“El mate es el que nos va a salvar, porque en todo esto que hablamos de discusiones, de cosas, el mate perdura en el tiempo”, dice Diego Carosella, del Museo del Mate. Entrevistado en el marco del ciclo Alguien me dijo, de Infocielo Play, sostiene que esa bebida-ritual “trascendió todo, la pandemia tampoco pudo. El mate pudo con todos”.
Durante aquellos meses de aislamiento, muchos pensaron que compartir la bombilla sería una costumbre perdida. “Hubo un momento durante la pandemia en donde dejamos de compartir el mate y pensamos que la historia cambiaba para siempre. Incluso uno se replanteaba: habíamos naturalizado esto de que chupábamos todos de la misma bombilla. Ya está, volvimos otra vez a la tradición”, recuerda Carosella.
Para él, no hay dudas: “El mate es lo más representativo de la Argentina: ni el poncho, ni la boina, ni siquiera el asado. El asado uno puede decir, ‘como asado’, pero vas al norte y comés otra cosa. El mate es el artículo más representativo y culturalmente el extranjero no puede creer cómo hacemos un ritual del mate”.
Museo del mate: una historia para contar
La historia del museo comenzó con un fanático. “El origen viene de un amigo de Sierra de la Ventana, Alberto Plaza. Empezó a hacerse de algunos mates, primero como hobby, hasta que reunió 10.000. Compraba en todos lados, incluso 800 mates de caña en Punta Indio. Al principio pensó en una muestra en Sierra, pero después entendimos que era egoísta dejarlo ahí y que teníamos que armar un Museo del Mate en Buenos Aires, porque es la puerta de entrada del turismo internacional”.
Ese ritual, ahora, tiene su propio museo. “Había que ordenar 10.000 mates y quedarnos con 2.700. Lo que queríamos era contar la historia de la evolución del mate desde los aborígenes hasta la actualidad. Por eso hay módulos como el de San Martín, el de las Malvinas o el deportivo”, explica.
El recorrido no es solo una muestra estática: “El museo tiene que tener vida. No puede ser un depósito. Hay materas, hay gauchos, se baila folklore, se hace tango, participan artesanos. En la parte de arriba está la experiencia del mate, con sommelier de mate. Sí, hay sommelier de mate, hay escuela y hay profesores que trabajan de eso. La gente puede probar distintas yerbas de pequeños productores”.
Carosella insiste en el carácter colectivo: “El museo no tiene los mejores mates ni los únicos mates. La Argentina tiene los mates, la gente tiene los mates. Lo que queremos es que el museo sea un receptor de esta historia viva”.
De la Mesopotamia al mundo
También destaca la dimensión federal de la costumbre. “El mate surge con los aborígenes en el sur de Brasil y se traslada a Argentina, Uruguay y Paraguay. Después los jesuitas lo implementan como una yerba curativa. En Misiones, Corrientes, Entre Ríos, la gente vive del mate. Fabrican mates a un nivel que no te lo imaginás. El entrerriano tiene incluso hasta la pose, igual que los uruguayos”.
La expansión internacional también es parte de la historia. “Estos últimos cinco años fueron muy fuertes por Messi o Suárez, que lo hicieron visible. En Europa se consigue en España, Italia, Alemania. En Estados Unidos ya encontrás en todos lados. Hace dos días vino un español del grupo de inversores de Griezmann y se llevó un mate para él. Griezmann se hizo fanático de compartir vestuario con un uruguayo”.
Cada persona tiene su mate propio, ligado a recuerdos y afectos. Carosella también: “El que a mí me movió fue un mate de chapa chiquitito, enlozado, cachado abajo, que me hizo recordar a mi mamá. Ese me recuerda enseguida a ella. Cada uno va a tener su mate, sea de calabaza, de silicona o de enlozado. Lo importante es que todo empieza con un mate”.

