Una relación que comenzó cuando ella tenía apenas 14 años terminó convirtiéndose, según su familia, en una sucesión de episodios de violencia que volvieron a recrudecer en las últimas horas en Miramar. La joven, de 19 años, sufrió un profundo corte en la frente después de que su expareja presuntamente la golpeara durante una pelea y debió ser trasladada al hospital para recibir varios puntos de sutura.
La secuencia que terminó con la joven herida comenzó varias horas antes del ataque. Según contó su madre, el hombre la encontró en la calle mientras esperaba a otro joven y le pidió que subiera a su moto. Ella accedió por temor a que la situación generara un nuevo conflicto.
Durante el trayecto, el hombre habría visto al otro chico y reaccionó violentamente. De acuerdo con el relato familiar, arrojó la moto, intentó enfrentarlo y luego se llevó a la joven hasta el lugar donde vivía.
María consiguió alejarse después de una primera discusión y regresó hacia su casa. Pero descubrió que no tenía las llaves. Volvió entonces sobre sus pasos para buscarlas y terminó nuevamente frente a la vivienda de su expareja.
Lo que ocurrió después derivó en una nueva agresión. El hombre habría comenzado a golpearla, la habría tomado del cabello y arrojado al suelo. También habría utilizado una tabla para atacarla.
En medio del forcejeo, la joven alcanzó un cuchillo y lo hirió en un pie para conseguir que la soltara. Logró salir de la vivienda, pero el hombre habría ido detrás de ella con un palo.
Fue entonces cuando recibió el golpe que le provocó la herida en la frente.

La agresión no terminó allí. Según la denuncia, después de atacarla el hombre tomó el teléfono celular de la joven y lo estrelló contra el piso.
María consiguió finalmente llegar a su casa. Su madre estaba allí y se encontró con una escena que la alarmó: la joven había llegado cubierta de sangre.
“Me estoy desangrando”, le habría dicho.
La familia pidió una ambulancia y asistencia policial. Como la atención médica no llegó, la madre decidió llevarla por sus propios medios hasta el Hospital de Miramar.
Los médicos debieron suturarle la herida y continuar con curaciones. La joven también recibe antibióticos para evitar complicaciones.
UNA DENUNCIA PREVIA
Pero el episodio tiene un antecedente que preocupa especialmente a su familia. El 9 de octubre, María ya había denunciado a su expareja por una situación en la que, según consta en la presentación, el hombre se presentó durante la madrugada en su vivienda, discutió con ella y terminó sacando un revólver calibre 32.
La denuncia sostiene que le colocó el arma en la cabeza y la amenazó. Antes de retirarse, habría efectuado disparos al aire.
Para la madre, aquello no fue un hecho aislado. Según contó, durante meses recibió información de vecinos sobre agresiones y amenazas. También aseguró que su hija sufría las consecuencias emocionales de las peleas y que después de cada episodio prometía terminar definitivamente con la relación, aunque volvía a vincularse con él.
La familia sostiene que esa dinámica se repitió durante años. María conoció al hombre cuando era una adolescente y, de acuerdo con el relato de su madre, ambos comenzaron a verse a escondidas. Con el tiempo, las separaciones y reconciliaciones se volvieron frecuentes.
Ahora, además de recuperarse de la lesión, la joven y su familia intentan que la nueva denuncia sea investigada teniendo en cuenta los episodios anteriores.
Uno de los puntos que cuestionan es la reconstrucción de la madrugada a partir de las cámaras de seguridad. La Policía habría solicitado inicialmente las imágenes desde las 5 de la mañana, pero la familia sostiene que la secuencia había comenzado mucho antes, cuando el hombre trasladó a María en moto hasta su vivienda.
También cuestionan que la agresión haya sido consignada como lesiones leves. Para la madre, la herida que sufrió su hija y los antecedentes de violencia muestran que el riesgo no terminó con el último ataque.
Mientras tanto, María intenta recuperarse de una herida que, más allá de la lesión física, volvió a poner a su familia frente al temor de que la próxima agresión pueda ser todavía peor.
Tiene 19 años, un bebé y, según su madre, quiere seguir adelante. Su familia reclama que esta vez la violencia no quede reducida a una nueva denuncia y que se adopten medidas antes de que sea demasiado tarde.


