Desde el ataque fallido contra Cristina Kirchner hasta el presente, los medios de comunicación corporativos intentaron, a veces sutilmente y otras de modo desembozado, desacreditar los orígenes de dicho atentado, restando importancia al peligro directo que sufrió la entonces vicepresidenta, y deslizando sospechas sobre su autenticidad.
En un artículo de éste fin de semana, el Diario Clarín pone el foco ‘la falta de custodia’ y el hipotético ‘deseo de Fernández de Kirchner de no estar tan estrechamente vigilada’, insinuando una culpabilidad implícita de ella misma por el ataque sufrido.
ASÍ LO PRESENTA CLARÍN
“Atentado a Cristina: la Fiscalía pone el foco en la ex presidenta y remarcó que no cumplía el protocolo de custodia”, dice el titular del diario. Luego agrega: “Así se develó en el marco del juicio oral y público en marcha contra los acusados del ataque a la ex vicepresidenta. El informe dice que la ex mandataria quería contacto directo con la gente y hasta el caso de Milei durante la agresión que sufrió durante los actos de su asunción”. (SIC)
El enfoque de Clarín hace recordar a la polémica frase “pollerita corta” utilizada en el pasado para culpabilizar a las víctimas de acoso sexual.
Este tipo de argumentación sugiere que las mujeres que visten ropa considerada provocativa son responsables de los ataques que sufren. De manera análoga, la cobertura mediática actual sobre el atentado a Cristina Fernández de Kirchner parece culparla por haber estado demasiado cerca de la gente y no haber cumplido con el “protocolo de seguridad”.
El atentado contra Cristina Fernández de Kirchner fue un hecho extremadamente grave. Sabag Montiel, confeso responsable junto a probados cómplices le apuntó a la cabeza y disparó, aunque la bala no salió. Este suceso, si bien puso en evidencia las falencias en la seguridad y la vulnerabilidad a la que estuvo expuesta, no puede ser más importante que la gravedad propia del atentado y dar lugar a que Clarín y sus fiscales opten por desviar la atención hacia lo que describen como “decisiones personales de la víctima’.
La analogía con la “pollerita corta” no es casual. Ambos casos reflejan una tendencia a culpar a la víctima por su situación, en lugar de focalizarse en la responsabilidad del agresor. En el contexto del atentado a Cristina Fernández de Kirchner, la narrativa de que su deseo de tener contacto directo con la gente la puso en riesgo, minimiza la culpabilidad de los atacantes y trivializa el intento de asesinato.
EL FIN ES ‘BAJARLE EL PRECIO’ AL ATENTADO
Esta estrategia mediática tiene consecuencias peligrosas. Al restar importancia al atentado, se corre el riesgo de perpetuar la idea de que las víctimas son, en cierto modo, responsables de los ataques que sufren, lo cual es una falacia dañina.
El tratamiento que los medios hegemónicos como Clarín, y por lo general también La Nación, brindan al atentado contra Fernández de Kirchner refleja ese sesgo político evidente.
El odio de estos sectores mediáticos hacia el kirchnerismo es tan profundo que se llega al extremo de culpar a la propia Cristina Fernández de haber sido la instigadora de su propio atentado por haberse expuesto. Esta perspectiva distorsiona la realidad de lo sucedido.
Desviar la atención hacia detalles irrelevantes o culpabilizar a la víctima no solo es una falta de respeto, sino que también contribuye a una cultura de impunidad.


