Cuando se piensa en aceite de oliva argentino, la mayoría imagina paisajes de Mendoza o San Juan. Sin embargo, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires existe una región donde el olivo encontró condiciones ideales para crecer y producir aceites virgen extra de alta calidad.
Entre sierras bajas, campos abiertos y la cercanía del Atlántico, el viento recorre extensiones de olivares que año tras año dan origen a productos premiados en concursos internacionales. En torno a esa producción surgió además una propuesta turística: la Ruta del Olivo, un circuito que permite conocer fincas, participar de degustaciones y recorrer los establecimientos donde se elaboran estos aceites.
El recorrido conecta emprendimientos de distintos municipios del sudoeste bonaerense. En Coronel Dorrego se encuentran Estilo Oliva, Capilla Nuestra Señora del Olivo y Rumaroli; en Bahía Blanca funcionan Olivos de Napostá, Oliva Olivos y Fincas Nobles Caciques; mientras que también integran el circuito establecimientos de Tornquist, Puán y Adolfo Alsina.
Las condiciones climáticas, con inviernos marcados y veranos secos, sumadas a suelos aptos para el cultivo, generan un entorno que muchos productores comparan con el Mediterráneo europeo. Esa combinación permite obtener aceites de oliva virgen extra de perfil aromático intenso y con estándares de calidad cada vez más reconocidos.

Catas, cosechas y turismo entre olivares
Más que un circuito productivo, el llamado oleoturismo propone experiencias sensoriales ligadas al mundo del aceite de oliva. Las visitas incluyen caminatas entre los olivares, recorridos por las almazaras y degustaciones guiadas donde se explican aromas, texturas y variedades.
Uno de los emprendimientos destacados es Olivos del Napostá, en la localidad de Cabildo, partido de Bahía Blanca. Allí, los médicos César Di Domenico y Víctor Serafini impulsaron en 2014 un proyecto que combina olivicultura con bienestar. En el predio se implantaron 20 hectáreas de olivos bajo sistema intensivo y se creó un espacio turístico que incluye alojamiento en una casona inglesa de 1910 restaurada.
La propuesta integra producción de aceite de oliva virgen extra con actividades vinculadas al cuidado físico y emocional, además de una oferta gastronómica donde el aceite se convierte en protagonista. Entre los platos destacados aparece el cordero patagónico mediterráneo al asador con aceite de oliva.

Otro punto del circuito es Finca Oliva Olivos, también en el partido de Bahía Blanca. Este emprendimiento familiar comenzó con 14 hectáreas y hoy supera las 3.600 plantas. Su propietario, Franco Tamburo, explica que la clave de la calidad está en la rapidez del proceso productivo: cuentan con almazara propia que permite extraer el aceite dentro de las ocho horas posteriores a la cosecha.
Quienes visitan la finca pueden recorrer el establecimiento, participar de degustaciones y conocer en detalle cómo se produce el aceite. Durante la temporada de cosecha —entre abril y junio— incluso es posible sumarse a la recolección de aceitunas.
Producción, cultura y nuevas economías rurales
El circuito también incluye proyectos con fuerte identidad local. En Puán funciona Epu Antu, un emprendimiento impulsado por una cooperativa que propone recorridos por la plantación y la almazara, además de degustaciones pensadas para identificar aromas y variedades de aceite de oliva.
En la colonia San Miguel Arcángel, partido de Adolfo Alsina, el proyecto Recóndito Olivares combina producción con turismo rural y prácticas de permacultura. Allí se organizan caminatas por el olivar, recorridos por la huerta y degustaciones de productos elaborados en el establecimiento.
En Coronel Dorrego, en tanto, el emprendimiento Rumaroli cuenta con una almazara equipada con tecnología italiana de última generación que permite optimizar los tiempos de molienda y preservar las propiedades del aceite.
La cultura del olivo también tiene su momento de celebración anual. En Coronel Dorrego se realiza la Fiesta Provincial del Olivo y, cada marzo, la región organiza la Semana del Olivo con actividades vinculadas a la producción, la gastronomía y el turismo.
Lejos del imaginario puramente pampeano, el sudoeste bonaerense encontró en el olivo una nueva identidad productiva. Entre el mar y las sierras, los olivares muestran que el aceite de oliva argentino no solo nace en Cuyo: también tiene un lugar propio en la provincia de Buenos Aires.

