En plena pandemia mundial, Facebook debió tomar medidas sobre páginas, grupos y cuentas de Instagram que difundían información de QAnon: un conjunto de teorías de la conspiración que aseguran que Donald Trump lucha contra una élite secreta de pedófilos que gobierna los Estados Unidos en la sombra.
QAnon viene de “Q Anónimo”, y se alimenta de la teoría de la existencia de un supuesto infiltrado en las filas gubernamentales de los Estados Unidos, quien denunciaría “desde adentro” planes hechos por un “poder en la sombra” que busca quitarle chances de triunfo a Donald Trump y otros pocos “héroes” que luchan contra un imaginario gobierno global que está detrás del falso cambio climático, las vacunas, el coronavirus y las libertades individuales y de propiedad.
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En 2017, un usuario anónimo llamado “Q Clearence Patriot” publicó un post en el foro 4chan en el que afirmaba tener acceso a información clasificada del Gobierno de Estados Unidos; y así fue cómo nació QAnon.
Una de las teorías que surgió en los últimos meses es que Trump estaría luchando contra una red de pedófilos, entre los que se encontrarían famosos políticos demócratas, empresarios y artistas afines a ese partido. En ese marco, nombran desde a Hillary Clinton y Barack Obama, hasta Tom Hanks, Oprah Winfrey y adherentes a la campaña de Joe Biden.
Pero el movimiento QAnon no se limita a Estados Unidos: cruzó el océano para esparcir vía redes sociales sus ideas en Alemania, Francia y el norte de Italia, haciendo populares algunas tendencias del rechazo de una futura vacuna contra el Covid-19 y provocando ya varias protestas contra los confinamientos europeos por la segunda ola de contagios.
Muchas de las consignas de los QAnon llegaron también a Argentina hace algunos meses cuando, cuando antes de politizarse de un lado de “la grieta”, las primeras marchas anticuarentena levantaban consignas acusando al gobierno argentino de alinearse a los planes globalizantes de George Soros o Bill Gates, y denunciando intereses jamás probados, más que por las afirmaciones que foros y redes lanzan diariamente.
En agosto, Marjorie Taylor Greene, una política republicana que se ha mostrado partidaria de la teoría de la conspiración QAnon, ganó la segunda vuelta en las elecciones primarias del estado de Georgia, lo que significa que tiene muchas chances para entrar en el Congreso. Ese triunfo podría convertirla en la primera representante que adhiere abierta y fervientemente a las conspiraciones de las cuales también se vale Donald Trump para pescar votantes.
Tanto el New York Times, como el británico The Guardian o el sitio español eldiario.es ya le han dedicado artículos y coberturas a estas teorías a las que el FBI ha declarado como objeto de terrorismo interno por la peligrosidad con la que se esparcen entre sus adeptos, los cuales en algunas ocasiones llevan a la práctica acciones violentas para detener a los supuestos agresores de niños, o simplemente por sentirse atacados por los gobiernos electos democráticamente en cada país.
Para los seguidores de esta teoría de la conspiración, las publicaciones de “Q” se llaman “drops” (es decir gotas). Y esas gotas contienen “breadcrumbs” (que significa migas), o sea pistas que los seguidores deben “hornear” para conseguir pruebas. Sin embargo esas migas nunca llevan a ningún hecho comprobable que pueda ser denunciado y corroborado por la Justicia.
Durante el verano, partidarios de la teoría de la conspiración QAnon del hemisferio norte han estado utilizando el hashtag #SaveTheChildren para difundir afirmaciones falsas sobre personajes públicos y su supuesta vinculación con la pedofilia y el tráfico sexual que jamás tuvieron ninguna prueba fáctica.
Hace algunas semanas se viralizó una fotografía en la que supuestamente se veía a Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia, morder la mejilla de una niña. Pero esto no era cierto: la persona que verdaderamente estaba en la foto era Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, y la fotografía es una captura de un vídeo en el que López Obrador está saludando a gente a la salida de un hotel, según Check Your Fact, el “chequeado” norteamericano.
También se diseminó un contenido que afirmaba que Richard Gere se encontraba en arresto domiciliario por ser un “pedófilo” y el texto se compartía con referencias a QAnon. Sin embargo, no hubo nunca ninguna prueba de ello.
Los grupos que defienden la teoría de la conspiración QAnon han explotado en popularidad en Facebook e Instagram desde el inicio de la pandemia.
QAnon fue al principio un fenómeno marginal, es decir, el tipo de fenómeno que la mayoría de la gente ignoraría. Pero en los últimos meses, se ha generalizado: Twitter, Facebook y otras redes sociales se han inundado de información falsa relacionada con QAnon sobre el Covid-19, las protestas de Black Lives Matter en Estados Unidos y las elecciones del próximo martes.
Facebook eliminó 790 grupos QAnon sólo en el mes de julio y restringió otros 1.950, 440 páginas y más de 10.000 cuentas en Instagram. “Hemos visto movimientos crecientes que, aunque no organizan directamente la violencia, han celebrado actos violentos, han demostrado que tienen armas y sugieren que las usarán, o tienen seguidores individuales con patrones de comportamiento violento”, explicó la plataforma por aquellos días en un comunicado.
Recientemente, Twitter también ha eliminado miles de cuentas relacionadas con estas teorías conspirativas. En un hilo de tuits, la compañía explica que está tomando medidas sobre aquellas publicaciones de seguidores de QAnon que tienen “el potencial de provocar daños” fuera de internet. Además, aseguran que están trabajando para no destacar la actividad de cuentas vinculadas a QAnon.
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