En el marco del programa Parecemos Buenos Amigos, emitido por la pantalla de Infocielo Play, el analista internacional Ramón Prades García brindó una lectura profunda sobre la hostilidad que enfrenta la Argentina en el escenario mediático y deportivo global. Para el especialista, los ataques que surgieron recientemente no fueron necesariamente coordinados por una agencia central, sino que se “vertebraron” a partir de intereses que buscan desplazar la hegemonía deportiva nacional y socavar los símbolos de unión del pueblo.
Prades García analizó cómo la percepción internacional sobre la Selección giró bruscamente en un corto periodo de tiempo. “Hasta hace tres días la Argentina era la cenicienta de la FIFA y de noche a mañana pasamos a ser racistas”, señaló respecto al trato recibido en medios de Europa y Estados Unidos. El analista descartó que la etiqueta de racismo tenga un sustento real en las políticas públicas locales, comparándolo con casos como el de Estados Unidos donde históricamente existió una segregación estructural.
Sostuvo que el verdadero concepto que subyace en las columnas de opinión extranjeras es el de la “incivilidad”. “Somos incivilizados. La civilización y la barbarie. Ahí sí yo creo que hay un ataque más larvado… que es esta idea de hay que recolonizarlos”, explicó en la pantalla de Infocielo Play. Según su visión, se intentó criminalizar comportamientos propios del folklore futbolístico para marcar una “distancia lingüística” y moral, mientras se ignoran siglos de genocidios perpetrados por las mismas potencias que hoy critican.
El fútbol como refugio de la identidad y la unidad
Uno de los puntos centrales del análisis fue la definición de la Scaloneta como un “artefacto cultural” que cumplió una función social trascendente. “Nos regaló algo que nosotros no habíamos sabido construir desde la política en décadas: la unidad nacional”, afirmó Prades García. Dijo que este equipo permitió a los argentinos reenamorarse de una pasión federal que superó las identidades primigenias del club o la ciudad, funcionando como un “colectivo de sillas infinitas” donde todos los sectores de la sociedad se sintieron representados.
El especialista advirtió que es precisamente ese “engrudo” simbólico —que mezcla el asado, la Virgen de Luján en el vestuario y la bandera— lo que ciertos sectores buscan disolver. “Todo lo que nos mantiene unidos tiene que ser disuelto”, sentenció, vinculando los ataques externos con periodistas locales que, según su criterio, buscaron validar esas críticas para mantener una supuesta superioridad intelectual frente al comportamiento del pueblo.
El peligro de la “desmalvinización” y las teorías conspirativas
Finalmente, el analista trazó un paralelismo histórico entre la gesta deportiva y la Guerra de Malvinas para alertar sobre el discurso de la derrota. Criticó a quienes, ante un resultado adverso, intentaron buscar explicaciones “paranormales” o sospechas sobre la FIFA y la CIA en lugar de aceptar la lógica del juego. “Es volver a reproducir esa idea desmalvinizadora… nuestros soldados de Malvinas dieron todo; perdimos, hay que estar orgullosos. Nuestros jugadores en la cancha dieron todo; perdimos, hay que estar orgullosos”, enfatizó.
Prades García instó a la sociedad a no subir a “teorías conspirativas” que solo sirven para “radicar” o socavar el artefacto cultural del fútbol. Aseguró que reivindicar el coraje y el talento del equipo es fundamental para proteger la autoestima nacional. “Nadie puede querer a un quebrado… no hay que manchar esa camiseta ni esa pelota ni a Scaloni”, concluyó, reforzando la idea de que cuidar a la selección es, en última instancia, una forma de cuidar a la Argentina.

