Con una convocatoria que superó todas las expectativas se realiza la segunda edición del Festival Internacional de Cine de Villa Elisa. María Fernanda Siciliano, organizadora y alma mater del evento, participó del programa “Todo no se puede” de La Cielo FM 103.5 y no no oculta su asombro ante la magnitud de lo alcanzado, “para esta edición recibimos 1.237 obras, 37 países tuvimos para seleccionar”.
El proceso de curaduría, que se extendió desde octubre hasta febrero, fue una tarea titánica de “miradas que desbordan”. Según Siciliano, el criterio de selección no fue azaroso, sino que buscó explorar “la cuestión de lo periférico, no tanto geográficamente, también simbólicamente, sociológicamente, culturalmente”. A pesar de la barrera de idiomas, que obligó al equipo incluso a subtitular obras de Japón, Francia, Bélgica o Irán, la conexión fue inmediata.
“No somos tan distintos”
Una de las revelaciones más potentes del festival es el cine como puente global, la trazabilidad de las historias, más allá de las fronteras. Al ver el material en conjunto, Siciliano descubrió que las preocupaciones en Japón pueden ser idénticas a las de Brasil o Argentina. “Te das cuenta que no estamos unos tan lejos de los otros, ni somos tan distintos”, reflexiona la organizadora, destacando que “los temas se repiten” y que todos estamos “atravesados por una cosmovisión que en algún punto se repite”.
Para los realizadores independientes, este festival representa una de las pocas pantallas disponibles frente a la “industrialización” de las plataformas de streaming. Siciliano describe este cine como una “forma más artesanal, más de una pieza” que requiere una dedicación distinta. La emoción de recibir este material es profunda, “me da mucha emoción ver cómo el festival crece gracias a que ellos nos brindan su material, nos ceden una intensidad de trabajo”.
El dolor de la cultura en tiempos de ajuste
Sin embargo, detrás de la pantalla y los aplausos, la realidad del sector es cruda. En un contexto de desfinanciamiento, la realización del festival es un acto de resistencia autogestiva. “La cultura es identidad además de un refugio y está devastada”, sentencia Siciliano. Para ella, no se trata solo de entretenimiento, sino de un espacio de identificación necesario para el futuro.
“Es muy difícil, uno se preparó muchos años para poder trabajar en un área que le gusta y no hay forma, no hay espacio para el respeto para el trabajo”, confiesa, evidenciando la tristeza de los trabajadores del medio ante la falta de apoyo institucional. A pesar de los obstáculos, el festival se sostiene con la ayuda del Instituto Cultural y la Municipalidad, pero sobre todo con la convicción de que “la gente necesita ese acompañamiento, tanto el que quiere contar como el que quiere sentarse y ver historias”.
El festival, que comienza este viernes a las 19:00 con el estreno de “La noche sin mí”, se extenderá hasta el domingo en Villa Elisa, invitando a la comunidad a redescubrir que, aunque el mundo parezca fragmentado, el cine sigue siendo el lenguaje común que nos une.

