Bienvenidos, queridos alumnos de la economía de guerra, a una nueva clase magistral de nuestro docente estrella, Luisito. Mientras el país cruje, nuestro guía espiritual ha decidido abandonar por un momento el análisis de “la casta” para bajar al barro y enseñarnos cómo administrar nuestra miseria con alegría. Todo sea por evitar que una sola crítica roce la melena de su amado Javier.
En esta edición, el “iluminado” de la pantalla nos trae tres mandamientos fundamentales para que aprendas que, si no llegás a fin de mes, la culpa no es del “quichicientos” porciento de inflación tapada y acumulada, sino de tu falta de conducta franciscana.
1. El exorcismo de la tarjeta de crédito
Para Luis, el plástico es el mismísimo demonio. Con una tonada de quien revela el secreto de la piedra filosofal, nos advierte: “no usemos la tarjeta para endeudarnos”.
Si se te rompió el auto y la reparación sale “tres palos”, el problema no es que el repuesto esté a precio ridículamente exorbitante, ni que el sueldo sea de cartón; el problema es que vos (sí, vos) sos un ansioso que quiere seguir circulando. Según nuestro docente Majul Luis, la culpa es de tu “ansiedad”, no de la recesión.
2. La regla de oro del patrimonio inexistente
Con una lucidez que dejaría a Adam Smith en ridículo, Majul lanza su segundo dardo de sabiduría: no te endeudes si tus recursos no te dan para pagar esa deuda.
Es una lógica impecable, reveladora: si sos pobre, no gastes; si no tenés, no pidas. Si el sueldo se te termina el día 10, lo que tenés que manejar no es el reclamo salarial, sino tu capacidad de vivir de la fotosíntesis, porque lo importante es proteger el superávit del líder a toda costa.
3. El sacrificio del “gustito”
Pero la verdadera joya de la corona, el momento en que Luisito se tira encima de la granada para que la realidad no hiera a Milei, es cuando nos habla del placer.
“Si querés darte un gustito y no podés… evitá el gustito”, sentencia con la autoridad de un monje tibetano. ¿Querías comprar un alfajor? Evitalo. ¿Un café afuera? Evitalo. Es la “mejor manera de no endeudarse”.
La pedagogía del ajuste
La pedagogía de Majul es así: si el pueblo deja de consumir, de usar crédito y de tener deseos básicos, la economía cierra perfecto. Un verdadero patriota mediático que prefiere darte clases de economía doméstica antes que admitir que el bolsillo de la gente está en terapia intensiva.
¡Hasta la próxima, y recuerden: si tienen hambre, no es el ajuste, es solo ansiedad mal manejada!.
El hombre rata te enseña, el hombre rata entretiene, y yo te digo contento… Hasta la clase que viene.

