Podría llamársele regla mnemotécnica, ley tácita, o una “máxima” del manual de estilo del periodismo hegemónico argentino. Cada vez que un político está involucrado en un hecho que roce la corrupción y se publique la noticia, si el diario, portal o zócalo televisivo no menciona en su título la filiación partidaria de ese funcionario, será de Juntos por el Cambio.
¿Cómo se llega a esta conclusión?
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Más allá de lo empírico, es decir el análisis de lo que ya sucede desde hace años en la cobertura mediático-política, el modo de deducir esta “norma” que nunca falla es por antagonismo: si él o la involucrada en el caso de corrupción fuera del peronismo y mucho más del kirchnerismo o la izquierda, merecería ese dato ser incluído y destacado dentro del título de la nota.
¿Por qué sucede esto?
Por la sencilla razón que los editores de esos medios hegemónicos saben perfectamente que la gran mayoría de sus lectores sólo se detienen en la “letra grande” de la información, y de ese modo ellos cumplen con “el deber de informar” pero astutamente esconden, sólo para los lectores más ávidos, la información de la filiación política del personaje involucrado en el escándalo de corrupción, ya sea comprobado, sospechado o condenado.
En la TV, con los zócalos, sucede parecido: muchos bares, restaurantes y estaciones de servicio tienen el sonido muteado y la única información que recibe el televidente es la que se escribe en el videograph.
El ejercicio de comprobación de esta “regla” hasta se ha vuelto divertido, para “entretenerse” pudiendo jugar a chequear el funcionamiento del periodismo (hoy opositor y antes oficialista), camuflado de independiente.
Porque la regla se cumple SIEMPRE.
El último ejemplo es el de la Diputada de Corrientes a la cual le fueron filtrados audios en los que, sin eufemismos, le exige parte del sueldo a sus empleados y asesores en la Cámara, para quedárselos con fines poco transparentes, demostrando una práctica que, se sabe habitual en la politica argentina, pero que pocas veces queda tan gráficamente expuesta.
Ni Clarín ni La Nación, ni los medios satélites televisivos, cibernéticos o radiales dependientes de esas empresas, colocaron en el titular que tal legisladora fuera de ningún partido en particular. Ergo, siguiendo la regla no escrita, en este caso, era del radicalismo, integrante de Juntos por el Cambio. Se cumplió.
Cuando el Ministro de Salud de la misma provincia de Corrientes fue hallado por casualidad, después de un accidente automovilístico, con 900 dosis de vacunas, tampoco los títulos le recordaban a los lectores que ese funcionario provincial del gobernador Gustavo Valdez pertenecía a Juntos por el Cambio.
De hecho poco y nada se sabe hasta el día de hoy de esa investigación, y nadie la denomina “robo de vacunas”.
Otra vez se cumplió la regla.
La lista podría seguir hasta el infinito con intendentes, concejales, legisladores provinciales, ministros de cualquier jurisdicción y la regla tácita de deducir de que partido es el acusado de corrupción NUNCA FALLARÁ.
La ventaja de esos medios es que como existe un número de caracteres limitados para colocar palabras en un título o zócalo de TV, cuando el funcionario sospechado, descubierto “in fraganti”, o condenado por la justicia en casos de corrupción pertenece al signo político cercano al gobierno nacional, no deberán gastar muchos caracteres.
En cambio para poner “Juntos por el Cambio” (a no ser que utilicen el tan poco usual acrónimo “JxC”), deberan ocupar 20 caracteres.
En contraposición les basta una sola letra, a la cual inventaron y popularizaron con estos fines para determinar si la corrupción es de alguien a quien sí desean escrachar en el título: siempre habrá espacio para agregar una simple K.
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