Miguel Ángel Pichetto y Guillermo Moreno, dos dirigentes que transitaron caminos divergentes en la última década, se mostraron juntos para dar inicio a lo que definen como la reconstrucción del Movimiento Nacional Justicialista.
La premisa es que el peronismo debe unificarse para volver al poder. Según expresó Pichetto: “Hay que tratar de cometer la menor cantidad de errores, no equivocarnos, porque creo que podemos ser gobierno en el 2027”.
Este reagrupamiento nace de un diagnóstico compartido sobre el rumbo económico del actual gobierno encabezado por Javier Milei.
Pichetto no dudó en trazar un paralelismo histórico al calificar el programa oficialista como “un plan muy parecido al de Martínez de Hoz”. Este modelo manifiesta un “desprecio por la industria”, un sentimiento de odio hacia los trabajadores y una política deliberada de “achatar el salario” mediante la libre importación de productos extranjeros.
Para los referentes, la crisis social actual, marcada por la pérdida de empleo y la “imposibilidad de supervivencia en las familias que llegan hasta el día 15 o 20 con suerte”, obliga a una respuesta política inmediata y contundente.
El perdón interno como estrategia: Axel, Massa y CFK
La viabilidad de este proyecto depende de cerrar las grietas que dividieron al peronismo desde 2015. Pichetto, quien fue compañero de fórmula de Mauricio Macri en 2019, hizo un llamado explícito a la amnistía política: “Todos venimos también de errores, y asumo mi parte. Todos tenemos que también perdonarnos”.
Esta frase, que el legislador definió como “bíblica”, apunta a superar las diferencias del pasado para integrar una propuesta nueva.
La estrategia de unidad no excluye a los sectores que hoy retienen el mayor caudal electoral. Pichetto confirmó diálogos con Sergio Massa, a quien considera una “figura muy importante en la construcción de los diálogos para que el peronismo se unifique”.
Del mismo modo, reconoció la centralidad de Cristina Fernández de Kirchner, señalando que es necesario tenerla en cuenta ya que, a pesar de su situación judicial, mantiene “30 puntos de intención de voto”.
El armado se completa con la mención al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y un mensaje directo a los gobernadores provinciales: no hay que atacarlos, porque pronto entenderán que estar cerca de Milei es “totalmente negativo para sus próximas disputas electorales”.
Bases de un programa común
Más allá de los nombres, el foco está puesto en consolidar un programa económico que hable de manera simple a una sociedad castigada por la inflación y la recesión.
Los equipos técnicos que acompañan a Moreno y Pichetto advierten sobre un “superávit ficticio” y alertan sobre el “riesgo Caputo”, que vinculan con la falta de reservas y un endeudamiento que consideran insostenible. La propuesta alternativa busca recuperar los superávit gemelos, defender la industria nacional y fomentar un mercado interno con salarios al alza.
Desde los sectores ligados a la juventud y el kirchnerismo, se sumó la necesidad de discutir la deuda con el Fondo Monetario Internacional como un eje de soberanía política.
El planteo es que no se puede pensar en la independencia económica sin resolver la corresponsabilidad del organismo en el endeudamiento iniciado en 2018. El objetivo final es un “frente nacional para la reconstrucción de la Argentina” que incluya a partidos aliados y sectores decepcionados con la actual gestión.
Defensa de las primarias
La legitimación de los nuevos liderazgos será, según los protagonistas, a través del voto popular. Ante los rumores de cambios en la legislación electoral, Pichetto fue enfático: “Debemos defender la primaria como un instrumento para democratizar la elección del liderazgo. El liderazgo va a ser producto del voto democrático”.
El pronóstico de este bloque opositor es drástico respecto al futuro inmediato del país. “No hay ninguna duda que este gobierno va a terminar mal”, sentenció Pichetto, denunciando tendencias autoritarias y ataques a la prensa.
En este contexto, la unidad de figuras antes enfrentadas se presenta como la génesis de un movimiento que busca capitalizar el descontento y catapultarse como la única opción sólida para desbancar a la derecha en 2027. Como síntesis de esta nueva etapa, el mensaje quiso ser de urgencia y construcción: recuperar la mística para que “la gente vuelva a ser feliz”.

