La esquina de 44 y 159, en La Plata, se convirtió en un foco de tensión permanente para los vecinos. Hasta hace ocho semanas funcionaba ahí una estación de servicio con movimiento constante. Hoy es un predio vallado, a oscuras, que nadie controla del todo.
El detonante fue un incendio ocurrido el martes por la noche, que obligó a intervenir de urgencia a Bomberos y a la Policía. Así lo relató un vecino de la zona de nombre Fernando, en diálogo con Albino Aguirre en La Cielo 103.5: “Los bomberos no podían controlar el fuego y nos dijeron que nos teníamos que ir porque podía volar todo”.
Un peligro que no se apaga
Aunque el suministro general de GNC está cortado, las cañerías todavía conservan gas bajo presión. El problema se agrava porque el predio es blanco frecuente de robos: personas ingresan a llevarse las cañerías y, en el intento, terminan liberando el gas acumulado.
“Vienen a querer robar las cañerías… al intentar sacar una tuerca o un caño, empieza a salir el gas”, explicó la persona que dio testimonio radial. Esa manipulación, según los vecinos, fue la que provocó el último escape y el incendio que estuvo a punto de forzar la evacuación de toda la cuadra: “volábamos todos”, resumió.
Tras el episodio, personal de Camuzzi y patrullas municipales se acercaron al lugar para tareas de prevención, pero la respuesta tiene un límite: se trata de una propiedad privada y la empresa no puede intervenir sobre toda la infraestructura.
“Vinieron, ajustaron unas tuercas para que no siga saliendo el gas, pero no pueden hacer nada más porque es propiedad privada”, lamentaron los frentistas.
Saqueos y oscuridad total
El deterioro no se limita al riesgo de explosión. Eduardo, otro vecino de la cuadra, recordó en la misma entrevista con “Palabras Más Palabras Menos” que la estación supo tener tanto movimiento que en épocas de escasez se formaban “colas de hasta dos o tres cuadras”. El contraste con el presente es total: el edificio se desarma a la vista de todos.
“Están saqueándola; se llevan las puertas y ventanas a cualquier hora, a las cinco de la tarde ves a uno que se va llevando una puerta arriba de la cabeza”, describió Eduardo.
La falta de luz en el predio (pese a que en teoría hay serenos) agrava la sensación de inseguridad: vecinos aseguran que la oscuridad facilita tanto el consumo de sustancias como situaciones de acoso hacia las mujeres que caminan por la zona. “No puede vivir un sereno a oscuras”, cuestionó.
El reclamo al dueño
Los frentistas reclaman una solución inmediata al propietario del predio. Contaron que mantienen un contacto mínimo por WhatsApp, sin resultados concretos: “Lo único que me llegó a decir es que ya realizó la denuncia policial y aparentemente no va a hacer nada más”, dijo Fernando. El pedido del barrio es simple y urgente: que se tapie el acceso para frenar el ingreso de intrusos.
Mientras esperan una respuesta, los vecinos empezaron a juntar firmas para llevar el reclamo a la Justicia si la situación no se resuelve en el corto plazo.
Destacan el rol de la Secretaría de Seguridad municipal, que definen como “la única que responde cuando pasa algo”, pero insisten en que no pueden depender de que una patrulla llegue a tiempo antes de que ocurra una tragedia en la esquina de 44 y 159.

