En el calendario de la política argentina, junio guarda un lugar especial para el romanticismo y la intransigencia. Se cumple un nuevo aniversario de la fundación de la Unión Cívica Radical (UCR), ese movimiento que nació de un portazo al pasado y terminó convirtiéndose en el pulmón institucional de la República. Para entender al radicalismo, hay que viajar a las barricadas de la Revolución del Parque de 1890, donde un “profeta solitario” llamado Leandro N. Alem decidió que la dignidad de los ciudadanos no podía seguir siendo pisoteada por el “Unicato” centralista de Julio A. Roca.
La Revolución: El grito de Alem y la pureza del sufragio
La génesis del partido está bañada en una mística de lucha contra el fraude. Alem, un liberal individualista y federalista convencido, veía en la autonomía de los pueblos la única valla contra el autoritarismo. Aquella revolución de 1890, aunque derrotada militarmente, hirió de muerte al régimen de las elites y sembró la semilla de lo que sería la Ley Sáenz Peña de 1912.

En la provincia de Buenos Aires, el radicalismo como partido, significó una cultura que se expandió por los comités de pueblo. Tras la intervención federal de 1917, la UCR logró desplazar definitivamente al conservadurismo bonaerense, consolidando un liderazgo que —bajo la figura de Hipólito Yrigoyen— supo canalizar la incorporación masiva de nuevos sectores sociales a la vida política.
El presidente que nació en la provincia de Buenos Aires
La historia radical en suelo bonaerense está plagada de anécdotas que pintan su carácter. Una de las más curiosas se encuentra en Pergamino, en la casa natal de Arturo Illia. Para contrarrestar la campaña de desprestigio que lo tildaba de lento, el radicalismo de Catamarca le regaló una estatua de una tortuga que llevaba un escudo de la Constitución Nacional. Aquella tortuga, lejos de ser un insulto, se convirtió en un símbolo de la resiliencia democrática, Illia podía parecer lento, pero su paso era firme y siempre sobre la ley.
La casa del ex presidente en la actualidad se convirtió en un sitio de memoria, siendo un lugar turístico de la provincia de Buenos aires. Se recuerda a Arturo Illia por el compromiso con la salud pública, la educación y la soberanía energética.

El Museo Casa Natal Illia surgió como el proyecto de la Secretaría de Producción, Subsecretaría de cultura y dirección de Turismo de Pergamino con el objetivo de promocionar la importancia del partido en la historia nacional y poner en valor edificios patrimoniales.
Illia fue hijo de Martín Illia, un inmigrante que se instaló en Pergamino. Estudió en su ciudad natal hasta tercer año y luego completó el secundario en Buenos Aires. Realizó su residencia médica en el Hospital San Juan de Dios de La Plata. En la visita a la casa natal en Pergamino en un especial del programa “Bonaherencia de Infocielo Play” uno de los testimonios directos fue su sobrino, Guillermo Illia, quien relata detalles íntimos de la vida del expresidente y su familia.
Sobre su carácter y gestión política
Guillermo Illia enfatiza la necesidad de corregir la imagen pública que se construyó de su tío para justificar el golpe de Estado “hay que desmitificar un poco el tema de del hombre del bonachón este rayando en el tonto que quisieron por ahí mostrar este quienes luego lo derribaron”. Ante el la forma de ser del expresidente, Guillermo afirma que “era un hombre prudente pero que medía también las consecuencias de lo que hacía y hacía lo que hacía a pesar de todo”.
Al preguntarle cómo gobernaba, Guillermo cita una frase característica de Arturo, “se gobierna con tres cosas: con el ejemplo, con el ejemplo y con el ejemplo“.

Sobre la vida cotidiana y sus hábitos
La casa conserva la habitación donde nació el expresidente y objetos que marcan su sobriedad, “en esta cama nació. Esta es la cama de los partos, o sea, en esa época todos los chicos nacían en este lugar acompañados por las parteras”, explica su sobrino en un recorrido mostrando cada sitio de la Vieja casona donde vivió su infancia el ex presidente.
En su paso por la presidencia, “Arturo vivía en la Casa de Gobierno desde el lunes a la mañana al sábado al mediodía; él vivía solo en la Casa de Gobierno y los fines de semana iba a pasar con su familia en la Quinta de Olivos”, explica Guillermo caracterizando el compromiso que tenía Illia con la función pública.
La “mesa política” del radicalismo
La cocina y el comedor de la casa fueron centros de reunión para figuras históricas de la Unión Cívica Radical, tal como detalla Guillermo “alrededor de esta mesa pasó gente como Fernando Solá, Raúl Borrás, Horacio Jaunarena; Raúl Alfonsín era un asiduo visitante de esta casa porque había sido diputado provincial con mi tío Ernesto”. Guillermo relata cómo Arturo recibía a cualquier vecino, como el repartidor de diarios del pueblo, “salía Arturo, lo recibía, le pedía a María Angélica la hermana que le hiciera mate y se ponía a tomar mate con Adolfo el diariero y ahí hablaban de la cantidad de diarios que vendía”.
Sobre una conversación con un interlocutor cuya identidad no revela, Guillermo recuerda que Arturo le comentó, “este tipo habla con la convicción de los ignorantes“.
En la casa se encuentra el regalo que el radicalismo de Catamarca le hizo tras su derrocamiento para ironizar sobre la campaña de prensa que lo tildaba de lento “en el año 68 le regalan esa imagen de Arturo sobre una tortuga con un escudo que dice Constitución Nacional, este como una forma de contraponerse a esa campaña de desprestigio”.
Finalmente, sobre el uso social de la Quinta de Olivos durante su mandato, Guillermo destaca la labor de su tía, “María Angélica hizo funcionar en la propia Quinta de Olivos un contraturno de apoyo escolar a chicos de La Cava de San Isidro”.

