La ciudad de las diagonales fue una vez más el escenario de la audacia criminal sin límites. Este martes, alrededor de las 3:25 de la madrugada, una familia que descansaba en su vivienda de la zona de 29 y 65, a pasos del Parque Castelli, fue el blanco de un nuevo episodio de inseguridad que demuestra la vulnerabilidad de los vecinos.
Mientras el silencio dominaba la cuadra, dos sujetos se aproximaron al domicilio con un objetivo: una motocicleta que dormía bajo techo. Sin embargo, lo que más indignó además del intento de robo, fue la facilidad y la “pachorra” con la que se movieron los malvivientes en un sector que, en teoría, debería estar blindado por la cercanía policial.
Destornillador y audacia
Con una herramienta que aparentaba ser un simple destornillador, los delincuentes lograron vencer la resistencia de un portón corredizo. Las cámaras de seguridad del lugar, lejos de ser un elemento disuasivo, terminaron convirtiéndose en las cronistas de una escena de impunidad total.
En las imágenes se observa cómo uno de los delincuentes, que por su contextura física aparentaba ser un menor de edad y vestía una visera, mostraba cierta duda al percibir movimientos dentro de la casa.
No obstante, su cómplice no compartió la timidez. Con una determinación alarmante, el segundo delincuente se adentró en el garaje y comenzó a maniobrar para sacar la motocicleta. En un desafío directo a la tecnología de vigilancia, los sujetos miraron fijamente a las cámaras antes de continuar con su faena, demostrando que ya no le temen a ser identificados.
Zona liberada e indignación
El robo no se concretó apenas de milagro. Tras varios intentos fallidos por llevarse el rodado y ante la persistente sospecha de que los propietarios pudieran despertarse, los ladrones desistieron y escaparon a pie, dejando la moto tirada en el lugar.
La bronca de los damnificados estalló al considerar que el ataque ocurrió a escasos metros de la Comisaría Quinta. “¿Cómo se puede vivir así? Miran las cámaras y siguen adelante como si nada”, reclamó la propietaria, quien aseguró que en el barrio el patrullaje parece ser un decorado que no asusta a nadie.
La frase final de la víctima resume el sentimiento de miles de platenses: “Ya ni siquiera podemos dormir tranquilos en nuestra propia casa”.

