La salud mental está en alerta sobre todo entre los más jóvenes que son hoy el grupo de mayor riesgo en el país. En 2026, las causas de muerte por suicidio supera a los choques viales en Argentina. Sin embargo, el escaso presupuesto del 2 por ciento en prevención agrava la crisis que golpea a los más chicos y se ve potenciada por la soledad digital.
Esta situación despierta las alarmas, especialistas buscan indagar sobre la mirada joven en una problemática que los tiene como protagonistas, en el complejo ecosistema digital de 2026, donde el contacto con las pantallas es casi permanente. Frente a esto, el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) realizó un estudio que arroja luz sobre una realidad inquietante, incluso las interacciones digitales más breves y simuladas pueden disparar niveles significativos de ansiedad en los jóvenes.
“Navengando hacia la ansiedad” (Scrolling into Anxiety) es la investigación que se basó en un experimento realizado en febrero de 2026 con 506 estudiantes de primer año de la Facultad de Ciencias Económicas, con un claro objetivo: medir de forma causal cómo ciertas experiencias comunes en redes sociales afectan el estado emocional inmediato de los universitarios.
El experimento de la “vida digital”
Bajo la dirección de María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri, los estudiantes fueron divididos aleatoriamente en dos grupos. Mientras que el grupo de control observó estímulos neutros —como un tutorial de cocina—, el grupo de tratamiento fue expuesto a cinco escenarios realistas de conflicto digital, desde realizar una publicación que no recibe ninguna reacción hasta encontrar un video de uno mismo generado por IA en una cuenta anónima o ser ignorado por amigos tras proponer un plan.
Inmediatamente después de la exposición, se utilizó el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI) para medir el impacto. El estudio halló que enfrentarse a estos escenarios hipotéticos aumentó la ansiedad de los estudiantes en 1,70 puntos en comparación con quienes vieron contenido neutral.
Hombres: el grupo más vulnerable al impacto
Uno de los hallazgos más inesperados de la investigación es que el incremento en los niveles de ansiedad fue mayor entre los varones. Este dato contrasta con gran parte de la literatura previa que solía señalar a las mujeres como el grupo más afectado por la comparación social en redes. Según las autoras, esto podría deberse a que ciertos escenarios de exclusión o evaluación social pueden ser particularmente sensibles para los estudiantes varones en este contexto, o a que están interactuando con contenidos que no suelen encontrar habitualmente en su comportamiento digital ordinario.
Por otro lado, aunque las mujeres reportaron niveles de ansiedad base más altos, mostraron una respuesta menor al tratamiento, lo que podría indicar un fenómeno de “techo” o una mayor habituación a los contenidos negativos.
Más allá del tiempo de pantalla
El estudio destaca que el uso de redes sociales es omnipresente, el 60 por ciento de los encuestados pasa más de cuatro horas diarias en estas plataformas durante la semana, cifra que sube al 72 por ciento los fines de semana. Sin embargo, la investigación sugiere que el problema no es solo la cantidad de tiempo frente a la pantalla, sino la naturaleza de las interacciones.
“Situaciones que involucran falta de retroalimentación social, evaluación negativa o exposición a contenido idealizado parecen ser suficientes para desencadenar aumentos en la ansiedad”, señalan las autoras. Estos hallazgos sugieren que las políticas públicas no deben centrarse únicamente en restringir el tiempo de uso, sino en fomentar la alfabetización digital y la resiliencia emocional de los jóvenes frente a un entorno que, por diseño, prioriza la evaluación constante y la búsqueda de validación.

