El Delta del Río Santiago tiene, desde este año, su primera reserva natural de gestión privada. La iniciativa lleva el nombre “Delta del Río Santiago” y fue impulsada por la Asociación de Productores y Propietarios Ribereños (APPR), que conduce Jorge Barrionuevo. El acta fundacional se firmó el 26 de junio pasado, en una reunión que reunió a productores de la zona con años de historia en el Delta de Berisso y Ensenada.
Lo llamativo del proyecto es que no nació de una disposición estatal, como suele ocurrir con este tipo de áreas protegidas, sino de una decisión tomada puertas adentro por los propios dueños de los terrenos. “El objetivo fue construir consensos entre quienes vivimos, trabajamos y conocemos este territorio”, explicó Barrionuevo, secretario de la Asociación, al presentar la iniciativa.

Un reclamo de varios años
La zona no es nueva en la agenda ambiental de la región. El Delta del Río Santiago está declarado Paisaje Protegido desde 2001 por la Ley provincial 12.756, una norma que obliga a los municipios de Berisso y Ensenada a coordinar la gestión del área. Sin embargo, ese marco legal nunca se había traducido en una reserva concreta.
Ya hace más de una década que naturalistas de la zona venían insistiendo con la idea. En 2014, mucho antes de que el proyecto tomara forma, Julio Milat lo planteaba en estos términos: “todavía estamos a tiempo de implementar medidas para protegerlo. La oportunidad es ahora”. Y agregaba una idea que terminó siendo el corazón de la reserva actual: “el desarrollo del puerto y el cuidado de nuestro delta no son necesariamente una contradicción; pueden coexistir”.

Once familias, por ahora
En esta primera etapa, el proyecto suma los terrenos de once familias: Álvarez, Cortez, De Simone, Di Gilio, Gallosi, Leotta, Lugones, Machado, Magliano, Viegas y Zárate. La reserva funciona como un mosaico de propiedades privadas donde cada productor decide, de manera voluntaria, si integra o no su terreno, y quedó abierta a la incorporación progresiva de otros dueños de tierras del Delta.
Edgardo Lugones, otro de los integrantes de la Asociación, definió el logro como “la síntesis de más de veinte años de trabajo” de la entidad en defensa del humedal, y remarcó el doble objetivo del proyecto: “siempre buscamos preservar el ambiente y también la cultura productiva de la región, como el vino de la costa y el trabajo de los isleños”.

Un humedal con 170 especies
El área protegida es hogar de unas 170 especies entre aves, reptiles, peces y mamíferos nativos, según el relevamiento del naturalista y fotógrafo Julio Milat, convocado por los propios vecinos para asesorar el proyecto. “Hay una biodiversidad extraordinaria que muchas veces no conocemos”, resumió Milat sobre el estado actual del monte ribereño.

Producción y ecoturismo, de la mano
El proyecto no busca desplazar las actividades productivas tradicionales del Delta: ahí conviven saúces y álamos para la industria maderera, cultivos de caña y mimbre, apicultura, cítricos, ciruelas y los viñedos donde se elabora el histórico Vino de la Costa —la bebida que la Cooperativa homónima celebró semanas atrás en su 23ª Fiesta, durante el fin de semana largo de la Independencia—.

A la par de la conservación, los impulsores apuntan a desarrollar circuitos de turismo ecológico y actividades educativas —caminatas, charlas, observación de aves— y ya avanzan en sumar la reserva a la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas.

