La desaparición de M.B., una nena de 7 años que vivía en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires, acaparó la atención de la opinión pública las últimas 48 horas. El relato dramático de la búsqueda ocultó preguntas necesarias y dejó servida la mesa para la politiquería. Allí se sentaron, a sus anchas, Diego Santilli y Sergio Berni, dos dirigentes que quieren acción en las elecciones este año.
¿Por qué M.B. vivía en la calle? ¿Por qué no tenía documento? ¿Cómo su captor se escapó de las autoridades durante cuatro días a bordo de una simple bicicleta? ¿Cómo, a pesar de que hubo rastrillajes, cámaras y operativos, no se logró dar con su paradero sino por la acción de una vecina que llamó al 911?
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Ni Santilli ni Berni darán explicaciones al respecto. Ambos montaron un show mediático anoche, cuando la presión social para dar con M.B. se hizo insostenible, y lo continuaron este mediodía. Berni, que es implacable con un presunto narco que cultiva cannabis para aliviar el dolor de su esposa enferma, es el mejor aliado del discurso “mano dura” del PRO.
Se viste con su ropa de hombre de acción y desfila por los canales de televisión mientras M.B. pasa hambre y frío en compañía de un hombre mayor de edad cuyas intenciones no se conocen. “Es como encontrar una aguja en un pajar”, “es como la búsqueda del tesoro”, declaraba ayer. “Estamos cerca”, informaba y, al mismo tiempo, abría el paraguas: “la Provincia tiene 31 millones de manzanas”.
A su lado, Santilli, con su sonrisa entrenada y la camisa blanca impoluta, le hace la segunda. Ambos juegan a los buenos vecinos, a recuperar algo de crédito para la política, que ve cada vez más cerca el abismo del “que se vayan todos”. A mostrar que trabajan “en conjunto” a pesar de “las diferencias”.
Lo cierto es que Berni tiene más coincidencias con Santilli, con Bullrich y con el PRO, que con los dirigentes de la alianza que integra. Un repaso rápido: las táser, los narcos, los inmigrantes. Sorprende la cantidad de fotos que se sacaron juntos en los últimos meses.
A Santilli le viene bárbaro tener un socio de este lado del Riachuelo porque quiere ser candidato en la Provincia en las elecciones de este año. Obligado, hay que decirlo, porque en la Capital Federal, el distrito más opulento del país (que poco hizo por M.B.), no le quedan puestos por disputar. El drama de la nena le suma para dejar por un momento de lado el dolor de cabeza que le provocó el viaje de egresados de su hijo y el potencial escándalo por el hisopado trucho.
A Sergio Berni se lo ve ansioso por dejar el problemático Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y medirse como candidato a Diputado, para ver si se puede jugar unas fichas a Gobernador en 2023. Se mueren de ganas de volverse a encontrar ahí. Se les nota. Lo sabemos todos.
Por eso volvió a pelearse con el Secretario de Seguridad de la Nación, Eduardo Villalba, también en plan mediático. “¿Qué venís a hacer acá de trajecito, hijo de puta?”, lo increpó. “Vos y tu ministra, que es una inútil, le hacen mal a la policía, te voy a cagar a trompadas”, insistió, victimizándose por una supuesta falta de colaboración Federal y por el desgaste de la fuerza bonaerense en la búsqueda. El propio Berni infló el pecho y reconoció el cruce.
Mientras tanto, a M.B. la encontró una vecina que reconoció al captor, por su bicicleta y por la caja de cartón, y llamó al 911. No se sabe todavía qué pasó con ella en las últimas horas. Sus derechos siguieron siendo vulnerados incluso cuando el Estado la pudo recuperar. La policía difundió una foto de su rostro sonriente. También el video que muestra el momento en el que la contactan los uniformados.
Cuando se conoció la buena noticia, Berni reapareció. Bajó del helicóptero -nunca taxi- y se limitó a informar que entregaba “la custodia a la justicia para que haga todo lo que tenga que hacer”. Lo que corresponde, claro está; ahora: ¿hacía falta trasladarse en helicóptero hasta el lugar para hacerlo? M.B. no lo necesitaba, tampoco su familia y seguramente ninguno de los que ayer rezaron un rosario para que aparezca sana y salva o marcaron 911 para aportar un dato o una sospecha.
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