Valeria del Mar Ramírez es la primera mujer trans querellante en un juicio de lesa humanidad. Esta semana se realizó en la ciudad de La Plata una nueva audiencia del llamado Juicio Brigadas de Banfield y la sobreviviente contó las torturas que padeció en el centro clandestino de detención conocido como el pozo de Banfield.
En el Juicio Brigadas de Banfield se juzga a 16 represores por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar a casi 500 personas en varios centros clandestinos. Valeria del Mar Ramírez declaró las reiteradas violaciones que sufrió y todo lo que vio: “Yo no era militante y me parecía que estaba con gente demente porque para que quieran hacer esas cosas no veía la razón”, expresó.
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En su declaración también mencionó a una joven que había sido madre y a la que mandaron a limpiar “la mugre” de su propio parto: “Vi entrar a la chica, pelo largo, delgado, demacrada, amarilla, todo el vestidito lleno de sangre, con botones, la agarro de la mano y la apoyo en un piletón, porque no se podía mantener en pie y le digo quedate y le puse a llenar el balde”, narró Ramírez en la transmisión a cargo de Pulso Noticias, y agregó: “Cuando salgo veo que el policía tenía el bebe en brazos”.
Valeria fue citada en la causa 737 sobre privación ilegal de la libertad e imposición de torturas y en un estremecedor relato, narró las dos detenciones que sufrió en dictadura desde el momento en el que la secuestraron en la localidad de Llavallol de la provincia de Buenos Aires: “Yo trabajaba en Camino de cintura, Ruta 4, entre Segui y Rotonda de Llavallol, ahí conseguí una plaza que en ese momento me consiguieron las compañeras y aparte de eso tenía que pagarle al jefe de calle. Mi trabajo era ejercer la prostitución y fue a fines de 76 y principios del 77”, detalló.
Las torturas en dictadura al movimiento travesti trans
“La primera vez fue una razia, que nos avisó el jefe de calle que nos fuéramos y volviéramos al otro día o a la madrugada porque pasaban inspectores y no quería ver ninguna parada en la ruta. Nosotras no hicimos caso, nos quedamos en una estación de servicio que había en la esquina”, narró Valeria del Mar Ramírez en la audiencia 88 de este martes.
En esa oportunidad, contó, las llevaron a la comisaria de Llavallol a todas: “Éramos 14 o 15 todas las que trabajábamos en esa ruta de Seguí a Llavallol. Ahí nos llevaron y nos fueron dividiendo porque no podíamos estar todas en Llavallol”, recordó. A Valeria y a sus compañeros las fueron repartiendo: “La hormiga, Romina y a mí nos llevaron a Banfield, a los calabozos, ahí estuvimos dos días”.
La segunda vez que a Valeria la detuvieron la tuvieron 15 días en los que la torturaron sistemáticamente: “De repente para un Ford Falcon y se bajan dos de atrás y nos agarran del brazo, nos meten, nos arrodillan entre medio de las piernas de ellos con la cabeza para abajo y les digo recién llegamos, no estamos haciendo nada y el de adelante dice cállense la boca que ya van a saber a donde van a ir”, recordó la sobreviviente.
En el camino, Valeria recuerda que preguntaban y les golpeaban la cabeza: “Cuando vamos llegando, era un portón de chapa y todo campo”, describió al centro de detención el Pozo de Banfield en donde “un policía agarró un teléfono y dijo acá tienen las cachorras que habían pedido“, detalló.
“Lamentablemente no sabíamos por qué estábamos ahí”, expresó Valeria y describió día por día, tortura tras tortura: “Mas tarde vinieron dos policías y me violaron, primeramente me dieron unos golpes. Otra vuelta vinieron cuatro, uno de ellos, que era de la provincia, me dijo sos muy linda, hay carne blanca y los otros se reían, forcejeé y me violaron los cuatro. Y así sucesivamente”.
La sobreviviente y primera querellante travesti en declarar en un juicio por delitos de lesa humanidad fue forzada a practicarle sexo oral a sus secuestradores a cambio de comida, además de ser amenazada con distintos elementos a la hora de ser violada, incluso con una rata: “Yo ya la verdad no sabía que hacer, preferiría que dios me lleve, pero lo peor fue que otro día vienen me sacan, me llevan a otro lugar y me ponen un pedazo de manguera, eran como seis riéndose y yo pidiendo auxilio, no sabía qué más pedir”, recordó.
Valeria que actualmente forma parte del Sindicato de trabajadorxs Sexuales de Argentina AMMAR, expresó: “Yo no era militante y me parecía que estaba con gente demente porque para que quieran hacer esas cosas no veía la razón”.
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