En el marco del Mes del Orgullo, la historia de Julieth Fernández es como un faro de representación en sectores históricamente rígidos como la educación y el sindicalismo. Julieth ocupa la Secretaría General de SUTEBA La Plata, es una persona no binaria que ha decidido que la participación sería su herramienta para disputar sentidos en una sociedad que, aunque avanza, todavía conserva nichos de resistencia.
En una entrevista realizada por Infocielo Play, Julieth relata con una mezcla de alivio y orgullo un hito reciente en su vida, la obtención de su documento nacional de identidad. “Soy una persona no binaria que me autopercibo como no binario y bueno hace muy poquito, el 23 de mayo, logré terminar lo que es el trámite según la Ley de Identidad de Género”, explica. Ese fue la fecha en la que asumió sus funciones en el sindicato, cerrando un círculo de reconocimiento personal y político. “Me llegó a mi casa el DNI con el nombre y el género autopercibido ya”, recuerda sobre aquel momento administrativo que, en el fondo, es un acto de soberanía sobre el propio deseo.
Una historia de resistencia
El camino hacia ese DNI comenzó lejos de las diagonales platenses, en lo que Julieth denomina el “interior profundo” ya que nació en América, un pueblo en el límite entre Buenos Aires y La Pampa. El proceso no estuvo exento de burocracia, “en mi caso fue un poquito complejo, hasta que llega la partida que tiene 30 días porque al día 31 vence y demás, a veces incluso con la tecnología demora”, comenta sobre los desafíos de gestionar una identidad que rompe el molde en territorios donde el binarismo suele ser la norma.
Para Julieth, ser no binarie es una definición que trasciende lo biológico. “Ser no binarie es básicamente no identificarse ni con lo masculino ni con lo femenino, no sentirte cómodo, cómoda o cómode con lo estipulado”, define con precisión pedagógica. En su visión, se trata de una apuesta por la libertad, “es una persona que siente que elige amar lo que elige amar sin ningún tipo de preconcepto o encasillamiento social, es trascender un poco eso y también trascender los modos, la ropa”.
Esa misma convicción es la que lleva al aula desde hace casi tres décadas. Con 28 años de antigüedad docente, Julieth vió en su camino el cambio de época. “Yo empecé a dar clases en el año 96 era imposible plantear esto”, reflexiona comparando aquellos tiempos de delantales rosas y azules con la realidad actual impulsada por la ESI (Educación Sexual Integral). Según su mirada, la escuela es el motor del cambio social porque “la ropa no tiene género, los colores son de todos” y esas barreras, antes infranqueables, hoy se naturalizan entre los más jóvenes.
Entre avances y retrocesos, los desafíos actuales
Sin embargo, en este Día del Orgullo, Julieth no ignora que la violencia persiste. Menciona los discursos de odio y casos recientes de violencia extrema como el lesbicidio de Barracas, recordando que las palabras “marica” antes usadas como insultos, hoy son banderas de lucha.
La presencia de Julieth en la conducción de un sindicato docente como SUTEBA no es solo un logro individual, sino una declaración de principios. En un mundo que todavía se siente “incómodo” con el uso de la “e” o con las identidades que no encajan en el casillero de varón o mujer, su voz demanda un espacio legítimo. “Una ley habilita a un debate social y habilita a poner en agenda lo social”, concluye, dejando en claro que, aunque el DNI ya está en su mano, la construcción de una educación y una sociedad verdaderamente inclusiva todavía encierra desafíos.

