lucha. La libertad
Luego de Oktubre llegó Un baión para el ojo idiota (1988) y ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado (1989), coronándolo en diciembre de 1989 en el Estadio Obras Sanitarias con tres recitales. Que sería la última vez que vería a la banda. Se habían convertido en un fenómeno masivo con recitales en estadios cada vez más grandes, a la vez que empezaron a experimentar con rock alternativo y publicaciones controversiales, díganme snob pero ya no eran lo que yo buscaba de una banda. Llegó Lobo suelto, cordero atado (1993) y Luzbelito (1996) y la violencia en sus recitales. Cada vez hubo más incidentes, con heridos y muertes, como el caso de Walter Bulacio en 1991. Esto provocó que el grupo se alejara de Buenos Aires y empezara, a partir de 1995, a hacer recitales en el resto del país. A fines de siglo, la banda hizo un cambio en su estilo, al adoptar un sonido de rock electrónico en Último bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000). En abril de 2000 llegó a su climax con el que fue su recital con mayor convocatoria: 70 mil asistentes en el Estadio Monumental (número que llegaría a ser quintuplicado durante la posterior carrera de Solari interpretando temas de la banda).
Mientras ellos crecían yo me alejaba. Los estadios, las multitudes y las misas ya no eran mi lugar. Pero seguí mirando de lejos cómo aquella banda de teatros, sótanos y happenings se convertía en el fenómeno cultural más grande que produjo el rock argentino.
El 4 de agosto de 2001 los Redondos dieron un recital en el Estadio Chateau Carreras, en Córdoba, ante 40.000 espectadores. Pero nuevamente quedó empañado por episodios violentos: un joven de 31 años llamado Jorge Felipi murió al caer desde lo alto de la tribuna al estacionamiento afuera del estadio, mientras que otras dos personas quedaron heridos al caer al foso perimetral. Al show le siguieron varios meses de silencio, donde Skay Beilinson y la Negra Poli anunciaban que «al menos por un tiempo, Patricio Rey permanecería en silencio», lo que motivó varias especulaciones sobre el futuro de la banda.
El 8 de diciembre de 2001 iban a dar un recital en el Estadio 15 de Abril de Unión de Santa Fe, pero se terminó suspendiendo ya que el 2 de noviembre del mismo año se oficializó la separación, luego de veinticuatro años de carrera.
Los caminos que se bifurcan
Durante los años 2003/2004 el Indio consideró la posibilidad de armar una banda para grabar en el estudio Luzbola alguna de las ideas que venía maqueteando durante los últimos años. Por aquel entonces su ex compañero Skay Beilinson había publicado casi un año después de la separación su primer disco solista llamado «A través del mar de los sargazos» y se afianzaba como cantante y compositor. Ya estaba claro que Patricio Rey se estaba tomando algo más que un año sabático. En el año 2004 el Indio le dio forma a “El tesoro de los inocentes”, un disco dedicado a su hijo Bruno, “y a la memoria del Capitán Ojo Muerto y de la hermosa muchacha de Los Toldos” junto a su nueva banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. En los créditos Solari aparece bajo el seudónimo «Artista invitado».
Los motivos que hayan llevado a estos dos grandes músicos son sólo rumores que ya no importan, pero si queda muy claro que de esta separación cada uno se llevó de manera natural y orgánica lo que habían cosechado. Skay se llevó las melodías, los riff, el sonido redondo y el Indio se llevó a la gente, a la euforia, a los corazones desbordados de gritos sagrados. Y no hay una explicación, o sí la hay, el magnetismo de Solari no tiene explicación, aun saliendo por una pantalla en cada recital de Los Fundamentalistas. Y aquella vez que anunciaba su enfermedad era espejismo al cual nadie quería llegar, hasta que este viernes por la mañana la noticia sacudió el pais, entre incredulidad y escepticismo todos sabíamos que era verdad.

Hoy la misa se extiende alrededor de su cajón, y nada es tristeza pero tampoco festejo. El agradecimiento de todos los fanáticos y los que no lo eran en una larga fila de más de cinco cuadras. Sus canciones van a sonar y van a ser agujas clavadas en el alma del que alguna vez cantó alguna de sus canciones.

