Aire fresco. Guión ajustado. Buenas actuaciones. Originalidad (aunque muchos ven inspiración en ‘Locademia de policía’ y ‘Brooklin nine-nine’). Guiños a la política argentina, y un humor que estaba haciendo falta. Todo lo que ideó Santiago Korovsky quedó perfectamente plasmado en esta rápidamente viralizada comedia de situación que se estrenó en Netflix el fin de semana largo que aún transcurre.
La historia resumida es la de un joven que enarbola el papel de “perdedor” y trata de reconstruir su vida dejándose llevar por la casualidad y lo que los demás le aconsejan.
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Lo dejó la novia, perdió el trabajo y le robaron la mochila con todo el dinero que tenía (esto sucede en los primeros 10 minutos del primer capítulo…no es spoiler).
PERMANENTE INCORRECCIÓN POLÍTICA
A partir de allí, lo dicho, sólo le queda reinventarse a los ponchazos, más por casualidades que planificando como hacerlo.
Entonces, cae en el nuevo cuerpo formado por la policía de la ciudad de Buenos Aires, liderado desde videos muy extravagantes por una Ministra de Seguridad que se quiere recomponer de la mala imagen tras una mencionada ‘represión a bolivianos discapacitados‘ por la fuerza que dirige.
Este nuevo grupo será una “Guardia Urbana”, sin armas y constituida con el único fin de mostrar “diversidad e inclusión“.
Así es como con ninguna formación los “largan a la calle” y se suceden hechos hilarantes mezclados con otros trágicos, que permiten a Korovsky, junto al inigualable Daniel Hendler, el siempre eficiente Martín Garabal, y los demás particulares protagonistas, vivir aventuras llenas de humor con gags que se suceden cada pocos minutos entre sí.
La comedia argentina ‘División Palermo’, estrenada en Netflix este fin de semana largo, va camino a ser una de las ficciones récord en velocidad de instalarse como un éxito absoluto
Estudiosamente cuidado y “afilado”, el guión muestra una solidez poco habitual para la comedia argentina, y se ve como es el fruto maduro y ajustado de una idea, que lleva detrás años de preparación, amor y dedicación exclusiva por parte de Santiago Korovsky, tal como él mismo se encargó de narrar en sus redes sociales desde hace mucho tiempo.
Con un “timing” casi perfecto y capítulos de menos de media hora, hay miles de usuarios de redes que manifiestan haberla “maratoneado” de un tirón (son sólo 8 episodios), y otros que prefieren dosificar, para que les dure más tiempo el placer de reírse a carcajadas como hacía años no les sucedía con una creación nacional.
Nada es lo que parece a priori en cada escena.
La sorpresa juega como factor común para resolver hilarantemente cada guiño de humor. Es un bombardeo permanente que requiere de una atención integral si no se quiere perder detalle ante cada chiste, o alusión sutil a la realidad argentina.
Pronto aparecerán sus detractores, quienes hasta ahora sucumben frente a la monolítica opinión elogiosa de la gran mayoría del público. La crítica especializada seguro comenzará a diseccionar esta comedia fresca y esperanzadora, a partir del miércoles cuando sus “plumas” retornen del feriado largo.
POR AHORA, POCA CRÍTICA DESTRUCTIVA
Sin dudas habrá quienes le caigan duramente por dejar muy mal parado al sector político que se basa en el “marketing” para tomar acciones de gobierno, aunque eso sea apenas un telón de fondo nada importante para el desarrollo de la serie.
Quienes la analicen honestamente y sin tratar de desprestigiarla por ser argentina, y por reírse de las puestas en escena típicas de un sector de la política hoy bastante de moda, no dudarán en recomendarla como ya la “gente común” lo está haciendo con el famoso y efectivo “boca en boca”.
Sin temor a equivocación, es posible presagiar que en pocos días será la tendencia número 1 en Netflix, por lo menos en Argentina.
N. de la R. : Pasaron pocos minutos después de escrito este artículo para que lo que fue una premonición se hiciera realidad.
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