Hablador, histriónico y con una memoria envidiable, Jorge Omar Balmaceda Rojas volvió a “su casa”. A través del aire de La Cielo, el artista que hoy triunfa en el Viejo Continente recordó sus épocas doradas en la frecuencia platense 103.5 (cuando aún no era “La Cielo”) entre 1990 y 1995, momentos en que esa radio funcionaba en “La Favela” sobre la Avenida 19.
“Me trae mucho recuerdo porque fueron momentos felices en La Plata”, confesó quien supo ganar un premio Galena por aquellos años antes de que la vida lo obligara a reinventarse.
De Tolosa al mundo
Criado en el corazón de Tolosa, Jorge no olvida sus raíces: “Soy de un barrio marginal de La Plata; 528, 131 y 132”. Su salto al arte callejero no fue por vocación inicial, sino por pura supervivencia.
En el 97, cuando las changas en televisión se terminaron, vio a su mujer, bailarina clásica, lanzarse a las calles de Plaza Francia. “Ante la necesidad, porque la vida te va llevando por necesidad, vimos una salida laboral instantánea, rápida”, recordó sobre aquellos comienzos que los llevaron de Mar del Plata a Galerías Pacífico.
La gran decisión llegó hace 27 años: “Un día agarramos la maleta y nos vinimos a Barcelona. A los dos días estábamos en la Rambla y a los tres trabajando en agencias“. Hoy, Jorge lidera “Alucinarte”, una compañía cuyo nombre es un homenaje al eslogan de su viejo programa de radio platense: “Nunca me olvidé de La Plata, lo llevo en el corazón”.
El arte de quedarse tieso
¿Cómo hace un tipo tan inquieto para no moverse ni un pelo? La respuesta de Jorge es tan sincera como cruda: “Si lo hacés mal, no ganás”. Para él, la técnica no es solo meditación, sino disciplina y responsabilidad. “Te concentrás porque te tiene que salir bien, con dolores de cuerpo, cansancio o calor“, le dijo al conductor de “Todo no se puede”, Juan Coscarelli.
Esa rigurosidad lo llevó a recorrer más de 30 países, desde los Emiratos Árabes hasta cruceros por Grecia. Recientemente, su talento fue validado con el primer premio en un festival internacional en Bélgica, consolidándolo como uno de los máximos referentes del oficio. “En la calle te encontrás con que tu escenografía es la ciudad”, explicó sobre la magia de un arte que rompe barreras sociales.
De “la 528” a los lujos de Dubái
El reconocimiento que lo puso en boca de todos recientemente fue ese primer premio en el festival internacional de March-en-Famenne, en Bélgica, donde se consagró frente a los mejores exponentes del mundo.
Jorge explica que la diferencia con Argentina no es únicamente artística, sino principalmente estructural y económica: un festival de este calibre en Europa cuenta con presupuestos que rondan los 300.000 euros, respaldados por una red de sponsors que incluye desde aerolíneas y cadenas de hoteles hasta la lotería oficial.
“Hay una inversión permanente entre la obra del artista y quién lo hace“, señaló, contrastando esta realidad con la local, donde bromeó sobre el revuelo que se armaría si el municipio de La Plata destinara fondos para poner estatuas, por ejemplo, en la avenida 53.
Ese éxito internacional lo llevó a pisar escenarios impensados para aquel pibe que “tarjeteaba” en los boliches platenses para sobrevivir: ya estuvo 10 veces en Dubái y trabajó en eventos de élite como la Fórmula 1 en Kuwait y Bahrein, además de citas del Moto GP en Barcelona.
A pesar de haber recorrido más de 30 países y de prepararse actualmente para actuar en cruceros por Grecia (un desafío extremo donde debe mantener el equilibrio sobre zancos mientras el barco se mueve), Balmaceda no olvida que su temple se forjó en el barrio de 528, 131 y 132. Para él, la clave de su estatismo perfecto nació de la pura necesidad, recordando que esa misma disciplina es la que lo llevó de la mítica “favela” radial platense a ser un artista de exportación.
Aunque hoy vive rodeado de escenografías diseñadas por su socia catalana Marta Leopard, Jorge dejó la puerta abierta para volver a caminar las calles de las diagonales. Antes de despedirse, entre risas y emoción, dejó un consejo para sus ex colegas: “No se mueran nunca”.

