Una ola de movilizaciones y huelgas de la juventud y el movimiento estudiantil recorre las principales capitales de Europa, poniendo en jaque a gobiernos centrales como los de Emmanuel Macron en Francia y Giorgia Meloni en Italia. Aunque los detonantes inmediatos varían entre el rechazo a los recortes en la educación pública y el encarecimiento del costo de vida derivado del gasto militar, el fenómeno responde a un malestar estructural que sacude las bases del continente.
En diálogo con LA CIELO 103.5 durante el programa Palabras Más Palabras Menos, el analista internacional Gabriel Puricelli brindó una radiografía del escenario europeo observada desde la Argentina. En su exposición, el politólogo desmenuzó los factores que explican la escalada en las calles, el endurecimiento de la represión estatal y la aparente contradicción entre los reclamos por mayor presencia del Estado de bienestar y el crecimiento electoral de las fuerzas conservadoras en las encuestas.
El “bajo continuo”: el quiebre del pacto democrático de posguerra
Para Puricelli, detrás de la diversidad de consignas locales existe una causa de fondo que opera como un “bajo continuo” en toda la región: la toma de conciencia de los jóvenes sobre el deterioro de sus perspectivas socioeconómicas. “Hay una especie de bajo continuo detrás de todas las movilizaciones, y esto tiene que ver con una generación de adolescentes y jóvenes que empieza a percibir que su futuro económico y social no va a ser mejor que el de las generaciones anteriores”, explicó el especialista.
En esa línea, el analista remarcó la trascendencia que posee esta ruptura dentro de la historia política del continente. “El pacto que funda la democracia en la segunda posguerra es que efectivamente cada generación ha estado mejor que la anterior, y esta es la primera que llega a la toma de conciencia política en un momento donde todo parece indicar que esa promesa va a dejar de cumplirse”, señaló Puricelli, definiendo esa frustración estructural como el escenario sobre el cual se montan los conflictos específicos de cada país.
De la tijera presupuestaria al rearme militar: las chispas en Francia e Italia
Al repasar los gatillos particulares que encendieron la protesta, el analista describió el conflicto francés mediante la metáfora de las capas de una cebolla. “En Francia fue una protesta de los estudiantes secundarios detrás de los cuales surge el apoyo de los estudiantes universitarios, luego de los sindicatos y luego de los chalecos amarillos; esas son las capas de la cebolla de la protesta francesa”, detalló. El reclamo central exige 10.000 millones de euros suplementarios para el sistema educativo frente al proyecto de ajuste fiscal presentado por el Ejecutivo. La cifra solicitada por los estudiantes representa menos de una sexta parte de los 62.000 millones de euros anuales que el Estado francés dejó de percibir por los recortes de impuestos aplicados durante la década de gestión de Macron.
Por su parte, el escenario en Italia estuvo motorizado por la pérdida de poder adquisitivo y la reorientación del gasto público hacia la defensa en el marco del conflicto bélico en Ucrania. “En Italia está más directamente relacionado con reclamos por el costo de vida y contra el gasto público en defensa por este plan de rearme europeo y el esfuerzo que Europa está teniendo que hacer para defender a Ucrania”, indicó el politólogo. Esta reasignación presupuestaria hacia el sector militar implica una quita directa de fondos que previamente se destinaban a bienes públicos indispensables como la educación y la salud.
Frente a la multiplicación de las marchas, la respuesta de las administraciones europeas se concentró fuertemente en el terreno punitivo. En suelo francés se registraron 2.000 detenciones de estudiantes en tan solo una semana, mientras que en Italia el gobierno de la primera ministra Giorgia Meloni impulsó medidas para permitir la prisión preventiva en menores desde los 14 años —instancia previamente prohibida y reservada para mayores de 18— en el contexto de estas movilizaciones.
Ante el interrogante de por qué las encuestas marcan la posibilidad de triunfos de la derecha mientras la calle exige mayor regulación estatal de la vivienda y más inversión pública, Puricelli descartó que se trate de un contrasentido y recurrió a la memoria histórica. “No necesariamente hay contradicción sino que son movimientos que se complementan; para citar el ejemplo clásico, las movilizaciones de mayo del 68 duraron dos meses y en junio, inmediatamente después, triunfó la derecha del general De Gaulle, que había sido quien reprimió”, recordó. Según concluyó el analista, esto se debe a que la definición del voto trasciende la coyuntura económica y se ve atravesada por valores donde la demanda social de orden cobra un peso determinante tras episodios de protestas masivas o vandalización.


