Esta semana el cielo sumó un nombre platense. La Unión Astronómica Internacional denominó oficialmente al asteroide (20786) como “San Sebastián”, en honor a Irina San Sebastián, doctora en Astronomía egresada de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP. El cuerpo rocoso, de apenas 3,4 kilómetros de diámetro, había sido descubierto en el año 2000 y hasta ahora circulaba por el sistema solar con la designación provisoria 2000 RG62.
La noticia generó revuelo en redes, pero la Facultad platense tiene más historia con el cinturón de asteroides de la que parece. Entre las rocas que orbitan entre Marte y Júpiter hay varios nombres con sello platense, y cada uno tiene una historia bien distinta detrás.

Irina San Sebastián, la más reciente
San Sebastián es oriunda de Bahía Blanca, pero se formó y trabaja en la UNLP. Su especialidad son los meteoros y fenómenos como los superbólidos: en septiembre de 2025 fue parte del equipo científico que viajó hasta La Pampa para rastrear los restos del meteoro que iluminó el cielo del centro-sur argentino, un trabajo de campo que compartió con colegas de la UBA, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad de la República de Uruguay. Ahora su apellido queda escrito para siempre en el espacio.

Ana Teresa Diego, la estudiante que la dictadura no pudo borrar
La historia más conmovedora del lote es la del asteroide “Anadiego”.
Ana Teresa Diego cursaba el doctorado en Astronomía en la Facultad platense cuando fue secuestrada el 30 de septiembre de 1976, alrededor de las 13 horas, en las inmediaciones del Museo de Ciencias Naturales, en el Bosque de La Plata, cuando salía de la Facultad (entonces Escuela Superior de Astronomía y Geofísica), en el marco del terrorismo de Estado.

Tenía 21 años y militaba en la Federación Juvenil Comunista. Sobrevivientes que compartieron cautiverio con ella, como Emilce Moler, recuerdan que en medio del encierro calculaba la hora del día a partir del ángulo de la luz solar, usando trigonometría.
En 2011, a pedido del entonces decano de la Facultad, Adrián Brunini, la UAI aprobó el pedido y el asteroide 11441 (descubierto en 1975, casi en simultáneo con su desaparición) pasó a llamarse oficialmente “Anadiego”.
Fue la primera vez que el nombre de una persona desaparecida por una dictadura quedó asignado a un cuerpo del sistema solar.
Un año después, en 2012, sus restos fueron identificados en una fosa común del cementerio de Avellaneda.
Virpi Niemelä, la finlandesa que se hizo platense
Nacida en Helsinki en 1936, Niemelä llegó a la Argentina de adolescente y terminó estudiando astronomía en la UNLP, donde se doctoró bajo la dirección de Jorge Sahade.
Fue una de las científicas cesanteadas durante la última dictadura cívico militar, aunque siguió investigando hasta convertirse en una de las especialistas en estrellas masivas más citadas del país, con más de 150 trabajos publicados.

En 2003 fue la primera mujer en recibir el Konex de Platino en Ciencia. Recibió la noticia de que el asteroide (5289) llevaría su nombre apenas días antes de morir, en diciembre de 2006.

Adela Ringuelet, la platense que formó generaciones
Nacida en La Plata el 27 de marzo de 1930, Ringuelet fue la tercera mujer en graduarse como astrónoma en el país y cofundadora, en 1958, de la Asociación Argentina de Astronomía.
Se especializó en espectroscopía estelar, publicó más de cien trabajos científicos y estuvo casada con Jorge Sahade, otro pilar de la astronomía platense y expresidente de la UAI. Igual que Niemelä, fue cesanteada de la Facultad durante la última dictadura militar, aunque volvió después a dar clases y terminó dirigiendo durante más de veinte años el grupo de investigación Modelos de Estrellas Peculiares.

El asteroide (5793) Ringuelet, descubierto en 1975 desde el Observatorio Félix Aguilar, lleva su nombre desde hace casi dos décadas. Murió aquí, en suciudad natal, en abril de 2023, a los 93 años.
Un asteroide con el nombre de la ciudad
El propio Observatorio de La Plata tiene su representante directo en el espacio: el asteroide (1029) La Plata, descubierto en 1924 por el astrónomo alemán Johannes Hartmann.

Y para sumar otro dato de color: José Luis Sérsic, correntino de nacimiento pero doctorado en Astronomía en la UNLP en 1956, también tiene su lugar en el firmamento con el asteroide (2691) Sersic, en homenaje a sus aportes al estudio de las galaxias.

Entre científicas en actividad, estudiantes desaparecidas, inmigrantes que hicieron carrera acá, profesoras que formaron generaciones y hasta la propia ciudad, el cinturón de asteroides termina pudiéndose asimilar a un anexo del padrón platense.

Y a juzgar por lo que pasó esta semana con Irina San Sebastián, la lista todavía puede seguir creciendo. La próxima vez que un platense mire el cielo de noche, quizás valga la pena recordar que unos cuantos pedazos de roca ahí arriba, aunque nadie los vea a simple vista, llevan orgullosos apellidos de nuestra capital bonaerense.

