Tal como lo habíamos adelantado en Infocielo, el cierre de la hamburguesería platense Casa Otilia no era una simple cuestión de “hastío del éxito”. Lo que en un principio se presentó como un retiro romántico por cansancio, terminó por desmoronarse frente a la cruda realidad económica que atraviesa el sector gastronómico en La Plata.
El propio dueño, Mauricio Tiravantty, publicó un descargo donde, entre ataques a los usuarios y una honestidad brutal, terminó admitiendo lo obvio: el aburrimiento fue la puerta de entrada al descuido, pero la crisis fue el golpe de gracia.
El reconocimiento del descuido
En su nueva aparición, el empresario comenzó con un tono desafiante: “Ajá, pisaron el palito. Pero bueno, vení que te explico los motivos del cierre”. Si bien intentó mantener la narrativa del desgano personal, esta vez admitió que ese sentimiento tuvo consecuencias directas en la calidad de lo que ofrecían, algo que los clientes ya notaban en las mesas vacías del local.
El testimonio es contundente al respecto: “Es cierto. Así el motivo de transfondo que cerramos porque nos aburrimos y como nos aburrimos lo descuidamos, descuidamos el proyecto, descuidamos el producto, ya no somos los pibes de 19”.
Esta declaración confirma la hipótesis: el relato del “éxito constante” era un eufemismo para no admitir que el negocio ya no era lo que fue y que el interés por sostenerlo se había esfumado ante la adversidad.
Una economía “en la verg*”
Donde el descargo se vuelve más crudo es al analizar el contexto nacional y local. Tiravantty no escatimó en términos duros para describir la situación que enfrentan los comerciantes hoy en día. Según sus palabras, el cierre es el resultado del “aumento de servicios, al aumento de materia prima, a la baja de consumo, a la baja de poder adquisitivo, porque claramente El país está en la verga”.
Esta descripción de la realidad económica propia y del país deja de lado cualquier intento de “marketing” estético para Instagram. El dueño reconoció que la competencia es feroz y que el bolsillo del platense no perdona: “si levantás la baldosa, salen dos hamburgueserías, claramente la gente va a elegir dónde poner su dinero que tanto le cuesta gastar y nuestras ventas van a bajar porque estos proyectos sí le ponen ganas”.
Es, en esencia, la admisión de que el contexto actual no permite errores ni un mínimo de falta de entusiasmo.
El detonante del alquiler
A pesar de que el negocio “funciona” y da trabajo, el empresario reveló que el factor decisivo fue un problema común a miles de locales: la renovación del contrato de alquiler.
En un momento de sinceridad absoluta, confesó que el final se pactó para noviembre: “el detonante de todo esto fue la finalización del contrato. Se termina el contrato. Es una actualización que nosotros no queremos pagar realmente”.
Ante este escenario, Tiravantty cerró el tema cuestionando la lógica de seguir peleando en un contexto tan hostil: “¿para qué seguir manteniendo un proyecto al que ya no queremos seguir sosteniendo? Ya sea acá, ya sea en otro lado. Por que funcione, a veces está bien cerrar”.
Con la fecha de cierre fijada para noviembre, Casa Otilia se despide dejando en claro que el “aburrimiento” fue solo la punta del iceberg de una caída económica que ya no pudieron, ni quisieron, remontar.

