En medio de las idas y vueltas de la guerra con Rusia, a algunos funcionarios de Ucrania se les ocurrió una idea bastante particular que trascendió en las últimas horas. Estuvieron testeando si servía renombrar un pedazo de la estratégica región del Donbás en disputa con su país vecino, como “Donnylandia”.
La intención detrás de esto es la de querer congraciarse y llamar la atención de Donald Trump para ver si, con un gesto genuflexo de este tipo, el presidente norteamericano se muestra más predispuesto a jugar a favor de ellos.
Un anzuelo simbólico
Según lo que cuentan agencias internacionales y el diario The New York Times, esto no se trató de un plan oficial del gobierno de Zelenski, sino más bien de una hipótesis que tiraron sobre la mesa en ámbitos diplomáticos y de análisis estratégico, prácticamente como una broma, que se volvió tangible.
En una muestra de cómo cada vez más líderes internacionales apelan al ego y la vanidad de Trump para proteger sus intereses, la movida tenía un carácter mucho más simbólico que operativo; lo que buscaban era influir directamente en cómo el líder republicano ve el conflicto en este momento.
El Donbás viene siendo el corazón de la pelea con Rusia desde 2014, y la situación se puso mucho más picante desde que arrancó la invasión total en 2022.
La zona en cuestión cubre unos 80 kilómetros de largo y unos 64 de ancho, y según Ucrania cuenta con unos 190.000 habitantes, aunque otras fuentes consultadas por el New York Times creen que quedan menos de 100.000, dada su proximidad al frente y el colapso económico en ese área industrial y minera.
Mientras que para Kiev es un territorio soberano que no están dispuestos a regalar, Moscú dice que esa zona les pertenece y que no hay vuelta atrás con la anexión.
Ucrania insiste en que puede defender el área y no quiere cederla a Rusia, que ya controla la mayor parte del Donbás, aunque en diciembre, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se mostró abierto a llegar a una solución intermedia, con la creación de una zona desmilitarizada o de libre comercio en ese territorio en disputa.
Lo cierto es que, aunque la propuesta de “Donnylandia” suena bastante llamativa, los que conocen la interna aseguran que la cosa no pasó de una charla de pasillo. No hubo avances reales ni se le mandó el mensaje a Trump de manera directa por los canales habituales.
El peso de la realidad
Todo este asunto se entiende mejor si se observa el clima de incertidumbre que hay por estos días. Ucrania sabe perfectamente que Estados Unidos es el que “le banca los trapos” a nivel militar y financiero, por lo que cualquier “seducción” a Trump les parece adecuada.
Por eso mismo, las autoridades de Kiev andan buscando formas creativas de no perder el respaldo del muy particular presidente, incluso tirando estas ideas que parecen manotazos de ahogado simbólicos ante un escenario tan complicado.
Ucrania quiere lograr con ello que Estados Unidos presione a Rusia para que relaje su postura, pues hasta ahora, el Kremlin se mostró dispuesto a formar una zona desmilitarizada, pero únicamente si la patrullan fuerzas armadas o policías rusos, algo que Kiev considera inaceptable, añade el diario.
«Contar con la impronta de Trump en (el nombre de) una zona económica libre es algo que (los ucranianos) consideran probablemente una especie de elemento disuasorio» para evitar futuras invasiones de Rusia, dijo al rotativo neoyorquino Samuel Charap, analista del centro de estudios Rand Corporation.
Igual, los expertos en relaciones internacionales coinciden en que, por más nombres creativos que inventen, la guerra es un tema demasiado complejo para resolverse con una simple jugada de marketing.
Un negociador ucraniano llegó a crear una bandera verde y dorada para «Donnylandia» e incluso un himno nacional con la ayuda de ChatGPT, pero no está claro si se los enseñó al lado estadounidense, afirma el periódico.
La pelea por el Donbás involucra cuestiones militares, históricas y geopolíticas de un peso enorme, que exceden por lejos cualquier gesto nominal o comunicacional.
Al final, la idea de “Donnylandia” queda como una anécdota curiosa, un episodio marginal que muestra hasta dónde puede llegar la creatividad diplomática cuando las papas queman y no se ve una solución a la vista en el horizonte.

