La asociación caboverdeana de Ensenada, fue sede de entrevista para el móvil de Nicolás Chillón del programa “Todo no se puede” en la previa al partido entre la selección argentina y Cabo Verde. En el quincho, donde cuelgan banderas cruzadas Javier Botana de Livramento acomoda las remeras retro sobre una mesa mientras relata cómo vivieron la clasificación previa, con los ojos fijos en la pantalla y la calculadora en la mano, “Cuando empezó el mundial era completamente fuera de contexto y la verdad que dijimos: ‘Uy, no, ¿por qué? Uy, sí, qué bueno, pasó de todo’”.
Javier recuerda como vivieron el pase a 16avos tras enfrentar a Arabia Saudita, la comunidad miró la trasmisión en el quincho de la Asociación Cultural y Deportiva Caboverdiano en Moreno 118 de Ensenada. Tras tres empates consecutivos, en la tarde de hoy se volverán a reunir para el partido con la selección local. “Muchos están contentos porque dicen, bueno, si Cabo Verde corta su camino acá, que sea con Argentina, una campeona del mundo, un broche de oro”, afirma Javier.
La contradicción del hincha
¿Es posible querer que ganen los dos? La dualidad se vuelve casi insoportable a medida que se acerca la hora del pitazo inicial. Al ser consultado sobre su pálpito y por qué lado se para hoy, Javier sonríe con incomodidad, “quiero que gane Cabo Verde, pero quiero que gane Argentina, es una contradicción eso”. Ante la provocación de un posible desenlace por penales para estirar el sufrimiento, se planta de manera rotunda, “me estás matando, tengo que pedir la ambulancia“.
Sin embargo, hay una certeza comunitaria que alivia las tensiones, el festejo está asegurado y no habrá insultos cruzados entre los presentes, explica que “todos los que estamos acá somos caboverdianos, somos argentinos, vamos a festejar todo lo bueno que hay. No importa el resultado, yo voy a salir a festejar”.
Para esta tarde esperan que se acerquen a la sede entre 30 y 40 personas. Saben que la convocatoria es menor a las 80 que colmaron el buffet en la fase de grupos, pero conocen el motivo, “por las cábalas de Argentina hay muchos que no se quieren juntar”, admite Javier entre risas.
De país “inviable” a revelación mundialista
Javier repasa las camisetas con orgullo. Muestra una azul con estrellas amarillas dispuestas en círculo. “Las estrellas representan a cada una de las islas, así que nuestras estrellas están ahí siempre presentes en la bandera y también en las camisetas”, explica. También aclara el mito del temible apodo de la selección africana, los Tiburones Azules, “es un mito, no hay tiburones. Hay una bahía que se llama Bahía de las Gatas, son de la familia de los tiburones, pero no muerden a nadie, no molestan. Son como los caboverdianos, son tranquilos”.
Más allá del color del fútbol, el trasfondo de este mundial para la nación más pequeña en la historia de la competencia es un hito político y social. Independizado en 1975, el archipiélago carga con una historia de superación que el deporte hoy expone ante los ojos del planeta.
“Siempre hemos tenido algún jugador que se ha destacado, pero siempre a partir de un equipo en Portugal o en Suecia… Ahora que sea Cabo Verde, a nombre propio con su propia bandera, un país que dijeron que era inviable, que es joven, y que pueda participar y que lo haga con el desempeño que tuvo, para nosotros es un logro impresionante“.
La explosión turística y económica ya se hace sentir. Javier comenta que los vuelos desde Brasil se multiplicaron por la demanda y que el país está en boca de todos gracias a la pelota, tal como lo destacó el propio presidente José Maria Neves en las últimas horas. El orgullo radica en que el país ostenta el segundo lugar en transparencia de África y altos niveles de alfabetización. “En Cabo Verde hay 500.000 habitantes, pero fuera hay un millón y medio”, detalla Javier, remarcando cómo este hito unifica a la diáspora. El impacto es tal que confiesa sin dudar, “yo hubiese gastado mi plata para irme a Cabo Verde a ver los partidos con la gente y festejar, olvídate”.
El calor de la Cachupa para apagar el frío
En Cabo Verde el fútbol se vive con una devoción ciega. Javier recuerda su viaje en 2013, donde vio las calles inundadas de camisetas europeas, pero también muchas de Argentina. Evoca una anécdota que ilustra esa locura, “había un chico que tenía la camiseta del Barcelona pero al revés, con la espalda para adelante. Le pregunto por qué la usaba así y me dice: ‘Porque yo soy hincha de Messi, no del Barcelona'”.
Hoy, ese mismo fervor se traslada al buffet y al quincho recién terminado donde solo falta colgar el televisor. Para mitigar la ansiedad de los noventa minutos contra la Scaloneta, el menú ya está listo. No es un partido para tomar mates apurados; es un partido para la Cachupa, el plato insignia de las islas.
“La cachupa es un guiso que se prepara a base de distintas variedades de poroto, maíz y arvejas, que ya están en remojo desde ayer, y se le agrega carne de cerdo y de vaca. Se cocina desde muy temprano, lleva como seis horas de tiempo. Es muy parecido al locro visualmente. La verdad que nosotros tuvimos suerte porque que el mundial caiga en el invierno nos vino bien para comerlo tranquilo. Te levantás, se te olvida el frío, se te olvida todo“.

