El aumento exponencial de fragmentos de satélites y naves en órbita en América Latina, durante la última década, es motivo de investigación constante. La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) asumió un rol protagónico en la materia, principalmente en la facultad de Ingeniería con avances tecnológicos muy importantes. En esta oportunidad, un equipo de científicos desarrolló el Proyecto MIRA (Monitoreo de Impactos y Reingresos Atmosféricos), el primer sistema latinoamericano diseñado para detectar, seguir y analizar los desechos que orbitan el planeta y anticipar sus caídas.
Detrás de este desarrollo —impulsado por el Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales (CIEE)— hay un equipo multidisciplinario de docentes, investigadores y estudiantes. Entre ellos se encuentra Emanuel Acosta, integrante del área de desarrollo del proyecto, quien en diálogo exclusivo con INFOCIELO detalló que “la fuerza del proyecto MIRA radica en el carácter multidisciplinario de su equipo”, entre los que destaca profesionales de la Facultad de Ingeniería “entre los docentes investigadores se destaca el aporte de especialistas en Ingeniería Mecánica, mientras que el cuerpo de estudiantes está compuesto mayoritariamente por futuros ingenieros aeroespaciales. Esta sinergia técnica se complementa de manera fundamental con la participación de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, aportando la perspectiva legal necesaria para abordar la compleja normativa internacional y territorial que rodea a los desechos en órbita“.
Rastrear el peligro en la órbita
Acosta es estudiante cuarto año de la carrera de Ingeniería Aeroespacial, actual presidente del centro de estudiantes de la facultad de 1 y 47, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que llegó a la ciudad de La Plata a realizar su sueño de estudiar la carrera que lo apasiona. Al respecto del proyecto del que es parte sostiene que el objetivo es “pasar de observar el fenómeno a anticiparse y mitigarlo”.
MIRA (www.ciee-mira.com.ar) combina datos orbitales, modelado técnico, ciencia de datos y análisis normativo, con el objetivo de convertir información fragmentada en alertas tempranas, evidencia útil y herramientas para gobiernos, operadores espaciales y organismos de protección civil. El corazón operativo de la plataforma se divide en dos grandes frentes de batalla. Por un lado, la matemática pura aplicada al seguimiento de los objetos que dan vueltas a miles de kilómetros por hora; por el otro, la ciencia de materiales.
“El proyecto básicamente trata de analizar lo que es la basura espacial”, explica Emanuel Acosta. “Una parte del grupo se encarga del cálculo orbital de basura espacial y de dónde va a caer, mandar señales de alerta y tener registrado toda la basura espacial posible en el espacio”.
Esta pata del proyecto busca transformar datos técnicos crudos provenientes de catálogos internacionales (como los de la NASA o la Agencia Espacial Europea) en herramientas de defensa territorial. Al cruzar y depurar estas fuentes, MIRA ofrece un monitor en tiempo real y alertas de reentrada proyectadas, un insumo crítico para gobiernos y organismos de protección civil.

De la estratosfera al laboratorio: el pacto con la Fuerza Aérea
¿Qué ocurre cuando las alertas tempranas no son suficientes y los fragmentos sobreviven a la fricción de la atmósfera, impactando en territorio nacional? Es allí donde entra la segunda faceta del equipo de la UNLP, donde Emanuel concentra sus esfuerzos.
“Otra parte del grupo nos encargamos de todo lo que es el análisis de materiales, ensayos y demás de basura espacial que caiga justamente del espacio”, relata el desarrollador entre risas, reconociendo lo inusual de su materia de estudio.
Lejos de quedar en una mera simulación teórica, el laboratorio universitario recibe muestras reales gracias a una alianza estratégica institucional. “Generalmente todo lo que cae del espacio se lo queda la Fuerza Aérea”, revela Emanuel. “A través de un convenio que tiene la Fuerza Aérea con la Universidad, nos hicieron llegar distintas piezas de basura espacial para hacerle análisis de qué tipo de materiales son, de qué país puede llegar a ser, de cuántos años tiene, esas cosas”.
Un problema soberano
La masa total de residuos espaciales ya supera las 16.200 toneladas. Aunque la probabilidad de que un fragmento golpee a una persona es estadísticamente baja, el riesgo aumenta a la par del crecimiento de la actividad aeroespacial. Hasta ahora, América Latina dependía por completo de las lecturas y prioridades de las potencias extranjeras que monitorean el cosmos. Con el lanzamiento de MIRA, la universidad pública argentina aporta soberanía científica y datos propios. En tanto, contribuye la capacidad de estudiar el ciclo completo del desecho, desde el cálculo matemático de su caída hasta la última aleación de titanio recuperada en el suelo argentino.

