El padre Marcelo Alejandro, cura de la parroquia San Luis Gonzaga de Villa Elisa, no siempre tuvo la sotana puesta. Durante su entrevista en LA CIELO, reveló que hasta los 20 años llevaba una vida “común”: estudiaba cuarto año de ingeniería electrónica, jugaba al tenis y tenía novia.
Su decisión de entrar al seminario a los 23 años, poco después de bautizarse, fue un impacto total para su entorno: “Fue un balde de agua fría con cubitos para la familia; era hijo único, me iba muy bien en ingeniería… no era lo que mis padres proyectaban”.
Su transición de la técnica a la fe tuvo una raíz filosófica. “Como yo venía del mundo de la técnica, lo que siempre estudiamos fue el manejo de las cosas; cuando me acerco a la Iglesia empiezo a descubrir que hay algo más, que hay preguntas más profundas: ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué sentido tiene la vida?”, explicó el sacerdote, destacando que el humanismo le abrió un mundo que la tecnología no lograba responder.
La metáfora del “baño” y la fiesta de la misa
Para explicar conceptos teológicos complejos, Marcelo Alejandro recurre a analogías de la vida cotidiana. Al ser consultado sobre la necesidad de confesarse antes de comulgar, utilizó una comparación muy gráfica: “Para nosotros la misa es la fiesta del cristiano, el encuentro con el amor. ¿Qué hacés antes de ir a una fiesta? Te bañás. Necesitamos estar lo más limpios posible para el encuentro; la confesión es ese baño, es la purificación”.
En esa misma línea, aclaró que, si bien la Iglesia busca empatizar con el mundo moderno a través de redes sociales o la radio, no debe perder su esencia: “No estamos para entretener a la gente ni para divertirlos; la misa no es una diversión, es una celebración de algo tremendo y hermoso. No es una festichola, es una fiesta”.
El debate sobre la religión y la infancia
Uno de los momentos más picantes de la entrevista fue su postura sobre si los niños deben elegir su religión al madurar. El padre fue tajante y utilizó una comparación futbolera para cerrar el debate: “Dicen que en la religión elija cuando madure, ¿pero es socio de Gimnasia al minuto de nacer?”.
Para él, la transmisión de valores es una responsabilidad parental ineludible: “Ustedes eligen por sus hijos: le eligen la comida, la ropa, el jardín. Cuando es más grande, con la Confirmación, él reafirmará”.
Una Biblia que no es un libro de historia
Respecto a la interpretación de los textos sagrados, el párroco advirtió sobre los peligros del literalismo. “La Biblia no se puede entender sino en el marco de la Iglesia; no es un libro de historia”, sentenció. Explicó que el Génesis o relatos como el de Jonás y la ballena tienen “componentes míticos que nos quieren enseñar algo fundamental: el origen de las cosas, del pecado y del mal”, y que requieren comprender los géneros literarios de la época.
De cara a la Semana Santa, el padre Marcelo dejó una reflexión inspirada en San Juan Pablo II para los tiempos de crisis. “Mi vida es un testimonio de esto: el amor vence. Aunque a veces pareciera impotente —como Jesús en la cruz—, el amor vence”.
Finalmente, celebró el espacio radial como un “areópago moderno”, comparándolo con los lugares de reunión de los filósofos griegos: “Es un lugar donde cada uno da sus opiniones, invita a gente y la gente escucha para pararse a pensar en este mundo donde se vive escroleando”

