“Es un problema espinoso, un asunto espinoso siempre lo fue, lo sigue siendo, y ya probamos con no hablar de esto, así nos está yendo, con números que van en aumento”. Con esa premisa directa comenzó la entrevista con Adrián Belinche en los estudios de INFOCIELO PLAY, donde el periodista Fernando Tocho repasó casi una década de investigación reflejada en el libro Hablemos del suicidio, elaborado junto a su colega Marcela Ojea.
Lejos del oscurantismo mediático que durante décadas rodeó a estas tragedias bajo el dogma de “suicidios no cubrimos”, Tocho puso sobre la mesa datos crudos que interpelan a la sociedad y al Estado. “Hace rato que de las muertes violentas es la número uno”, sentenció el investigador. Y detalló la dimensión de esa afirmación, “de las muertes violentas es más probable que te suicides a que te maten o a que mueras en un accidente de tránsito”.
Una cifra que no para de crecer
Al analizar la evolución epidemiológica a nivel nacional durante los últimos siete años, la tendencia resulta abrumadora. “Subió en un 22 por ciento, pasó de 4.000 y pico a 5.000 por año en todo el país”, explicó Tocho. El impacto traducido al reloj cotidiano es alarmante, “a nivel nacional vos tenías 11 suicidios por día y pasaste a tener 14. Tenías uno cada 2 horas; hoy tenés uno cada una hora y ocho minutos”.
En la ciudad de La Plata y la región del Gran La Plata, el panorama muestra picos de hasta 110 casos anuales, registrando 90 casos en el último informe anual. En ese universo, la franja etaria más golpeada coincide con la fuerza productiva de la sociedad, “casi el 52 por ciento tenían entre 19 y 40 años, que es la población económicamente activa. Vos sabes que ese cálculo nos da calcado año tras año”.
El mito del “efecto contagio” y la certeza de la prevención
Durante años, las redacciones y los manuales de periodismo impusieron el silencio bajo el temor de provocar una ola de imitación. Sin embargo, Tocho derriba ese paradigma amparándose en la evidencia científica internacionales, “la ONU marca que el 80 por ciento de los suicidios son evitables con un tratamiento responsable y una posvención. Ese indicador a nosotros nos dio luz verde para decir, ‘mirá, acá hay un mito que podemos derribar de que está prohibido hablar porque va a contagiar’. Preconizar eso es subestimar a la gente”.
Frente al miedo al contagio, el periodista contrapone el denominado “efecto Papageno”, según el cual la comunicación adecuada sobre cómo superar las crisis personales ayuda a salvar vidas. “El que se suicida no es que no quiere vivir más, no quiere sufrir más. El suicidio es una salida al sufrimiento”, conceptualizó.
Jóvenes en la mira: ciberbullying y la presión 24/7
Al abordar las causas que explican el aumento de casos en adolescentes y jóvenes universitarios, Tocho rechazó las lecturas unicausales y señaló la acumulación de presiones y factores detonantes. Desde la presión de estudiantes del interior por no fallar a sus familias hasta la irrupción de las apuestas virtuales y la violencia digital.
“Cuando nosotros íbamos a la escuela te hacían bullying, te ibas a tu casa y se terminaba el bullying ese día. Ahora no: ahora sigue por el teléfono, te hacen un meme, te usan la IA y eso golpea 24/7. Por eso quizás los índices en los jóvenes han crecido tanto”, explica el periodista.
El drama oculto en las fuerzas de seguridad
Uno de los tramos más impactantes de la entrevista giró en torno a la realidad dentro de las instituciones policiales de la provincia de Buenos Aires. “Hace al menos cuatro años hay más policías que mueren por suicidio que en enfrentamientos armados”, reveló Tocho.
A pesar de que los equipos psicológicos “no dan abasto”, la respuesta institucional suele toparse con el silencio o los debates de coyuntura sobre el porte de arma reglamentaria. “En las fuerzas de seguridad, el 99 por ciento elige el arma de fuego porque es lo que tiene a mano”.
Redes de apoyo contra el “no lugar”
Para concluir, el investigador reflexionó sobre la importancia de la detección temprana a través de las señales que las víctimas suelen dejar en sus redes o entornos antes de tomar una decisión. Ante la pérdida de “lugares de asignación” o identidad social que hace que una persona se sienta “nadie”, Tocho apeló a la empatía cotidiana, “una escucha activa en estos tiempos vale muchísimo. No podés estar mirando el celular mientras alguien te cuenta que la pasa mal. Escucharlo activamente y no menospreciar lo que dice hace que la persona se sienta valorada. Alguien que toma esa decisión siente que no tiene valor, que es nadie”.


