Daniel Hadad no confirma, pero tampoco desmiente. El empresario de medios, un outsider de la política tradicional, sigue orejeando la posibilidad de competir en las presidenciales de 2027 al frente de una fórmula que tenga como principal atributo atravesar la grieta. Una hipótesis que viene alimentando desde hace varios meses y que, lejos de quedar archivada, continúa formando parte de sus movimientos y conversaciones.
En los últimos días, algunos de los principales medios periodísticos del país, particularmente aquellos que suelen presentarse como intérpretes privilegiados de los números de las encuestas, comenzaron a sembrar dudas sobre las posibilidades electorales de los outsiders. Una lectura que, cuanto menos, parece apresurada.
Hay un dato que merece atención: en una sociedad fuertemente polarizada, los principales referentes de uno y otro lado de la grieta apenas consiguen reunir alrededor de un tercio de las preferencias, mientras cargan con niveles de rechazo que, en algunos casos, se acercan o superan los 60 puntos.
Si ese rechazo se convirtió en un factor determinante de las últimas elecciones argentinas, cabe preguntarse dónde podría decantar ese voto de convicciones frágiles, de adhesiones circunstanciales y, sobre todo, de desencanto con la dirigencia tradicional. ¿En los mismos protagonistas de la disputa o en una figura que llegue desde afuera, alejada del barro de la discusión política cotidiana?
La paradoja es que una democracia debería impulsar a los ciudadanos a elegir al candidato que mejor represente sus expectativas. Sin embargo, la experiencia electoral reciente parece mostrar otra dinámica: muchas veces se vota menos por convicción que por rechazo. Y cuando ese rechazo se vuelve mayoritario, las posibilidades de una alternativa que no cargue con el desgaste de los espacios tradicionales merecen, al menos, ser consideradas.
Una mirada que excede las fronteras
Por estas horas, a Hadad se lo vio en un aeropuerto de Brasil. Una escala que le abrió una ventana de tiempo y que, en medio de los movimientos que viene realizando, alimentó interrogantes sobre el alcance de su estrategia.
No se trataría solamente de un eventual armado doméstico. En el horizonte del empresario también aparece el escenario internacional y, particularmente, el regional. Brasil ocupa un lugar central en esa mirada: el gigante sudamericano atraviesa por estas horas una confrontación política cada vez menos disimulada con el mileísmo.
Un vínculo que, en caso de avanzar en una construcción presidencial, podría adquirir relevancia en la arquitectura de una propuesta que pretenda diferenciarse tanto del oficialismo argentino como de sus oposiciones tradicionales.
La política tradicional también busca outsiders
La discusión sobre los outsiders, de todos modos, no se limita a una eventual candidatura presidencial propia. En el poroteo de nombres y alternativas, las figuras provenientes de ámbitos ajenos a la política partidaria aparecen cada vez con mayor frecuencia en las especulaciones electorales. Algunos son medidos como posibles cabezas de fórmula; otros, como compañeros de binomios que combinen renovación y experiencia política.
Una suerte de comunión entre la política tradicional y las figuras capaces de aportar algo que hoy escasea: una conexión con sectores del electorado que no se sienten representados por las identidades partidarias convencionales.
En ese terreno apareció la especulación en torno a una fórmula que vincule a Hadad con Natalia de la Sota, hija del histórico dirigente cordobés. La legisladora aporta experiencia política, identidad territorial y una procedencia que remite a un distrito clave en la historia electoral argentina reciente. Córdoba, además, ha sido uno de los territorios donde el peronismo no kirchnerista construyó una identidad propia, enfrentada a la versión más ultra del movimiento.
El entorno de De la Sota descartaron de plano esa posibilidad, que tildaron de “burda operación mediática” por la que apuntaron a la periodistsa Laura Di Marco.
Otras versiones, más oficiosas que oficiales, lo acercaron, incluso, a Patricia Bullrich. La ex PRO que sueña con transformarse en el plan B del oficialismo, también mide probables compañeros de formula
Por ahora, se trata de una de las tantas combinaciones que circulan en el universo de las hipótesis electorales. Pero no deja de ser sugestiva: un empresario de medios sin trayectoria partidaria, junto a una dirigente con pertenencia política y territorial, en una fórmula que buscaría ofrecer una alternativa a los polos que hoy dominan la escena.
Noviembre, el primer punto de inflexión
Hadad había dejado trascender que noviembre sería el momento para definir si finalmente se lanza o no a la carrera presidencial. Nunca presentó esa fecha como un anuncio inamovible, sino como un horizonte para tomar una decisión después de analizar los números de las encuestas y evaluar las condiciones de competitividad.
En eso anda. Mide, escucha, analiza escenarios y continúa con el armado.
La pregunta, entonces, no es solamente si Daniel Hadad será candidato en 2027. También es si el sistema político argentino está en condiciones de ofrecer una alternativa que capitalice el creciente rechazo a sus protagonistas.
Porque, en una sociedad donde la polarización parece seguir ordenando la conversación pública, pero ya no necesariamente garantiza adhesiones mayoritarias, dar por muerta la posibilidad de un outsider podría ser, como mínimo, un error de cálculo.


