A tan solo 20 kilómetros de Suipacha y a 200 kilómetros de la ciudad de La Plata se encuentra Román Báez, un pequeño pueblo que, tras años de crecimiento y productividad en el industria láctea, actualmente cuenta con solo dos habitantes. Conocé su historia.
Para ingresar a este paraje hay que recorrer 12 kilómetros por un camino de tierra, que muchas veces es intransitable. En este mismo lugar, pero en 1861, Román Báez se asentó y estableció su estancia “La Moderna”, donde se sembraba lino que exportaba a Inglaterra.
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En 1905, comenzaron a mejorar las cosechas, se establecían los tambos, la producción de cuero y cebo. Por esta razón, dos años más tarde, Román Báez comprendió que era indispensable la llegada del tren para poder transportar sus cosechas y, por ello, donó parte de sus tierras para la construcción de la estación que, finalmente, fue bautizada con su nombre. Tras ello, el estanciero comenzó a ocupar distintos cargos públicos en Suipacha.
Con la llegada del Ferrocarril Oeste, el paraje comenzó a poblarse a ambos lados la calle principal, la única del pueblo en la actualidad, donde también se instalaron diversos comercios para proveer de distintos servicios a sus habitantes.
Román Báez llegó a tener dos herrerías, dos almacenes de ramos generales, una peluquería, una panadería, correo, un destacamento policial, una quesería, una cancha de pelota paleta, una sala de primeros auxilios, un matadero y hasta se instaló la empresa láctea El Porvenir.
Asimismo, años después, se inauguró el Club 14 de marzo y, en febrero de 1942, la Escuela Primaria N° 9 Gral. José de San Martín, que llegó a tener 60 alumnos. En 1967, con donaciones de vecinos se construyó la Capilla Inmaculada Concepción.
Como gran parte de la provincia de Buenos Aires, el ferrocarril fue un elemento central en la constitución y vida de los pueblos. Gracias al tren, los habitantes de Román Báez podían llegar a Lincoln o Capital Federal, haciendo trasbordo en Suipacha.
Cerca de 350 personas utilizaban este medio de transporte, muchos de ellos trabajadores golondrina que viajaban hasta aquí para hacer temporada. Además, el tren permitía la llegada de alimentos frescos, como pescado, frutas y verduras. Asimismo, la estación contaba con un telégrafo gratuito y disponible todos los días.
En sus ratos libres, los trabajadores golondrina y habitantes del paraje pasaban tiempo en la cancha de pelota a paleta, jugando al truco en el almacén de ramos generales o en las fiestas que se organizaban en los galpones del ferrocarril. En su época de esplendor, en la década de los cuarenta, este paraje llegó a tener 600 habitantes.
De ser un gran productor de leche a estar casi deshabitado
Durante el siglo pasado, Román Báez se destacó por la producción de leche. En su mejor momento, llegó a contar con 47 tambos. Cada día, un tren con dos vagones partía con tarros de leche repletos a dos empresas bonaerenses, La Suipachense y La Vascongada.
La vida de este pueblo comenzó a apagarse lentamente en 1976, cuando el tren lechero dejó de pasar, lo que significó la pérdida enorme de puestos de trabajo. Fue así que lentamente, las familias comenzaron a emigrar a otras ciudades.
Los avances tecnológicos tampoco ayudaron al crecimiento del pueblo ya que, ante la aparición de nueva maquinaria, cada vez se requería de menos mano de obra. Sin embargo, el golpe final llegó en los noventa, cuando definitivamente se clausuró el tren.
Tantos se fueron del paraje, que en la actualidad solo queda dos personas: don Cacho y Elsa, un matrimonio que con nostalgia recuerda las mejores épocas del pueblo que los vio nacer y crecer.
De aquel Román Báez productivo de los años cuarenta poco y nada queda. A las casas se las empezó a comer el tiempo, algunas yacen con paredes derruidas o techos a punto de desplomarse.
Aún queda algo de lo que fue: el almacén de ramos generales, que consta de una construcción de chapa con pisos de madera destrozados y botellas cubiertas de polvo que aún reposan sobre el mostrador. En la antigua carnicería, todavía cuelgan ganchos y, a pocos metros, aún queda parte de lo que fue la cancha de pelota paleta.
A su vez, se mantiene en pie la Capilla Inmaculada Concepción que se encuentra inactiva, pero se hacen misas cada 8 de diciembre. Un lugar imperdible para conocer es el antiguo destacamento policial, el cual está envuelto por una glicina que parece abrazarlo. Además, a solo tres kilómetros de la estación se encuentra la laguna del Tigre.
Aunque cualquier persona puede ir a conocer, hay que tener en cuenta que no se trata de un pueblo turístico, ya que no cuenta con hostería, restaurants, ni ningún otro tipo de comercio. Sin embargo, no deja de ser un lugar imperdible para tomar fotografías y volver por un rato a lo que fue la provincia de Buenos Aires.
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