El aroma a chocolate y azúcar que históricamente emanó de la planta de Victoria, en el partido de San Fernando, hoy se mezcla con el aire denso de la incertidumbre laboral. La firma Georgalos, un emblema del patrimonio industrial de la Provincia de Buenos Aires, atraviesa una tormenta perfecta con caída del consumo, bajo la apertura de importaciones generada por el gobierno nacional de Javier Milei, y que provocó una reestructuración que mudó parte de su producción al otro lado del mundo.
La noticia que sacudió las góndolas y las asambleas gremiales fue confirmada por el propio presidente de la compañía, Miguel Zonnaras. Los emblemáticos caramelos masticables Flynn Paff ya no se fabrican exclusivamente en los hornos bonaerenses, sino que gran parte de su producción se realiza en China para luego ser importada.
Para el empresario, se trata de una decisión “pragmática” ante la pérdida de competitividad de la Argentina, citando costos logísticos y presión impositiva como los principales verdugos del proyecto rentable.
Pragmatismo o desindustrialización
Sin embargo, detrás del pragmatismo empresarial se esconde una crisis laboral que golpea de lleno también al norte del conurbano.
En la planta de Victoria, donde además se produce el icónico Mantecol tras su regreso a manos nacionales en 2022, el clima es de alerta permanente. Actualmente, la firma aplica un esquema de suspensiones rotativas que afecta a unos 80 trabajadores cada quince días, sobre un plantel total de 600 operarios.
La empresa justifica estas medidas por un derrumbe de las ventas cercano al 29% y una capacidad ociosa que ya roza el 55%. El conflicto no es nuevo porque desde 2025, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) mantiene una disputa por despidos que la empresa tildó de “sabotaje”, pero que los trabajadores denuncian como una persecución contra quienes reclaman condiciones justas ante el avance de la flexibilización laboral.
El espejo de Berazategui
El fenómeno de Georgalos no es un caso aislado, sino un síntoma de una enfermedad que recorre los polos productivos de la Provincia de Buenos Aires.
Un paralelismo inevitable surge con Rigolleau, la histórica cristalería de Berazategui. Como señaló hace apenas 24 horas Infocielo, en la “Capital Nacional del Vidrio”, la escena se repite con una crueldad casi idéntica, es decir productos que durante un siglo salieron de sus hornos (como fuentes para horno y vasos), ahora llegan a los hogares con la etiqueta: “Hecho en China. Importado por Rigolleau S.A.”.
Al igual que en San Fernando, en Berazategui el impacto social es devastador. Rigolleau pasó de tener 862 trabajadores a 757 en apenas un año, apagando hornos y acumulando pérdidas que superan los 7.000 millones de pesos en dos ejercicios. En ambos casos, el modelo de negocios parece mutar de la fabricación a la intermediación, transformando fábricas con historia en meros centros de logística para productos extranjeros. Una situación traumática que no discrimina entre conurbano sur y conurbano Norte
Para los vecinos de San Fernando y Victoria, ver cómo el Flynn Paff cambia su origen quizás no sea un hecho traumático, tampoco para los consumidores, pero no hay duda de que se trata de un golpe a la identidad productiva local.
Mientras Zonnaras explica que traer un contenedor desde China puede costar apenas el doble que un flete desde Córdoba a Buenos Aires, los trabajadores ven cómo sus puestos dependen de un hilo que se estira cada vez más hacia el puerto de importación.
La crisis se mide en balances en rojo, se siente en cada suspensión y en cada producto que, aunque conserve su nombre de siempre, ya no habla el idioma de la industria nacional.

