Carpinchos “K”, Talibanes “K”, o Terroristas “K”. Cualquier tema que se popularice a nivel nacional o internacional les es bueno para buscar de que manera relacionarlo y “pegarlo” al kirchnerismo resumido en la letra estigmatizante inventada por Clarín en la época de la ley de medios, a la que denominó “K”, antes del 2010.
No importa lo inverosímil que suene. Tampoco si existe alguna mínima relación del tema con tal agrupación política. Lo único que importa en período pre comicial es señalar e instalar en los ciudadanos “indignables” quienes son los buenos y, en contraste, quienes los seres malignos, demoníacos, ladrones, asesinos, mentirosos, corruptos, ladinos, sucios, tramposos, que lastiman la honorabilidad de un pueblo honesto, trabajador, transparente, republicano, democrático, civilizado, libre pensador, que paradójicamente, y en modo “incomprensible”, termina votando, en mayor medida, a sus “bastardos opresores”.
TE PUEDE INTERESAR
El maniqueísmo que manejan los periodistas de los medios hegemónicos es tan exacerbado, sobre todo en las previas a elecciones, que no le temen al ridículo, ni a quemar sus carreras profesionales hablando, por ejemplo de “carpinchos politizados”.
Llevar la “K” a la máxima expresión de maldad amerita para ellos tensar la soga hasta niveles incongruentes con la realidad, porque presuponen a sus lectores (o televidentes) como alienados seres que creerán cada invento o ejemplo de una realidad metida con forceps, a ejercicios de repetición.
TRES EJEMPLOS EN 24 HORAS
Entre ayer y hoy solamente, tres titulares ejemplifican mejor que cualquier argumentación esta obsesión por atar los males del mundo al kirchnerismo.
Una dice: “¿Y si los carpinchos no son kirchneristas?”.
Escrita por el platense Luciano Román en La Nación, explica una teoría basada en una declaración de la Ministra de Seguridad, Sabina Frederic, acerca de los roedores de Nordelta a los cuales les da una implicancia política, acusando al kirchnerismo de utilizar a estos carpinchos como emblema del odio social hacia las clases altas.
El veterano periodista Mario Mactas escribe en un portal porteño: “Último grito de moda: loco por los talibanes”, y desarrolla una relación de “amor” entre el progresismo vernáculo y los fundamentalistas afganos que acaban de hacerse nuevamente con el poder en aquella nación de medio Oriente.
Los liga ideológicamente al kirchnerismo.
“Ahora, en la tortilla del revés, ya es resueltamente fundamentalista, antisemita, admiradora en éxtasis de las ejecuciones públicas, y mientras proclama feminismo, lucha contra la violencia de género, ¡tiempo para el ocio y el gozo de vivir!, no oculta que se muere de amor por los talibanes”, proclama Mactas, sin mención directa al kirchnerismo pero sí a una frase de uno de sus candidatos porteños, Leandro Santoro, quien hizo alusión al “ocio y el goce de vivir”.
También aparece otro artículo, que con mayor sutileza, no hace directa referencia al kirchnerismo pero aporta la llamativa letra “K” pegada al grupo terrorista ISIS en su titular.
La nota en realidad utiliza el artilugio de traer a colación una sospecha no corroborada de un grupo anti talibán ligado a ISIS que pondría en peligro a la población civil que intenta escapar de Kabul, dejándolos como rehénes entre las nuevas autoridades fundamentalistas y este otro grupo terrorista que es opositor al régimen afgano.
La noticia, amañada y “traída de los pelos”, tiene como único interés colocar la “K” pegada al nombre ISIS para impactar nuevamente como símbolo del “eje del mal” ligado a esa letra “demoníaca”.
Cualquier temática vendrá bien para utilizar la letra favorita de la mayoría de los comunicadores.
Si se despalza pronto el centro de atención de los carpinchos o los talibanes hacia los osos polares que se comen a los niños crudos en Groenlandia, ya encontraron el modo de relacionarlos con la “K”, mucho más si es a pocos días del acto electoral.
TE PUEDE INTERESAR





