Rosario se convertira durante septiembre en una de las grandes sedes deportivas de Sudamérica. Pero mientras avanzan las competencias, la ciudad ya empieza a pensar en lo que viene después.
Los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 demandaron una inversión provincial estimada en más de 90 millones de dólares, destinada a construir y renovar escenarios deportivos y avanzar con obras urbanas.

Nuevas obras y un próximo desafío
Entre las principales intervenciones aparecen nuevos estadios en el parque Independencia, el Centro Acuático y obras en el predio del ex Batallón 121, donde se construyeron cinco torres con 245 departamentos para alojar a los atletas.
Una vez finalizados los Juegos, esas viviendas tendrán otro destino y las nuevas instalaciones deportivas deberán incorporarse a la actividad habitual de la ciudad.
El objetivo será que los escenarios no queden limitados a grandes competencias y puedan ser utilizados por clubes, deportistas y nuevas generaciones.
El legado de los juegos tampoco se construye solamente con grandes estadios. Una parte fundamental del proyecto está vinculada a la mejora y adecuación de clubes e instituciones que serán protagonistas de los Suramericanos. Newell’s, Provincial, Gimnasia y Esgrima, Jockey Club y Rosario Golf serán escenarios de la competencia y forman parte de esta red deportiva que vuelve a colocar a los clubes rosarinos en el centro de un acontecimiento internacional.

Rosario ya piensa en 2029
La ciudad cuenta además con una ventaja: fue elegida sede de los Juegos Panamericanos Junior 2029.
La competencia permitirá volver a utilizar buena parte de la infraestructura construida para los Suramericanos y darle continuidad a las inversiones realizadas.
El verdadero desafío, sin embargo, será que las obras tengan vida propia durante los próximos años.
Si los nuevos espacios logran generar más actividad deportiva, impulsar disciplinas y convertirse en lugares de entrenamiento y competencia, el legado de los Juegos habrá ido mucho más allá de las medallas.
La competencia terminará, pero para Rosario comienza ahora otra etapa: demostrar que la inversión puede transformarse en un legado permanente.

