Desde que arrancó la denominada megacausa que investiga a la banda integrada por jueces, fiscales, policías y delincuentes comunes, Tribunales es un hervidero. Un volcán en permanente amenaza de entrar en erupción. El rol protagónico que asumió la Procuración, sobre todo en los medios, encendió luces de alerta en la justicia provincial. Ahora, un Juez de alto rango se animó a decir en público, lo que es un secreto a voces en el ámbito judicial: que el jefe de todos los fiscales, Julio Conte Grand pretende utilizar la mega-causa para desembarcar en el mismo cargo, pero a nivel nacional.
Víctor Violini, integrante del tribunal de Casación de la Provincia, máximo órgano de revisión de causas penales, denunció, directamente, que el Procurador está “interesado en aparecer mediáticamente, buscando quizá llegar a un puesto como puede ser la Procuración General de la Nación”. Además de Juez, o por su condición, Violini preside la Asociación de Magistrados de La Plata, y sus declaraciones aparecen, en este contexto, como exteriorización del temor que anida entre los magistrados de la Provincia.
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Hasta ahora sólo un juez, Guillermo Atencio, se había animado a denunciar públicamente presiones. Otros, por ahora, prefieren callar en público lo que recitan a coro en privado: hay una “caza de brujas” que puede terminar mal. La denuncia que ahora se hizo pública, conlleva alta dosis de gravedad institucional. El terror a represalias o aprietes desde el Poder político o la conducción Judicial, entrelazados en la figura del Procurador, desmorona el elemental principio de imparcialidad en la administración de Justicia. El miedo al castigo, paraliza. Alínea. Los premios, también. Las dos cosas conviven por estas horas en la Justicia bonaerense. Los apuntados se asumen “entenados” y advierten que, llegado el caso, presentarían pruebas en la sociedad de los supuestos “hijos”.
En declaraciones periodísticas, Violini abrió la caja de Pandora. Y como la vieja mitología griega alecciona con ese relato, todos los males que subyacen en la Justicia bonaerense, pueden empezar a escapar. El Juez de Casación acusó ni más ni menos que al Procurador de poner “un manto de sospecha, sobre todo el Poder Judicial de la Provincia”. La estrategia, dijo, es “filtrar” algunos nombres que aparecen en la megacausa Melazo. La palabra “algunos”, es más importante que la filtración. Es la clave. En La Plata las filtraciones funcionan como la sortija de Stornelli. En la de los cuadernos, son el free pass para los arrepentidos. En la megacausa de la Provincia, la garantía de resguardo ante la opinión pública. Distinta moneda para pagar lo mismo. Alineamiento.
La pulseada se puede llevar puesta la mega-causa, y algunos procesos emblemáticos en la Justicia provincial, como algunos que involucran al ex gobernador Scioli, que quedó al borde del sobreseimiento. Fue después de que el fiscal cerrara la instrucción, y elevara a juicio oral la acusación que más ordenada tiene el ex gobernador, una vinculada a la construcción de UPAS. En el resto de las denucias que formuló Elisa Carrió, ni siquiera indagó al ex mandatario. Veinte días después, casualmente –o no tanto- el fiscal pasó a desgracia: una comisión de Legisladores ordenó la apertura de un juicio polítco en su contra, por una denuncia que llevaba varios años freezada. ¿Qué hará una de las únicas juezas, con despacho en La Plata, que logró, hasta ahora, sortear con éxito el sistema de filtraciones?
Por lo pronto, la movida que apunta a mostrar la “renovación” de la Justicia aparece encorsetada en la Justicia Penal. ¿No hay, pues, otros fueros en el ámbito bonaerense? En el torbellino, no zafa ni la Corte. Hilda Kogan, integrante del Máximo Tribunal, quedó envuelta en la última semana en un cruce de acusaciones.
La sospecha a la que Violini le dio visibilidad tiene, en el relato palaciego, otro nombre de las grandes ligas de la política nacional, que el Juez evitó mencionar, Elisa Carrió. La socia incómoda de la alianza oficialista, se deshizo en elogios a la figura de Conte Grand. Hace dos semanas intentó, sin éxito, encumbrarse en la Comisión Bicameral de Seguimiento del Ministerio Público de la Nación. Un cargo clave desde el que podría haber apuntalado la mudanza del actual funcionario bonaerense, a la órbita nacional.
Carrió lo quiere a Casal afuera. Argumentos, sobran. El reemplazante de Gils Carbó se atornilla al cargo de manera inexplicable. Designado de forma interina mientras se aguarda el acuerdo para el nombramiento en su lugar de Inés Weinberg de Roca que tiene pocas chances de pasar el filtro en el Senado, Casal le imprimió a su gestión una desvergonzada pertenencia macrista.
Se transformó en el brazo ejecutor de los deseos amarillos desde un lugar clave para la remoción de fiscales molestos con el oficialismo –apartó al fiscal Zoni que investigaba el ‘Correogate’ y puso en su lugar a Gerardo Pollicita, un fiscal “amigable” con el Gobierno-, y disparó en cantidades industriales dictámenes favorables a la posición de la Casa Rosada. Resolvió mandar los reclamos colectivos que discutían la razonabilidad de los tarifazos de gas al Contencioso Administrativo, tal como pretendía el Ejecutivo y hasta desafió una serie sucesiva de fallos bonaerenses, incluso uno de Corte, habilitando la revisión por parte de la Suprema Corte de Justicia Nacional para que Mario Quintana vea cumplido su sueño de desembarcar con Farmacity en territorio de María Eugenia Vidal.
Si cae Casal, sostenido por ahora por el silencio de la industria mediática que ayudó a destronar a Gils Carbó por supuesta pertenencia oficialista, una acusación que le cabe como sayo al Procurador actual, Carrió, aseguran, impulsaría la figura de Conte Grand. Cierta o simple especulación, algo de fundamento tiene esa sospecha: la opinión de Carrió fue determinante para que María Eugenia Vidal designara al remplazante de María del Carmen Falbo. Se hicieron públicas las reuniones previas entre Vidal y Carrió, junto a Conte Grand, en la previa de su entronización. ¿Sobre cuantas personas la líder de la Coalición se animó a decir, públicamente, que pone “las manos en el fuego”?. Lo hizo con Conte Grand.
Entre los Jueces, le reprochan al Procurador cierta predisposición de aparecer públicamente en cada causa resonante de la órbita provincial. Su exposición contrasta con el perfil bajísimo que le imprimió al cargo su antecesora Falbo. ¿Puede opinar el Procurador sobre el devenir de una causa en la que no tiene ningún tipo de injerencia procesal? En la respuesta a esa pregunta, anida el centro de la sospecha que corría –hasta ayer- silencioso, en el secreto mundo de los magistrados.
¿Pretende la Justicia bonaerense empardar, en términos de la sanación de un sistema de corrupción enquistado en uno de los Poderes del Estado –aunque varíe el foco de atención entre una, que le apunta a la Política, y otro que señala al Judicial- las causas conocidas como “cuadernos” con la de “megabanda”?. Pareciera que sí.
Aunque menos taquillera en el ámbito nacional, donde, se sabe, todo lo vinculado con la “corrupción K” rankea en las preferencias editoriales de los principales medios, la causa que se sigue en la Justicia bonaerense contra ex integrantes renombrados de sus filas que ahora están presos, se transformó, dicen en tribunales, en la ‘carta de presentación’ del Procurador de la Corte para proyectarse a nivel nacional. Allá, habla Stornelli .Acá, Conte Grand.
El propio funconario aseguró que la megacausa que tiene al ex Juez César Melazo, fiscales y algún camarista enredados en una banda conformada, además, por delincuentes comunes –también presos- es más grave que la denominada causa de los Cuadernos. Ambas tienen ciertas simetrías. En las dos hay profusa difusión de una cierta verdad paralela sobre la responsabilidad penal de los involucrados. Por las dudas, sin embargo, el principio aplicable es el mismo: marche preso.
A diferencia de Pandora, a la que, según la mitología, le reglaron aquella caja con la instrucción de no abrirla bajo ningún concepto, en el caso de la puja dentro del Poder Judicial de la Provincia no sería la “curiosidad” la que termine destapando la olla, sino el “temor” de los apuntados que, en un acto de supervivencia, podrían hacer estallar a la Justicia penal. Caiga quien caiga.
AA
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