Para quienes caminan a diario por el eje fundacional de La Plata, la silueta neogótica de la Catedral, la inmensidad de Plaza Moreno o el ajetreo comercial de las calles, avenidas y diagonales de la “city platense” suelen formar parte del paisaje rutinario. Sin embargo, basta con observar la ciudad a través de una mirada ajena para redescubrir la dimensión de su arquitectura y su escala urbana. Eso fue lo que ocurrió cuando dos jóvenes oriundos de la Villa 31 de Retiro decidieron tomarse un colectivo, cruzar el Conurbano y registrar su primera visita a la capital bonaerense para compartirla en sus redes sociales.
Sin guiones predeterminados ni discursos elaborados, la crónica audiovisual de Tomy y su compañero, quien se presenta ante su audiencia como “maldito bendecido”, ofrece un testimonio fresco y espontáneo. A lo largo del recorrido, los modismos de la cultura urbana porteña se entrecruzan con el asombro genuino de quienes descubren un territorio que hasta entonces parecía lejano.
De la 31 al “campo campo”: la distancia simbólica
En la mirada de los jóvenes, el viaje desde el asentamiento de Retiro hacia la capital provincial no es una simple excursión geográfica de unos sesenta kilómetros. Atravesar ese límite implica ingresar a una geografía diferente. “Escuchen, gente: estoy en La Plata, mano. No en Retiro; estoy en La Plata, plata… o sea, el campo campo, ¿me entendés? Ciudad alejada de otra ciudad”, reflexiona uno de ellos frente a la cámara mientras camina junto a su amigo.
La expresión “el campo campo” refleja la distancia simbólica que separa a los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires del territorio bonaerense. Para los chicos criados en la densidad habitacional de la Villa 31, la apertura del trazado platense representa una espacialidad nueva. Su vocabulario, cargado de giros como “desacato total, guacho”, “alto bendecido” o “meter mecha”, se convierte en el vehículo para describir una realidad que los sorprende.
“Me dejó sin aire”: el impacto visual de la Catedral
El punto culminante del recorrido ocurre en el corazón del centro platense. Al llegar a Plaza Moreno y levantar la mirada hacia las torres de ladrillo a la vista, el asombro de los jóvenes alcanza su punto máximo. La escala del monumento, que para los vecinos es una postal cotidiana, para ellos cobra una dimensión extraordinaria.
“Miren lo hermoso que es la Catedral. Este es el lugar más bonito que yo he visto en mi vida”, exclama “maldito bendecido”, visiblemente impactado por la construcción.
La experiencia trasciende el simple paseo turístico. “Esto me dejó sin aire, huevón. Te deja muy hablado… Es como que estás perdido en una ciudad que no es tuya”, describe el visitante. La observación de los ladrillos, las preguntas sobre la posibilidad de ingresar al templo y la fascinación por los festejos de egresados y las intervenciones artísticas en la plaza muestran cómo los espacios públicos pueden sorprender incluso a quienes llegan sin expectativas previas.
Respeto, trabajo y una sorpresa con los platenses
Lejos de cualquier prejuicio sobre su lenguaje o su condición social, el video también muestra a los jóvenes interesados en reconocer el esfuerzo de otros trabajadores.
Durante el recorrido, conversan con un vendedor de calcomanías, difunden sus redes sociales y destacan el trabajo de quienes buscan salir adelante. “Acá venimos a buscar gente emprendedora. El que no progresa es porque no quiere, hermano”, sostienen, con una visión de la vida muy de época.
También se detienen en el trato que reciben en la capital bonaerense. Conscientes de los estigmas de inseguridad que suelen rodear a los centros urbanos, destacan su experiencia hasta ese momento. “En La Plata todo tiene una mala fama, pero hasta ahora no me ha pasado nada. Estoy como si estuviera en mi casa. La gente es muy copada, tiene buena actitud”, comentan.
Y resumen su propio código de convivencia con una frase contundente: “Tenés que mirar con respeto, porque donde no hay respeto no hay nada”.
El recorrido termina con una parada en una barbería antes de emprender el regreso hacia la noche porteña. Pero queda un registro que va más allá de un video de TikTok o YouTube: dos jóvenes de la Villa 31 que llegaron a La Plata y encontraron una ciudad capaz de sorprenderlos por su arquitectura, sus espacios públicos y, sobre todo, por la calidez de su gente.


