La infancia de muchos estuvo marcada por la lectura de curiosas publicaciones gráficas de principios de los años noventa, aquellas revistas de divulgación que solían mezclar la ciencia dura con la criptozoología, los ovnis, fantasmas y títulos tan delirantes como “La droga conquistó América antes que Colón” o “El rey león ¿tiene SIDA?”. Esa fascinación por lo insólito sirvió como punto de partida para que los creadores de contenidos se embarcarán en la producción del documental Plesiosaurios vivos. Sin embargo, la necesidad de documentar y coleccionar estas piezas se convirtió en una verdadera misión de búsqueda exhaustiva por lotes enteros.
En esa búsqueda constante a través de plataformas de comercio digital, el animador platense localizó una oferta sumamente tentadora en Mercado Libre: un lote de 40 revistas de la Enciclopedia Popular a un precio risorio de 500 pesos, cuando cada ejemplar suelto se cotizaba a 150. Lo que parecía una ganga imperdible venía acompañado de una advertencia tan enigmática como sospechosa por parte del vendedor, quien exigía no realizar la compra sin antes consultarle por la disponibilidad de los ejemplares en stock.
El enigmático diálogo digital y la extraña respuesta del vendedor
Al escribirle al enigmático vendedor para consultarle si realmente poseía los ejemplares publicados en la plataforma, la respuesta obtenida superó cualquier expectativa de lógica comercial: “Las tengo, pero no compres por acá”. A continuación, el sujeto desgranó una enumeración desconcertante de elementos que supuestamente reemplazaban a los números de la revista según los sueños de una quiniela: “muerto, piojos, perro, loco, cristo”. Aquella extraña asociación remitía inmediatamente a las tiradas de la quiniela nacional y a un imaginario casi borgiano.
Lejos de abandonar el objetivo de adquirir el material gráfico, la persistencia de los compradores los llevó a indagar más a fondo en el enigma. Acostumbrados a resolver complejos enigmas cotidianos, criptogramas y crucigramas, el misterio numérico pronto encontró una explicación lógica basada en las cábalas del azar. Cada palabra o concepto correspondía a una cifra específica vinculada a la quiniela, siendo el número 22 el equivalente exacto al teléfono particular del vendedor.
La cita en el puente de Tolosa y la transacción secreta
Tras entablar comunicación directa mediante el teléfono descubierto, pactaron concretar la entrega de las revistas en un sitio muy particular: el puente peatonal ubicado sobre las vías de la estación de tren de Tolosa, en el ramal La Plata, durante una fría mañana de sábado. El encuentro se produjo tal lo acordado, con la tensión propia de una operación clandestina pero centrada insólitamente en la compraventa de papel impreso y coleccionables vintage.
Frente a frente en la pasarela metálica, el vendedor ratificó las condiciones de la extraña transacción exigiendo ver el dinero en efectivo antes de mostrar la mercancía. Al abrirse el maletín y exhibir un billete de 500 pesos con la efigie del yaguareté, la tensión dramática escaló al máximo, recreando una atmósfera propia del cine de gangsters pero protagonizada por devotos de las publicaciones marginales y las teorías conspirativas.
El desenlace de la bolsa de basura y la memoria barrial
Como era de esperarse en una transacción de estas características, las cosas no salieron exactamente como dictaba la lógica formal de un comercio establecido. En lugar de una caja prolija, el vendedor entregó una pesada bolsa de residuos atestada de revistas que debieron repartirse entre dos mochilas. El regreso a casa implicó una larga caminata cargando el botín por inmediaciones del Cementerio de La Plata, soportando el peso físico del papel acumulado durante décadas.
El saldo final de esta bizarra aventura urbana quedó plasmado en clave de humor gráfico y animación: una pesada carga de revistas antiguas conseguidas a cambio de dolores de espalda, completando un recorrido pintoresco por las entrañas de la cultura alternativa platense. Una vez más, el ingenio de la producción audiovisual independiente logra transformar una anécdota cotidiana y absurda en una pieza de entrañable valor artístico local


