El caso no solo expone una denuncia por agresión, sino también una secuencia de advertencias que, según la víctima, no encontraron respuesta a tiempo. En Pilar, una mujer volvió a señalar a su expareja por un ataque violento dentro de su vivienda y cuestionó el accionar judicial: asegura que, pese a los antecedentes, el hombre sigue libre.
El episodio más reciente ocurrió puertas adentro, en un contexto que —según reconstruyó— ya estaba marcado por conflictos previos. La mujer sostiene que la situación se desbordó cuando intentó poner un límite y exigir que el acusado se retirara del lugar. A partir de ahí, describe una reacción inmediata y violenta que terminó con lesiones visibles en su rostro.
Pero el eje del caso no está solo en ese hecho puntual. La denunciante afirma que ya había acudido a la Justicia meses antes y que incluso aportó pruebas para respaldar sus dichos. En ese sentido, plantea que el ataque no fue un hecho aislado, sino la continuidad de una dinámica que —según su versión— se arrastra desde hace tiempo.
Como parte de esa exposición, difundió un registro audiovisual que muestra parte de la agresión. Sin embargo, remarcó que las imágenes no alcanzan a reflejar la totalidad de lo vivido. El video, de todos modos, se incorporó al expediente judicial.
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Durante la investigación, se llevó adelante un procedimiento en el que habrían encontrado armas en poder del acusado, un dato que suma tensión al caso. Aun así, no hubo avances que deriven en una detención o en una citación formal a declarar, de acuerdo al planteo de la víctima.
La situación genera inquietud por un punto clave: la distancia entre las denuncias previas y las medidas concretas de protección.

