En casi una década, la huella territorial del hábitat informal en las principales ciudades argentinas se expandió un 18,2 por ciento, pasando de 314 km² a 371 km². Ese incremento global de 57 km² equivale a incorporar la superficie completa de ciudades como Bariloche o Río Cuarto al mapa de la precariedad nacional. Sin embargo, la geografía de esta expansión tiene un centro de gravedad indiscutible en la provincia de Buenos Aires, así lo explica el informe de Tejido Urbano que estudió la creciente de barrios populares en todo el territorio nacional.
Más de la mitad de toda la nueva superficie ocupada en el país, unos 27,9 km², se localizó dentro de los límites bonaerenses. A nivel general, la provincia alberga el 60,5 por ciento del total nacional de suelo ocupado por barrios populares, alcanzando los 224,4 km².
Dentro de este mapa, la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) actuó como el principal motor. Descontando a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires —que registró una variación horizontal prácticamente nula del 0,3% y mantuvo sus barrios congelados en 3,2 km²—, los partidos del conurbano bonaerense sumaron 24,5 km² de nuevos asentamientos. Esta cifra representa un incremento del 13,2 por ciento a un ritmo anual de 2,7 km² (272 hectáreas), una superficie que equivale casi de manera exacta a la extensión total del municipio de Vicente López. Hoy, los barrios populares representan el 7 por ciento de la mancha urbana metropolitana, concentrando sus frentes de expansión más agresivos en la periferia de La Plata con más de 260 asentamientos y en la franja sudoeste del AMBA.

El interior provincial: Bahía Blanca y Mar del Plata al ritmo de la demanda habitacional
El fenómeno bonaerense de la informalidad y precariedad habitacional se expande más allá del cordón que rodea a la Capital Federal. Las transformaciones territoriales también se hicieron visibles en los grandes nodos urbanos del interior de la provincia.
Bahía Blanca registró un salto relativo significativo del 45,4 por ciento, incorporando 1,4 km² de superficie popular entre 2016 y 2025. Por su parte, Mar del Plata añadió 1,8 km² a su mancha urbana informal (+19,65%), ubicándose como el quinto aglomerado del país con mayor incremento absoluto de suelo precario. En tanto, San Nicolás experimentó una expansión moderada de 0,2 km², lo que representó un aumento del 15,3 por ciento.
El espejo federal: del dinamismo patagónico a la parálisis de los grandes aglomerados
Al comparar el comportamiento bonaerense con el resto de las regiones del país, surgen contrastes estructurales sobre las dinámicas de ocupación y planificación del suelo. En el modelo patagónico e hidrocarburífero, la provincia de Neuquén se consolidó como el segundo foco de expansión absoluta del país al sumar 4,4 km² (+35,4%). En el aglomerado Neuquén-Cipolletti, empujado por la atracción migratoria del boom de Vaca Muerta, los barrios populares alcanzaron a representar el 11 por ciento de toda la mancha urbana, la proporción más alta entre las metrópolis argentinas.
En contrapunto con el vigor del conurbano bonaerense, Rosario mostró una expansión horizontal atenuada del 6,7 por ciento (+0,9 km² para totalizar 14 km²), donde los barrios populares representan el 4,5 por ciento de la ciudad. Córdoba capital, por su parte, creció un 19,7 por ciento (+1,5 km² para llegar a 9,3 km²), manteniendo una incidencia baja sobre su suelo urbano del 2,3 por ciento.

En tanto, el Norte Argentino, Resistencia (Chaco) sumó 2,1 km² (+22%) en el NEA, mientras que en el NOA, Tucumán creció 2,0 km². No obstante, Santiago del Estero ostenta la mayor densidad relativa de la región, con un 8 por ciento de su mancha urbana bajo condiciones informales. Las mayores variaciones relativas se registraron en aglomerados pequeños donde la habilitación de pocos loteos disparó los porcentajes estadísticos, como Santa Rosa (La Pampa), que pasó de un único barrio de 0,01 km² a un esquema de 0,12 km² (+1158%), San Luis (+237,4%) y La Rioja (+150,5%). En el extremo opuesto, San Juan creció apenas un 1,5 por ciento debido a políticas activas de relocalización tras el terremoto de 2021.
Reconfiguración territorial: entre la densificación y las obras públicas
El análisis al interior del territorio bonaerense revela que el crecimiento no es uniforme, sino que responde a lógicas de densificación interna y reordenamiento por infraestructura. El barrio Vicente López en el municipio de Pilar ofrece un testimonio de aceleración informal y densificación vertiginosa, desarrollado completamente entre diciembre de 2019 y septiembre de 2020, atravesó posteriormente un proceso masivo de densificación de viviendas.

En paralelo, la traza de grandes obras públicas forzó el achicamiento y traslado de franjas precarias por relocalizaciones vinculadas al transporte. En Merlo, la construcción de la autopista Presidente Perón derivó en la relocalización del barrio Lago del Bosque. Un proceso similar atravesó el barrio Villa Zapiola en Moreno, reconfigurado a partir de las obras del Camino de la Ribera del Río Reconquista.
En definitiva, mientras en el resto del país la expansión informal responde a impulsos puntuales de economías extractivas o reacomodamientos locales, la provincia de Buenos Aires continúa absorbiendo el déficit habitacional estructural de la Argentina, extendiendo su frontera urbana informal a un ritmo persistente de cientos de hectáreas por año.
La Plata: las villas y asentamientos equivalen a dos tercios del Casco Urbano
El crecimiento del hábitat informal en la Argentina encuentra su centro de gravedad en la provincia de Buenos Aires y, muy especialmente, en su capital. De acuerdo con un relevamiento del Observatorio FAU Ciudad y Territorio y el programa MAPA FAU de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), los barrios populares, villas y asentamientos del distrito abarcan 1.868 hectáreas, una superficie equivalente a dos tercios (67%) del Casco Urbano fundacional. La aceleración es notoria en los últimos años, más del 30 por ciento de esa superficie se incorporó entre 2010 y 2024, un ritmo de expansión que equivale a sumar 1,4 veces el área del cuadrado histórico platense para intentar absorber un déficit habitacional estructural que el mercado formal no resuelve.

A nivel microterritorial, la expansión periférica platense se concentró en Los Hornos y Melchor Romero, localidades que explicaron el 60 por ciento del crecimiento registrado en los últimos 14 años, junto con incrementos porcentuales récord en sectores del periurbano sur como Etcheverry (+184%) y Arana (+122%). Este diagnóstico local se enmarca de forma directa en la tendencia provincial, en casi una década, la superficie de barrios populares en la Argentina aumentó un 18,2 por ciento (57 km²), pero la provincia de Buenos Aires absorbió más de la mitad de toda esa nueva ocupación informal.


