El periodista Pablo Morosi publicó la biografía no autorizada titulada “Los secretos del ciudadano K”, una obra que reconstruye la trayectoria del empresario de medios Raúl Kraiselburd. El autor explicó que la investigación demandó “más de seis años de trabajo” e incluyó más de 300 entrevistas con políticos, empresarios y periodistas platenses.
Morosi dialogó con Adrián Belinche para Infocielo en donde remarcó que el propósito del libro radica en “tratar de hacer una biografía clásica” donde no abundan los adjetivos, para que los propios lectores platenses puedan “reflexionar y tomar sus propias ideas” sobre el alcance de su influencia.
A lo largo de cinco décadas, Kraiselburd ejerció una enorme autoridad desde la dirección de El Día, en una relación entre prensa y política que acumuló controversias.
Un linaje de periodistas con un siglo de historia en La Plata
La vinculación de la familia Kraiselburd con el periodismo platense representa, en palabras de Morosi, “un linaje de periodistas en La Plata en una relación entre el periodismo y ese apellido que lleva ya 100 años”. David Kraiselburd, padre de Raúl, ingresó a El Día como cadete en 1928 y ascendió hasta convertirse en director y accionista del diario.
Tras la muerte trágica de David en 1974 durante un secuestro a manos de Montoneros, Raúl asumió la conducción del grupo a los 30 años. En ese momento, la empresa abarcaba el diario El Día, el vespertino Gaceta de la Tarde y el lanzamiento del diario Popular.
Un aspecto singular de su vida sitúa su nacimiento en Paraguay en abril de 1944, debido a la militancia anarquista de su padre. Sin embargo, una anotación posterior registró de manera apócrifa su nacimiento en City Bell en mayo de ese mismo año.
Desde su juventud demostró una vocación marcada por los negocios. Mientras trabajaba en la Gaceta de la Tarde, concurría al cierre nocturno de El Día para revisar los avisos clasificados antes de su publicación, con el fin de detectar oportunidades comerciales antes que los demás.
“Ojos en toda la ciudad”: poder, secreto y negocios
Kraiselburd mantuvo una postura de estricta reserva personal mientras concentraba un enorme poder en la capital bonaerense. Morosi señaló que numerosos testimonios coinciden en: “Nada de lo que en La Plata funciona, funciona sin que él haya dado su visto bueno“.
Su despacho de Diagonal 80 representó una fortaleza y un panóptico desde donde observaba la vida local. Diversos periodistas y colaboradores le reiteraron al autor esa característica: “Esa también fue una imagen que me reiteraron mucho, sobre todo los periodistas: ‘Kraiselburd tiene ojos en toda la ciudad, en todos lados’. Por eso ese temor de decir: ‘Bueno, hay que cuidarse con lo que digo, a quién se lo digo y en qué contexto lo digo, porque no sea cosa que le caiga mal a Raúl‘
El empresario ejerció su autoridad con hábitos singulares, como hacer esperar a prominentes dirigentes en su recepción. Morosi calificó esa conducta como “una rutina, una forma de ejercitar el poder” para marcar que al único que había que esperar era a él, mientras un entrevistado lo definen como “un león al que había que alimentar con lomo”.
En las décadas de 1980 y 1990, utilizó el poder simbólico del diario como plataforma para volcarse a emprender en el rubro inmobiliario y agropecuario. Durante los seis años de investigación, Morosi mantuvo contacto con él exclusivamente mediante correo electrónico.
Una vida atravesada por la violencia política y la tragedia
Dos crímenes trágicos marcaron la vida de Raúl Kraiselburd entre 1974 y 1976. A la muerte de su padre se sumó, menos de dos años después, el secuestro y asesinato de su pequeño hijo David.
El autor destacó que estos crímenes representan “una herida que sigue permanentemente abierta” en la vida del empresario. Candelario Caballero, un chofer y custodio de extrema confianza de la familia, traicionó al empresario y organizó la banda que perpetró el secuestro del niño.
Aún cuando en un principio se atribuyó el hecho a organizaciones armadas, la justicia determinó que el empleado ingresó a la vivienda con llaves que la propia familia le facilitaba. En septiembre de 1977, Caballero y tres cómplices murieron en una dependencia policial durante un supuesto intento de fuga que dejó serias dudas.
Aquellos trágicos episodios motivaron estrictas normas de privacidad, entre las cuales prohibió que le tomaran fotografías. Antes del retorno democrático en 1983, concedió entrevistas a las revistas Humor y La Semana para presentarse como víctima de la violencia de los años setenta y apostar a la democracia.
Influencia en la elección de intendentes y la escena pública
Morosi confirmó que la enorme influencia política atribuida al director de El Día “no es un mito”, especialmente en lo relativo a la elección de intendentes, la orientación de obras públicas y la asignación de funcionarios. Las decisiones tomadas en el edificio de Diagonal 80 condicionaron durante años la gestión local.
La declaración de Kraiselburd como Ciudadano Ilustre por parte del Concejo Deliberante generó fuertes controversias. El autor atribuyó ese reconocimiento a un “desconocimiento de parte de la política” de muchos concejales jóvenes sobre la trayectoria real del homenajeado.
En esa sesión se le agradeció la cobertura periodística de la trágica inundación de La Plata, un tratamiento que recibió severas críticas por parte de vecinos e investigadores. Sin embargo, Morosi recordó que la línea editorial del diario “prefirió hablar de una lluvia impredecible y extraordinaria” y preservó la gestión del entonces intendente Pablo Bruera.
Pese a las transformaciones tecnológicas y los cambios en la industria de los medios, Kraiselburd mantuvo su presencia diaria en el diario. Su figura permanece como un objeto de debate complejo sobre la historia y el periodismo en La Plata.


