Uno de los tantos temas que abordó hoy el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof en la Conferencia de prensa que brindó en Santa Clara del Mar fue el modo en que el periodismo trata ciertas noticias dándole prioridad a unas sobre otras sin reparar nunca en lo que se está haciendo bien y acentuando lo que desde los gobiernos se realiza mal.
La frase que usó es “buscarle el pelo al huevo” pero podría haber sido “la quinta pata al gato” o “la mosca en la sopa”.
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Cualquiera de esos refranes o aforismos suele referir a quien escarba para encontrar lo que está mal, aunque represente una minoría frente a lo que está bien.
Es algo así como magnificar el Ying y minimizar el Yang de las situaciones, de los comportamientos sociales o de las actitudes de las personas.
Lo que el nobel Gobernador debe entender sin enojarse son las reglas de juego, que seguramente no son ni justas ni tampoco están bien hechas, pero que pertenecen a un área sobre la que ni él, ni niguna autoridad politica, judicial o religiosa tienen predicamento alguno. Y es la libertad del periodismo de “poner el foco” donde le guste, porque le gusta o quizás por conveniencia politica o económica.
Kicillof está en todo su derecho de denunciarlo públicamente, de reforzar ese conocimiento y compartirlo con el público, los clientes, los votantes, los lectores, los televidentes, los pacientes o “lajente” en general.
Pero nada podrá hacer para modificarlo. Nunca habrá decreto que obligue ni ley que mande escribir sobre lo bien que está desarrollándose una temporada veraniega o un sistema de vacunación a nivel provincial.
Ya Bernardo Neustadt solía repetir en los años 70 y 80 una frase que no por remanida deja de tener valor “En el periodismo no es noticia 1 millón de aviones que llegan a destino, sino 1 solo que se cae”, y aunque suene injusto, desagradecido, o poco riguroso estadisticamente, y aunque nos moleste la ideología o la personalidad que lo impuso como regla del periodismo, las normas de la profesión de la prensa en cualquiera de sus modalidades es esa: remarcar lo malo, lo descuageringado, lo torcido, lo sucio, lo marginal y todo aquello que llame la atención por no corresponder con lo que se espera. Nunca nadie en el “mercado de las noticias” va a felicitar una gestión si no está involucrado en ella desde un cargo, una simpatía militante, o le significa algún negocio que lo beneficie de uno u otro modo.
Así de tajante es este “métier”, y como bien dijo Kicillof (parafraseando a la propia publicidad de un grupo mediático que se victimizaba diciendo que uno de sus canales iba a desaparecer con la ley de medios): “La realidad se puede hacer tapa o se puede tapar”.
Lo que seguramente el Gobernador no desconoce es que ese poder de los medios que nadie escoge, ni nunca se somete a elecciones, siempre permanece, y ve como los mandatos de aquellos en quienes la voluntad popular depositó su preferencia van finalizando, mientras ellos desde sus sillones de CEOs de grandes corporaciones de medios, ven pasar por sus enormes ventanales a “los cadáveres de sus enemigos” , al tiempo que esperan y esperan por “ese plato que se come frío” .
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