Empieza con un mensaje amable. Sigue con una conversación diaria. Después llegan las promesas, la confianza y la ilusión de un proyecto compartido. Cuando aparece el pedido de dinero, la relación ya está consolidada. Y cuando la persona entiende que fue engañada, no solo perdió plata: perdió algo mucho más difícil de reconstruir.
Eso es lo que distingue a la estafa romántica de un robo común.
“Estamos hablando de estafas virtuales… están muy de moda y en auge hace un par de años. Te diría que a partir casi de la pandemia”, explicó la ingeniera en sistemas y perito informática Cipe Katz en diálogo con LA CIELO.
A diferencia de un asalto o una entradera, este delito no es inmediato ni violento. Es progresivo, paciente y estratégico.
“El plus y lo grave de la estafa romántica es que la víctima además de perder plata, es hackeada en sus emociones”, advirtió.
Y lo resumió en una frase que explica por qué este fraude puede ser incluso más devastador que un robo tradicional:
“El estafador no te hackea tu cuenta bancaria o tu celular, te hackea tus emociones.”

Ingeniería social a nivel emocional
La estafa romántica no funciona al azar. Tiene método y así lo explicó Katz.
“Hacen lo que se llama una ingeniería social a nivel emocional”.
El primer paso es la recolección de información. El estafador analiza redes sociales, publicaciones, fotos, comentarios y estados de ánimo.
“Primero hace una recolección de datos de tus redes sociales… va detectando cuáles son tus vacíos para después tratar de llenarlos”, detalló.
Si la persona atraviesa una ruptura, un momento de soledad o una etapa de vulnerabilidad, el discurso se adapta. El vínculo se acelera. Aparece lo que en el mundo digital se conoce como love bombing: una lluvia constante de afecto y promesas.
“Te hace un bombeo de amor”.
Luego llega el giro: una urgencia médica, un problema laboral, un accidente inesperado. Y el pedido de dinero urgente. Cuando eso ocurre, la víctima ya está emocionalmente involucrada.
“Si has sufrido un engaño amoroso o si estás solo hace mucho tiempo y no conseguís pareja… ahí aprovechan”, señaló.
Mirá la entrevista completa sobre estafas románticas
En la conversación, la especialista detalló cómo funciona el “manual” del estafador, el rol de las redes sociales y por qué este delito es más dañino que un robo tradicional.
Apps de citas, perfiles falsos y una deuda pendiente
La mayoría de estos engaños comienzan en redes sociales o aplicaciones de citas. Pero la especialista fue clara: no toda la responsabilidad es individual.
“No le podemos poner toda la responsabilidad a la víctima porque acá hay una gran deuda que tienen las plataformas con los usuarios”, afirmó, en referencia a los controles de autenticación de identidad.
Perfiles con fotos excesivamente profesionales, cuentas con poca antigüedad o seguidores dispersos por distintos países son algunas de las señales de alerta.
Inteligencia artificial: el nuevo aliado del estafador
El escenario actual agrega un factor que vuelve todo más complejo: la inteligencia artificial.
“Hoy te confunde muchísimo una imagen creada con inteligencia artificial”.
Las herramientas digitales permiten generar fotos hiperrealistas e incluso construir identidades cada vez más creíbles. El engaño ya no depende solo de una imagen robada: puede estar completamente fabricado.

Cómo prevenir una estafa romántica
Frente a este contexto, la prevención es clave. Algunas recomendaciones básicas:
- “Si la foto de perfil parece un modelo, googlealo.”
- Verificar la antigüedad de la cuenta.
- Desconfiar de declaraciones de amor en pocos días: “Nadie se enamora tan rápido.”
- Exigir videollamadas si la persona vive en otra ciudad: “Tenés que hacer una videollamada.”
- No enviar dinero a alguien que no se conoce personalmente.
La regla central es desconfiar de las urgencias económicas dentro de vínculos exclusivamente virtuales.
Cuando el delito apunta al corazón
La estafa romántica no necesita violencia física ni forzar una puerta. Necesita tiempo, información y paciencia.
En un mundo donde gran parte de la vida social transcurre en pantallas, el delito también se adapta. Construye vínculos falsos, promete amor, simula proyectos en común y luego desaparece dejando una doble herida: económica y emocional.
Porque en la era digital, el ataque más efectivo no siempre apunta a una contraseña. A veces apunta directo al corazón.

