Tuvo razón Alexander Medina al alertar sobre el contraste entre los dos Estudiantes que dirige. El “titular”, el de la Copa Libertadores, el que mostró dientes ante la Católica y durante una porción de partido ante Corinthians, y el “muletto”. El del plan alternativo para afrontar ciertos partidos en los que hace falta rotar para cuidar piernas que no ofrece las mismas contraprestaciones que la versión ABC1. Platense no fue la excepción. El gol de Guido Carrillo fue el párrafo que justificó la tesis.
El bombazo al primer poste de Juan Pablo Cozzani luego de un pivoteo de Eric Meza alcanzó para que Estudiantes ganara un partido que parecía condenado a un empate. Uno que sabía a derrota. Una excepción a una regla que se sostuvo a lo largo de los 90 y pico de minutos previos a esa volea impecable, de MVP, que evitó que el Pincha dejara en el camino dos puntos decisivos en las tablas y en lo anímico.
Porque hasta el 2-1 lo del elenco de Medina casi que se trató de un cover de las anteriores presentaciones de la versión paralela de Estudiantes de la Copa. El que venía de perder contra Vélez. El que falló en la visita a Sarmiento. Con intérpretes que variaron pero un mismo final: puntos que quedan perdidos por un flujo de rendimiento que no aparece, con ciertas excepciones. Adolfo Gaich, por caso, quedó hasta exonerado del castigo: apareció donde debía, definió bien, se fajó. Cumplió.
Pero no alcanza con el que convierte. Aplica a Gaich y a Carrillo, aun en la victoria. Ni siquiera en un equipo con pocos goles a favor como este EDLP que metió la misma cantidad que le convirtieron. Que aprovechó esa jugada combinada digna de la versión de élite -pase largo de Neves, corrida del antiguo Cetré, definición en el área del killer- pero que segundos más tarde mostró las desinteligencias de siempre. Un espacio demasiado grande a espaldas de Benedetti en el contexto de una permeabilidad demasiado preocupante. Y 1-1. Negocio para un Platense que también mezcló. Y que casi se lleva lo que pretendía.
El punto no iba a sumar demasiado. Por eso vale tanto el gol de Guido. El 1-1 no era valioso ni anímicamente, ni tampoco futbolísticamente. Porque la zona de playoff se alejaba. Porque estaba en riesgo la clasificación a los torneos internacionales 2027. Que la victoria no nuble el contexto: en esencia, la sensación fue la misma de las últimas presentaciones con rotación.
Que las alternativas no están en escala 1:1 con los titulares, porque a excepción de José Sosa, quien se mostró como referencia de juego, no hubo profundidad por las bandas (Meza poco vertical hasta el 2-1; el Vasco incómodo). Porque Jalil Elías en plena adaptación cumplió, sin destellos, con un esfuerzo para sintonizar. Y en ese partido “duro”, como lo calificó Guido, fue uno de los titulares el que rescató a Estudiantes. Su héroe de la 9. El que es ídolo por algo.

